
Los datos del Latinobarómetro 2024, sustentados en encuestados evangélicos distribuidos en quince países de América Latina, revelan que la respuesta «no sabe» ante la afirmación de que no puede haber democracia sin Congreso Nacional presenta valores extraordinariamente elevados en el grupo de 26 a 40 años, con Venezuela registrando el porcentaje más alto de toda la gráfica con 75% y Chile con 52%, configurando uno de los hallazgos más alarmantes de toda la serie sobre percepciones democráticas: proporciones mayoritarias de evangélicos adultos jóvenes en varios países no tienen opinión formada sobre si el poder legislativo es o no necesario para el funcionamiento del sistema democrático. El grupo de 26 a 40 años registra los porcentajes más destacados con Venezuela encabezando con 75%, seguida de Chile con 52%, Argentina con 50%, Brasil con 47% y México con 50%. El segmento de 41 a 60 años exhibe cifras igualmente preocupantes con Costa Rica liderando con 64%, El Salvador con 39%, Paraguay con 38% y Panamá con 38%. El rango del grupo 16-25 oscila entre 13% y 33%, y el de 26-40 entre 18% y 75% según los mapas de la gráfica. El segmento de 61 y más presenta como valores más destacados a México con 25% y Bolivia con 27%. Este fenómeno revela que la ignorancia política declarada sobre el papel del Congreso en la democracia alcanza proporciones que en algunos casos superan a todas las otras categorías combinadas, constituyendo una señal de alerta máxima sobre los déficits de formación cívica dentro de las comunidades evangélicas latinoamericanas respecto a las instituciones fundamentales del sistema democrático.
Esta dimensión de ignorancia política declarada sobre la necesidad del Congreso para la democracia entre los evangélicos encuentra un contexto teológico que interpela directamente la responsabilidad de las comunidades de fe en la formación de ciudadanos informados y capaces de participar con sabiduría en la vida política de sus naciones. Oseas 4:14 advierte sobre las consecuencias colectivas de la ignorancia: «El pueblo que no tiene entendimiento caerá», estableciendo que la desorientación política colectiva — incluyendo la incapacidad de entender cómo funcionan las instituciones de gobierno — tiene consecuencias reales sobre la vida comunitaria que la fe no puede ignorar. Proverbios 19:2 señala: «El alma sin ciencia no es buena, y aquel que se apresura con los pies, peca», estableciendo que actuar — o votar, o aceptar cambios institucionales — sin el conocimiento necesario para evaluar sus consecuencias es una forma de irresponsabilidad que el pensamiento bíblico condena. Daniel 1:17 narra cómo Daniel y sus compañeros desarrollaron conocimiento y entendimiento sobre los asuntos del reino donde vivían como minoría: «A estos cuatro jóvenes Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias», estableciendo el principio de que la comunidad de fe que vive en medio de un sistema político tiene la responsabilidad de conocer y entender ese sistema, incluyendo sus instituciones y su funcionamiento, como condición para poder ejercer una influencia transformadora desde adentro antes que una ignorancia impotente desde afuera. La alta proporción de evangélicos que declara no saber si el Congreso es necesario para la democracia constituye, desde esta perspectiva bíblica, no solo un problema cívico sino una falla pastoral que las iglesias tienen la responsabilidad urgente de abordar mediante programas sistemáticos de educación cívica fundamentada en los valores del reino de Dios.
El grupo etario de 16 a 25 años evidencia los porcentajes más bajos de ignorancia política declarada sobre el Congreso en la mayoría de los países — lo que ya es un resultado preocupante en sí mismo si se considera que incluso los valores más bajos no son insignificantes —, con Ecuador encabezando con 33%, seguida de Argentina con 25%, Venezuela con 25% y Uruguay con 25%. En el extremo inferior se ubican Chile con apenas 13%, El Salvador con 14% y Honduras con 18%, configurando un rango que oscila entre 13% y 33% según los mapas de la gráfica. El liderazgo de Ecuador (33%) en la juventud evangélica para ignorancia sobre el Congreso resulta preocupante en el contexto de un país que ha experimentado una de las crisis institucionales más graves de la región en los últimos años, con asesinatos de candidatos presidenciales, violencia narco y estados de excepción que han dominado el debate público y que podrían paradójicamente haber saturado la atención política de los jóvenes creyentes sin generar en ellos una comprensión más clara de las instituciones democráticas fundamentales. El dato relativamente bajo de Chile (13%) en la juventud evangélica para ignorancia sobre el Congreso — siendo Chile uno de los países con mayor ignorancia en el grupo 26-40 con 52% — sugiere que los jóvenes creyentes chilenos tienen opiniones más formadas sobre el papel del Congreso, aunque como reveló la gráfica anterior, una proporción significativa de esas opiniones apunta hacia la prescindibilidad de la institución antes que hacia su necesidad.
La cohorte de 26 a 40 años demuestra ser el grupo con mayor concentración de ignorancia política declarada sobre el Congreso en la mayoría de los países, con Venezuela encabezando con 75% — el valor más alto de cualquier país en cualquier grupo etario de toda la gráfica —, seguida de Chile con 52%, Argentina con 50%, México con 50% y Brasil con 47%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Uruguay con apenas 25%, Panamá con 31% y Ecuador con 50%, configurando un rango que oscila entre 18% y 75% según los mapas. El extraordinario dato de Venezuela (75%) en el grupo 26-40 para ignorancia sobre el papel del Congreso debe interpretarse en el contexto de un país donde la Asamblea Nacional ha sido sucesivamente deslegitimada, ignorada, reemplazada por una Asamblea Nacional Constituyente paralela y finalmente restaurada en un contexto de múltiples presidencias en disputa, generando una confusión institucional tan profunda que tres cuartas partes de los adultos jóvenes evangélicos venezolanos encuestados no pueden formarse una opinión clara sobre si esa institución es o no necesaria para la democracia. Chile (52%) en segundo lugar confirma que el proceso constituyente fallido dejó una herencia de desorientación institucional profunda incluso en la generación más activa políticamente, con los adultos jóvenes evangélicos chilenos incapaces de evaluar con claridad si la democracia requiere o no de un Congreso funcional para su operación, posiblemente como resultado del debate constitucional que cuestionó todos los supuestos institucionales previos sin ofrecer una nueva arquitectura institucional clara que los reemplazara.
El rango etario de 41 a 60 años exhibe los valores más altos de ignorancia política sobre el Congreso en algunos países clave, con Costa Rica liderando con 64%, seguida de El Salvador con 39%, Paraguay con 38% y Panamá con 38%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Venezuela con 0%, México con 0% y Argentina con 8%, configurando un rango que oscila entre 0% y 64% según los mapas de la gráfica. El liderazgo de Costa Rica (64%) en el segmento de mediana edad para ignorancia sobre la necesidad del Congreso constituye el dato más paradójico de toda la gráfica: en el país centroamericano con la tradición democrática más larga e ininterrumpida de la región, casi dos tercios de los evangélicos de mediana edad no tienen una opinión formada sobre si la Asamblea Legislativa — el Congreso costarricense — es necesaria para el funcionamiento de la democracia. Esta paradoja puede explicarse por el contexto específico de una democracia costarricense donde la fragmentación legislativa extrema ha generado bloqueos institucionales frecuentes y donde el debate público sobre la reforma del poder legislativo ha sido tan intenso que ha producido confusión antes que claridad sobre la función necesaria de esa institución. Los 0% de Venezuela y México en este segmento — contrastando dramáticamente con sus altos porcentajes en el grupo 26-40 — confirman que los evangélicos venezolanos y mexicanos de mediana edad tienen opiniones más formadas sobre el Congreso que sus contrapartes más jóvenes, lo que puede reflejar que la experiencia directa de ver cómo los congresos son ignorados o cooptados en sus países genera una comprensión más clara — aunque posiblemente más cínica — del papel real de esa institución en sus sistemas políticos.
La generación de 61 años y más presenta una distribución con Bolivia encabezando con 27%, seguida de México con 25%, Uruguay con 25%, Chile con 17% y Colombia con 22%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Costa Rica con 0%, Ecuador con 0% y Venezuela con 0%, configurando un rango que oscila entre 0% y 27% según los mapas de la gráfica. Los valores de 0% en Costa Rica, Ecuador y Venezuela en los adultos mayores para ignorancia sobre el Congreso — después de que esos mismos países registraron altos porcentajes de ignorancia en grupos más jóvenes — confirman el proceso de cristalización de posturas que caracteriza a la generación de mayor edad: los adultos mayores evangélicos de esos países tienen opiniones definitivas sobre si el Congreso es o no necesario para la democracia, independientemente de si esas opiniones son positivas o negativas respecto a la institución. Bolivia (27%) liderando este segmento para ignorancia sobre el Congreso resulta coherente con el perfil de un país donde la Asamblea Legislativa Plurinacional ha estado frecuentemente en tensión con el ejecutivo y donde el debate sobre su rol en el sistema democrático boliviano ha generado más confusión que claridad entre los creyentes de mayor edad. En su conjunto, los alarmantes niveles de ignorancia política sobre el papel del Congreso en la democracia que esta gráfica documenta, analizados junto con los de la gráfica anterior sobre partidos políticos, dibujan el retrato de un evangelicalismo latinoamericano con déficits severos de formación cívica sobre las instituciones representativas fundamentales del sistema democrático, lo que constituye un llamado urgente e ineludible al liderazgo eclesial regional para desarrollar con seriedad, profundidad bíblica y compromiso sostenido una educación cívica que equipe a los creyentes para ser ciudadanos informados, responsables y transformadores en las democracias imperfectas pero preciosas que sus países han construido con tanto esfuerzo y sacrificio a lo largo de su historia.
