Los datos revelan una tendencia contundente hacia el rechazo de la participación en protestas no autorizadas entre los evangélicos latinoamericanos, con un 80.27% promedio respondiendo «Nunca las haría». Brasil lidera este rechazo con 91.37%, seguido por Venezuela (90.23%) y Guatemala (90.47%). En contraste, México presenta la menor resistencia con 50.62%, siendo el único país donde menos de dos tercios rechaza categóricamente esta forma de activismo. Las respuestas de participación efectiva («La ha realizado») muestran un promedio regional de apenas 6.10%, siendo Argentina la excepción notable con 18.57%, seguida por México (14.81%) y Bolivia (6.64%). La categoría intermedia «La podría realizar» alcanza un modesto 13.63% promedio, indicando que solo una minoría considera la posibilidad de participar en manifestaciones no sancionadas oficialmente.
La perspectiva bíblica sobre la obediencia a la autoridad encuentra su fundamento en Romanos 13:1, donde el apóstol Pablo instruye: «Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas». Esta enseñanza apostólica explica en gran medida la reluctancia evangélica hacia formas de protesta que desafían el orden establecido, reflejando una teología que prioriza la sumisión a las instituciones gubernamentales como expresión de obediencia divina. Sin embargo, esta doctrina se tensiona con pasajes como Hechos 5:29, donde Pedro declara que «es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres», creando un dilema teológico entre la sumisión civil y la conciencia moral.
El análisis cuantitativo revela patrones geográficos distintivos en la aceptación del disenso no autorizado. Los países con experiencias recientes de autoritarismo muestran mayor rechazo: Brasil (91.37%), Venezuela (90.23%) y Guatemala (90.47%), mientras que las democracias más consolidadas presentan mayor tolerancia: México (50.62% de rechazo), Argentina (58.57%) y Paraguay (75.33%). La participación real más alta se concentra en Argentina (18.57%) y México (14.81%), sugiriendo que factores como la tradición democrática y la cultura de protesta influyen en las actitudes evangélicas. Centroamérica mantiene consistentemente altos niveles de rechazo: El Salvador (90.67%), Guatemala (90.47%) y Honduras (87.60%), reflejando posiblemente el impacto de conflictos civiles históricos en la percepción evangélica del orden público.
La distribución general evidencia que los evangélicos latinoamericanos mantienen una postura predominantemente legalista respecto a la protesta social, con más del 80% rechazando formas de activismo que operan fuera de los canales oficiales. Esta tendencia contrasta marcadamente con actitudes más permisivas hacia protestas autorizadas, sugiriendo una distinción evangélica clara entre disenso legítimo y desobediencia civil. El hecho de que menos del 7% haya participado efectivamente en protestas no autorizadas indica que, independientemente de las convicciones políticas, los evangélicos priorizan el respeto al marco legal por encima de la expresión de descontento. Esta característica podría reflejar tanto influencias teológicas conservadoras como consideraciones pragmáticas sobre las consecuencias legales y sociales de participar en actividades potencialmente criminalizadas en contextos latinoamericanos donde el espacio democrático puede ser frágil.