Los datos del Latinobarómetro 2023 revelan disparidades significativas en el acceso a sistemas de alcantarillado entre evangélicos latinoamericanos, evidenciando desigualdades críticas en infraestructura sanitaria básica. Chile lidera con 98.33%, seguido por Perú con 86.72%, Venezuela con 86.15% y Brasil con 85.13%, superando el 85% de cobertura. Costa Rica (84.27%), Ecuador (80.00%) y México (78.92%) mantienen tasas superiores al 78%. Colombia (75.69%), Argentina (70.13%) y Uruguay (69.62%) presentan aproximadamente 7 de cada 10 hogares con acceso. En contraste, Honduras registra apenas 49.20%, siendo el único país donde la mayoría carece de alcantarillado. República Dominicana (49.50%), El Salvador (50.89%) y Panamá (51.47%) apenas superan el 50%, mientras Paraguay (38.67%) y Guatemala (56.89%) tampoco alcanzan el 60%.

Esta realidad sanitaria conecta directamente con principios bíblicos sobre salud comunitaria y mayordomía ambiental expresados en Deuteronomio 23:12-13, donde se establecen normas de higiene para prevenir enfermedades. El acceso a alcantarillado adecuado no constituye lujo sino necesidad fundamental de salud pública que previene contaminación de aguas, propagación de enfermedades infecciosas y protege dignidad familiar. Las comunidades evangélicas, comprometidas con el bienestar integral según el mandato de amar al prójimo, enfrentan desafíos particulares cuando carecen de infraestructura sanitaria que permita condiciones higiénicas básicas para sus miembros, especialmente niños y ancianos vulnerables.

Existe una brecha de 59.66 puntos porcentuales entre Chile (98.33%) y Paraguay (38.67%), la tercera mayor disparidad después de agua caliente y lavarropas. Chile se aproxima a cobertura universal con apenas 1.67% sin acceso, mientras Paraguay muestra 61.33% sin alcantarillado, la cifra más crítica regionalmente. Honduras (50.80%), República Dominicana (50.50%) y Panamá (48.53%) presentan aproximadamente la mitad de hogares sin servicio. Guatemala (43.11%) y Bolivia (36.02%) mantienen más de un tercio sin acceso. Esta distribución evidencia que países con menor desarrollo urbano e inversión en infraestructura pública enfrentan desafíos severos en saneamiento básico que impactan directamente salud comunitaria.

Perú (86.72%), Venezuela (86.15%) y Brasil (85.13%) conforman un grupo inesperado con alta cobertura de alcantarillado que contrasta con sus limitaciones en otros bienes. Perú muestra 86.72% con alcantarillado pero apenas 17.01% con agua caliente y 10.79% con automóvil, evidenciando priorización de infraestructura sanitaria pública sobre bienes individuales. Venezuela presenta 86.15% con alcantarillado versus 7.44% con agua caliente, sugiriendo que infraestructura instalada durante décadas previas permanece funcional pese al colapso económico reciente. Costa Rica (84.27%) y Ecuador (80.00%) mantienen tasas superiores al 80%, demostrando inversión sostenida en saneamiento urbano.

Honduras (49.20%) representa el caso más crítico con apenas 49.20% de acceso, donde más de la mitad de evangélicos dependen de pozos sépticos, letrinas o sistemas inadecuados que comprometen salud ambiental. República Dominicana (49.50%) y El Salvador (50.89%) muestran situaciones igualmente preocupantes con aproximadamente la mitad sin alcantarillado. Panamá (51.47%), pese a liderar en propiedad de vivienda (80.91%), presenta apenas 51.47% con alcantarillado, evidenciando desarrollo urbano desigual. Paraguay (38.67%) con apenas 38.67% refleja limitaciones severas en infraestructura sanitaria que afectan 61.33% de hogares evangélicos, la proporción más alta de vulnerabilidad sanitaria regional.

El estudio revela que el acceso a alcantarillado presenta la tercera mayor desigualdad entre bienes básicos, con Chile alcanzando 98.33% mientras Paraguay registra apenas 38.67%, una brecha de casi 60 puntos porcentuales. Aproximadamente entre 39% y 98% de evangélicos acceden a este servicio según el país, con cinco naciones—Honduras, República Dominicana, El Salvador, Panamá y Paraguay—donde la mitad o más de hogares carecen de sistemas adecuados. Esta carencia crítica impacta directamente salud pública, calidad ambiental y dignidad familiar, exponiendo a millones de evangélicos latinoamericanos a riesgos sanitarios prevenibles. La infraestructura de alcantarillado, siendo inversión pública de largo plazo, refleja capacidades estatales desiguales y compromiso variable con saneamiento básico que afecta desproporcionadamente a sectores vulnerables donde las comunidades evangélicas mantienen presencia significativa.

 

 

Categorías: Entrada