Los datos del Latinobarómetro 2024, sustentados en encuestados evangélicos distribuidos en quince países de América Latina, revelan que la respuesta «sin Congreso Nacional no puede haber democracia» ante la afirmación homónima presenta una distribución más moderada y menos concentrada que las categorías de escepticismo e ignorancia analizadas en las gráficas anteriores, constituyendo la postura de mayor comprensión institucionalista del poder legislativo como condición necesaria para la democracia, aunque sin alcanzar proporciones mayoritarias en la mayoría de los países y generaciones. El grupo de 41 a 60 años registra los porcentajes más destacados con Uruguay liderando con 45%, seguida de Brasil con 37%, República Dominicana con 37% y Panamá con 36%. El segmento de 26 a 40 años también exhibe cifras relevantes con Argentina encabezando con 41%, seguida de México con 37%, Colombia con 33% y Perú con 34%. El rango del grupo 16-25 oscila entre 3% y 32%, y el de 26-40 entre 23% y 41% según los mapas de la gráfica. El segmento de 61 y más presenta como valores más destacados a Chile con 36% y Bolivia con 11%. Este fenómeno cierra la serie sobre la necesidad del Congreso para la democracia revelando que la comprensión institucionalista del poder legislativo — aunque presente y significativa en varios países — compite desfavorablemente con el escepticismo y la ignorancia que las gráficas anteriores documentaron, lo que confirma el déficit generalizado de comprensión sobre el papel de los cuerpos legislativos representativos dentro del evangelicalismo latinoamericano.

Esta dimensión de convicción institucionalista sobre la necesidad del Congreso para la democracia entre los evangélicos encuentra su fundamento teológico más sólido en las enseñanzas bíblicas sobre la pluralidad de liderazgo, la deliberación colectiva como mecanismo de gobierno sabio y la importancia de contar con instituciones que representen la diversidad del pueblo antes que concentrar todas las decisiones en una sola persona o función. Números 11:16-17 narra la institución por Dios mismo de un consejo de setenta ancianos para compartir la carga del gobierno con Moisés: «Entonces Jehová dijo a Moisés: Reúneme setenta varones de los ancianos de Israel, que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus principales; y tráelos a la puerta del tabernáculo de reunión, y esperen allí contigo. Y yo descenderé y hablaré allí contigo, y tomaré del espíritu que está en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo.» Este modelo divino de gobierno colegiado y representativo — donde las decisiones que afectan al pueblo son tomadas por un cuerpo plural antes que por un solo líder — es exactamente el principio que el Congreso o Parlamento encarna en el sistema democrático moderno, y su institución por iniciativa divina en el relato bíblico establece la legitimidad teológica más directa de las asambleas legislativas representativas como formas de gobierno que Dios mismo ha reconocido como superiores al liderazgo individual sin contrapesos. Éxodo 18:21-22 complementa esta perspectiva con el consejo de Jetro a Moisés: «Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez. Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo», estableciendo el principio de representación escalonada y distribución del poder que fundamenta teológicamente la necesidad de un cuerpo legislativo plural que distribuya la autoridad de gobernar entre representantes de distintos sectores del pueblo antes que concentrarla en un solo gobernante. Proverbios 24:6 confirma la sabiduría de la deliberación colectiva en los asuntos de gobierno: «Porque con ingenio harás la guerra, y en la multitud de consejeros está la victoria», estableciendo que la calidad de las decisiones políticas mejora con la pluralidad de perspectivas representadas en el proceso deliberativo que el Congreso institucionaliza.

El grupo etario de 16 a 25 años evidencia los porcentajes más bajos de comprensión institucionalista sobre la necesidad del Congreso, con Guatemala encabezando con 32%, seguida de Bolivia con 32%, Paraguay con 32% y Ecuador con 27%. En el extremo inferior se ubica Uruguay con apenas 3%, Chile con 13% y Argentina con 14%, configurando un rango que oscila entre 3% y 32% según los mapas de la gráfica. El dato de Uruguay (3%) liderando el extremo inferior de este segmento para la posición institucionalista sobre el Congreso confirma el patrón ya establecido: los jóvenes evangélicos uruguayos prácticamente no expresan la posición institucionalista sobre el Congreso en la categoría de «sin Congreso no puede haber democracia», distribuyendo sus evaluaciones entre el escepticismo y la ignorancia antes que en el reconocimiento de la necesidad estructural del poder legislativo. Este resultado es paradójico en el país con el Parlamento más institucionalizado de América Latina y puede reflejar que precisamente la familiaridad con una institución legislativa que ha demostrado sus limitaciones genera en los jóvenes creyentes uruguayos un escepticismo más articulado sobre su necesidad que el que desarrollan sus pares de países donde el Congreso ha sido más claramente atacado o deslegitimado. Los valores relativamente altos de Guatemala (32%), Bolivia (32%) y Paraguay (32%) en la juventud evangélica para la posición institucionalista resultan coherentes con el perfil de países donde las crisis institucionales han hecho más visible el valor de los mecanismos legislativos de control y representación, incluso entre los jóvenes creyentes que han crecido observando esas crisis de primera mano.

La cohorte de 26 a 40 años demuestra ser uno de los grupos con mayor concentración de comprensión institucionalista sobre el Congreso, con Argentina encabezando con 41%, seguida de México con 37%, Perú con 34%, Ecuador con 34% y Colombia con 33%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Venezuela con apenas 36% —aunque este valor es relativamente alto respecto a Venezuela en otras gráficas de la serie—, Chile con 23% y Costa Rica con 29%, configurando un rango que oscila entre 23% y 41% según los mapas. El liderazgo de Argentina (41%) en este segmento para la posición institucionalista sobre el Congreso resulta significativo porque Argentina también registró altos porcentajes de ignorancia sobre el Congreso en la gráfica anterior (50% en el grupo 26-40), lo que implica que dentro del evangelicalismo argentino adulto-joven que tiene una opinión formada sobre el Congreso, la posición institucionalista — de que sin Congreso no puede haber democracia — es la dominante. Esta actitud puede vincularse con la experiencia argentina de presidentes que han intentado gobernar por decreto eludiendo al Congreso, generando una conciencia sobre el valor del poder legislativo como contrapeso al ejecutivo que los creyentes que tienen una opinión formada sobre el tema expresan de manera institucionalista. México (37%) confirma que dentro del evangelicalismo mexicano adulto-joven que no declaró ignorancia en la gráfica anterior, la comprensión institucionalista es significativa, coherentemente con la experiencia de un país donde el Congreso ha jugado un papel activo y controvertido en la aprobación de reformas constitucionales de gran alcance.

El rango etario de 41 a 60 años exhibe los valores más altos de comprensión institucionalista sobre la necesidad del Congreso, con Uruguay liderando con 45%, seguida de Brasil con 37%, República Dominicana con 37%, Panamá con 36% y Costa Rica con 35%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Bolivia con apenas 25%, Guatemala con 26% y Chile con 29%, configurando un rango que oscila entre 25% y 45% según los mapas de la gráfica. El liderazgo de Uruguay (45%) en el segmento de mediana edad para la posición institucionalista resulta coherente con el perfil ya observado: los evangélicos uruguayos de mediana edad, habiendo vivido la dictadura y la restauración democrática, han desarrollado una comprensión más profunda del papel indispensable del Parlamento en el sistema democrático uruguayo — como contrapeso al ejecutivo, como espacio de deliberación plural y como garante de la representación de las minorías — que los hace más propensos a afirmar su necesidad estructural. Esta comprensión contrasta marcadamente con la de sus propios hijos evangélicos (3% en el grupo 16-25 para la misma posición), trazando la fractura generacional más pronunciada de toda la serie sobre instituciones democráticas dentro de una misma comunidad de fe nacional. Brasil (37%) y República Dominicana (37%) compartiendo el segundo lugar confirman que en ambos países las generaciones evangélicas de mediana edad han desarrollado, a través de experiencias políticas concretas, una apreciación de la función legislativa que se traduce en el reconocimiento de su necesidad estructural para el sistema democrático.

La generación de 61 años y más presenta la distribución más llamativa de toda la gráfica, con Chile encabezando con 36% — el valor más alto de este segmento —, seguida de Uruguay con 20%, Venezuela con 20%, El Salvador con 19% y Colombia con 21%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Bolivia con apenas 11%, Paraguay con 9% y Ecuador con 10%, configurando un rango que oscila entre 9% y 36% según los mapas de la gráfica. El liderazgo de Chile (36%) en los adultos mayores evangélicos para la posición institucionalista sobre el Congreso cierra la serie completa sobre instituciones democráticas con un hallazgo que consolida el perfil ya establecido de los adultos mayores evangélicos chilenos como el segmento con mayor convicción institucionalista dentro de toda la muestra regional: a lo largo de la serie completa sobre partidos, Congreso y democracia, han mostrado consistentemente la mayor disposición a reconocer la necesidad estructural de las instituciones representativas como condición para el funcionamiento del sistema democrático, una convicción que — como ya fue señalado — se fundamenta en la memoria histórica de lo que ocurre cuando esas instituciones son destruidas por el poder. Los valores muy bajos de Bolivia (11%), Paraguay (9%) y Ecuador (10%) en este segmento contrastan con sus porcentajes más altos en la posición de prescindibilidad del Congreso documentada en la gráfica anterior, sugiriendo que los adultos mayores evangélicos de esos países que no declararon ignorancia tienden a distribuirse entre el escepticismo hacia el Congreso y la posición institucionalista sin que ninguna domine claramente. En su conjunto, la serie completa sobre la necesidad del Congreso para la democracia confirma y profundiza el diagnóstico ya establecido sobre la necesidad urgente de fortalecer la educación cívica dentro del evangelicalismo latinoamericano, equipando a los creyentes de todas las generaciones con la comprensión institucional necesaria para ser guardianes activos de los poderes legislativos que —con todas sus imperfecciones— representan el mecanismo más efectivo que las democracias modernas han desarrollado para garantizar que el pueblo, a través de sus representantes plurales y deliberantes, siga siendo el verdadero soberano de las naciones que el evangelio está llamado a transformar.

 

 

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