Los evangélicos latinoamericanos que están de acuerdo con que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno exhiben patrones diferenciados según grupo etario y contexto nacional, reflejando niveles variables de compromiso con valores democráticos. El segmento de 26-40 años presenta las concentraciones más elevadas de apoyo democrático, destacando Argentina con 43%, México con 41%, Perú con 40%, Bolivia con 38% y Guatemala con 37%. Los grupos de 41-60 años muestran niveles sustanciales, liderados por Panamá con 38%, Uruguay con 38%, Ecuador con 36%, Brasil con 35% y República Dominicana con 34%. La franja de 16-25 años presenta porcentajes variables, con Paraguay alcanzando 33%, Ecuador con 26%, Perú con 25%, Guatemala con 23% y El Salvador con 22%. El grupo de 61 años y más registra cifras moderadas, encabezado por Uruguay con 27%, Chile con 26%, Costa Rica con 24%, Honduras con 23% y Venezuela con 21%. Los datos de 19,215 encuestados revelan que el apoyo explícito a la democracia constituye un valor mayoritario pero no universal en las comunidades evangélicas regionales.

Esta dimensión de compromiso democrático entre los evangélicos encuentra fundamento en las enseñanzas bíblicas sobre justicia, dignidad humana y gobierno justo que protege a todos los ciudadanos. Proverbios 29:2 declara: «Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; mas cuando domina el impío, el pueblo gime». Miqueas 6:8 instruye: «Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios». Romanos 13:3-4 enseña: «Los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo… porque es servidor de Dios para tu bien». Estas escrituras establecen un marco teológico que valora sistemas de gobierno que promuevan justicia, protejan al vulnerable y rindan cuentas ante principios superiores. El apoyo a la democracia entre evangélicos refleja reconocimiento de que sistemas democráticos, a pesar de sus imperfecciones, ofrecen mejores garantías para libertad religiosa, participación ciudadana, separación de poderes y protección de derechos fundamentales que regímenes autoritarios, constituyendo expresión práctica de valores cristianos sobre dignidad humana creada a imagen de Dios y administración responsable del poder político.

El grupo etario de 16-25 años evidencia niveles moderados de compromiso democrático explícito, con Paraguay liderando con 33%, seguido por Ecuador con 26%, Perú con 25%, Guatemala con 23%, El Salvador con 22%, México con 21%, Bolivia con 21%, Colombia con 20%, República Dominicana con 20%, Panamá con 18%, Venezuela con 17%, Brasil con 17%, Honduras con 16%, Argentina con 14%, Costa Rica con 13%, Chile con 12%, mientras Uruguay registra solo 5%. Los mapas indican que este segmento representa entre 5% y 33% de los evangélicos que prefieren explícitamente la democracia, revelando que los jóvenes adultos evangélicos muestran compromiso democrático moderado, posiblemente reflejando tanto desilusión con instituciones democráticas disfuncionales como déficit en educación cívica que articule conexiones entre valores evangélicos y preferencias por sistemas participativos, demandando urgentemente programas formativos que cultiven apreciación informada de virtudes democráticas basada en principios bíblicos de justicia, dignidad y participación responsable en la vida pública.

La cohorte de 26-40 años exhibe los porcentajes más elevados de compromiso democrático en múltiples países estudiados, constituyendo el segmento con mayor adhesión explícita a valores democráticos. Argentina encabeza con 43%, seguido por México con 41%, Perú con 40%, Bolivia con 38%, Guatemala con 37%, Brasil con 34%, El Salvador con 32%, Chile con 31%, Panamá y República Dominicana ambos con 31%, Uruguay con 30%, Colombia con 29%, Venezuela con 28%, Ecuador y Costa Rica ambos con 26%, Honduras con 33%, mientras Paraguay presenta 29%. La visualización cartográfica muestra que este segmento representa entre 26% y 43% del total que prefiere la democracia, evidenciando que esta etapa de consolidación profesional y familiar genera mayor apreciación por sistemas políticos que garantizan libertades y oportunidades, posiblemente debido a experiencias directas con impacto de instituciones democráticas en movilidad social, emprendimiento, libertad de expresión y participación cívica, constituyendo el núcleo de potencial defensa de valores democráticos ante tentaciones autoritarias que prometen eficacia a costa de libertades fundamentales.

El rango etario de 41-60 años demuestra porcentajes considerables de compromiso democrático, con distribución que revela consolidación de valoración de sistemas participativos. Panamá y Uruguay comparten el liderazgo con 38% cada uno, seguidos por Ecuador con 36%, Brasil con 35%, República Dominicana con 34%, Venezuela con 33%, Colombia y Chile ambos con 32%, Argentina con 29%, El Salvador con 29%, Honduras con 28%, Bolivia con 30%, Guatemala con 28%, Perú con 26%, México con 25%, mientras Costa Rica y Paraguay registran niveles inferiores (26% y 25% respectivamente). Los mapas revelan que este segmento oscila entre 25% y 38% de los evangélicos que prefieren la democracia, indicando que la madurez en esta etapa puede coincidir con apreciación más matizada de virtudes democráticas basada en comparaciones con experiencias autoritarias previas o contemporáneas, aunque también muestra que aproximadamente dos tercios permanecen indiferentes o escépticos, demandando estrategias pastorales que fortalezcan formación cívica cristiana conectando valores evangélicos con instituciones democráticas que protegen dignidad y libertad.

El grupo de 61 años y más presenta porcentajes moderados de compromiso democrático, con patrones que reflejan memoria histórica de experiencias con diversos sistemas políticos. Uruguay lidera con 27%, seguido por Chile con 26%, Costa Rica con 24%, Honduras con 23%, Venezuela con 21%, Colombia con 19%, El Salvador con 17%, Bolivia, Argentina y República Dominicana todos con 14%, Brasil con 14%, Guatemala con 11%, Ecuador con 11%, Panamá con 12%, Paraguay con 13%, mientras México y Perú registran solo 13% y 10% respectivamente. La visualización cartográfica indica que este segmento representa entre 10% y 27% de los que prefieren explícitamente la democracia, evidenciando que los adultos mayores evangélicos muestran compromiso democrático moderado, posiblemente reflejando tanto valoración de libertades religiosas protegidas por sistemas democráticos como desilusión con incapacidad de democracias para resolver problemas socioeconómicos acumulados, sugiriendo que esta cohorte requiere acompañamiento pastoral que honre su sabiduría mientras rearticula conexiones entre fe cristiana y compromiso con sistemas políticos que mejor protegen dignidad humana y justicia social en sociedades pluralistas latinoamericanas.

 

 

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