
Los datos del Latinobarómetro 2024 revelan patrones generacionales distintivos en percepciones de progreso nacional entre evangélicos latinoamericanos que respondieron «Este país está progresando». Entre jóvenes de 16-25 años, Paraguay lidera con 44%, seguido por Perú (35%), Panamá (26%), Guatemala (26%) y Costa Rica (25%), mostrando optimismo juvenil superior al 25%. En adultos de 26-40 años, Argentina alcanza 57%, seguida por México (41%), Colombia (39%), Perú (38%) y Brasil (33%), evidenciando mayor optimismo en este grupo etario. Entre adultos de 41-60 años, Chile lidera con 40%, seguido por Brasil (39%), Costa Rica (35%) y Uruguay (34%). En mayores de 61 años, Uruguay alcanza 34%, seguido por Venezuela (26%), Paraguay (23%) y Argentina (22%), mostrando optimismo más moderado en generaciones mayores excepto Uruguay.
Esta realidad de percepciones generacionales conecta con principios bíblicos sobre esperanza y confianza en el futuro expresados en Jeremías 29:11: «Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis». El optimismo evangélico varía significativamente según edad, reflejando experiencias generacionales distintas con desarrollo económico, estabilidad política y movilidad social. Los adultos jóvenes (26-40 años) consistentemente muestran mayor optimismo que otros grupos, posiblemente reflejando mejores oportunidades educativas, inserción laboral activa y expectativas de ascenso socioeconómico. Las generaciones mayores (61+) generalmente exhiben menor optimismo excepto en Uruguay, posiblemente reflejando décadas de experiencia con crisis económicas recurrentes que moderan expectativas.
Existe heterogeneidad notable en patrones generacionales entre países. Argentina muestra patrón ascendente con edad hasta 41-60 años: 13% (16-25), 57% (26-40), 22% (41-60), 9% (61+), evidenciando pico de optimismo en adultos jóvenes seguido por colapso dramático. Paraguay presenta patrón inverso descendente: 44% (16-25), 26% (26-40), 23% (41-60), 7% (61+), donde juventud evangélica es significativamente más optimista que generaciones mayores. Perú muestra distribución relativamente uniforme: 35% (16-25), 38% (26-40), 14% (41-60), 14% (61+), con caída abrupta después de 40 años. México evidencia patrón de pico en adultos jóvenes: 17% (16-25), 41% (26-40), 28% (41-60), 14% (61+), sugiriendo que adultos económicamente activos perciben mayor progreso.
Chile muestra patrón único donde optimismo aumenta con edad hasta 41-60 años: 20% (16-25), 28% (26-40), 40% (41-60), 12% (61+), posiblemente reflejando que adultos maduros han experimentado transformación económica chilena de últimas décadas más positivamente que juventud enfrentando desigualdad persistente. Uruguay presenta patrón extraordinario donde optimismo es más bajo en juventud y alcanza máximo en mayores de 61 años: 9% (16-25), 23% (26-40), 34% (41-60), 34% (61+), único país donde generaciones mayores mantienen optimismo equivalente a adultos maduros. Brasil (19%-33%-39%-9%), Colombia (18%-39%-26%-18%) y Costa Rica (25%-26%-35%-13%) muestran picos en grupos intermedios.
Venezuela presenta distribución relativamente plana: 13% (16-25), 29% (26-40), 32% (41-60), 26% (61+), donde aproximadamente un cuarto a un tercio de evangélicos en todos los grupos etarios percibe progreso nacional pese a crisis económica severa, posiblemente reflejando esperanzas de recuperación futura o mejoras recientes marginales. Honduras muestra niveles relativamente altos y uniformes: 18% (16-25), 32% (26-40), 30% (41-60), 21% (61+), sugiriendo optimismo moderado transversal a generaciones. Bolivia presenta patrón ascendente hasta adultos maduros: 22% (16-25), 22% (26-40), 33% (41-60), 22% (61+), donde adultos de 41-60 años son significativamente más optimistas.
El estudio revela que las percepciones de progreso nacional entre evangélicos latinoamericanos varían significativamente tanto entre países como entre generaciones dentro de cada país. Los adultos jóvenes (26-40 años) generalmente exhiben mayor optimismo, posiblemente reflejando participación activa en economía y expectativas de movilidad ascendente. Los jóvenes (16-25 años) muestran optimismo variable, muy alto en Paraguay (44%) pero muy bajo en Uruguay (9%), reflejando contextos nacionales específicos. Las generaciones mayores (61+) típicamente muestran menor optimismo excepto en Uruguay (34%) donde mantienen niveles equivalentes a adultos maduros. Estas diferencias generacionales reflejan experiencias históricas distintas, oportunidades económicas diferenciadas y expectativas variables sobre futuro nacional que configuran cosmovisiones evangélicas sobre progreso y desarrollo en cada contexto nacional específico.
