Los datos del Latinobarómetro 2023 revelan que prácticamente todos los evangélicos latinoamericanos acceden a al menos una comida caliente diaria, representando el indicador con mayor cobertura universal de todos los bienes medidos. Chile, Paraguay y Uruguay alcanzan 100.00% de acceso, mientras Venezuela (99.49%), Colombia (99.08%), Costa Rica (99.11%) y Brasil (99.37%) superan el 99%. Argentina (96.10%), Bolivia (95.75%), Ecuador (98.24%), El Salvador (97.73%), Guatemala (97.13%), Perú (98.33%), República Dominicana (98.41%) y Panamá (98.54%) mantienen tasas superiores al 95%. Incluso los países con menores porcentajes—México (92.73%) y Honduras (94.12%)—superan el 92%, evidenciando que la seguridad alimentaria básica constituye una realidad prácticamente universal para evangélicos latinoamericanos, independientemente de otras carencias materiales.

Esta realidad alimentaria refleja la provisión divina expresada en Mateo 6:31-33: «No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas». El acceso universal a comida caliente diaria demuestra que, pese a limitaciones severas en bienes como automóviles, agua caliente o lavarropas, las necesidades alimentarias básicas están siendo satisfechas. Las redes comunitarias evangélicas, caracterizadas por solidaridad y apoyo mutuo, probablemente contribuyen a esta cobertura prácticamente universal.

Existe una brecha mínima de apenas 7.27 puntos porcentuales entre Chile/Paraguay/Uruguay (100.00%) y México (92.73%), la menor disparidad observada en todos los indicadores de bienestar material. Tres países—Chile, Paraguay y Uruguay—alcanzan cobertura absoluta sin ningún hogar reportando ausencia de comida caliente diaria. Trece países superan el 95%, y todos los diecisiete países analizados mantienen al menos 92.73% de acceso. Esta convergencia extraordinaria contrasta dramáticamente con las brechas de 70-87 puntos porcentuales observadas en lavarropas (70 puntos), agua caliente (87.6 puntos) o alcantarillado (59.66 puntos), evidenciando que la alimentación básica trasciende desigualdades económicas estructurales que afectan otros aspectos de vida material.

México (7.27%), Honduras (5.88%) y Bolivia (4.25%) presentan los mayores porcentajes de hogares sin acceso diario a comida caliente, aunque estas cifras permanecen extraordinariamente bajas comparadas con carencias en otros bienes. Argentina (3.90%) muestra 3.90% sin acceso, mientras Guatemala (2.87%), El Salvador (2.27%), Ecuador (1.76%), Perú (1.67%), República Dominicana (1.59%) y Panamá (1.46%) mantienen entre 1.4-2.9% sin comida caliente diaria. Brasil (0.63%), Venezuela (0.51%), Colombia (0.92%) y Costa Rica (0.89%) registran menos del 1% sin acceso, aproximándose a universalidad absoluta similar a Chile, Paraguay y Uruguay.

Venezuela (99.49%) presenta un caso particularmente notable con 99.49% de acceso a comida caliente pese a su colapso económico reflejado en apenas 7.44% con agua caliente y 17.18% con automóvil. Este contraste evidencia que incluso en crisis económicas severas, las familias evangélicas priorizan alimentación básica sobre cualquier otro bien, posiblemente mediante adaptaciones como consumo de alimentos más económicos, reducción de variedad dietética, o dependencia de redes comunitarias de apoyo. Honduras (94.12%), con 94.12% de acceso alimentario versus 49.20% con alcantarillado y 10.46% con agua caliente, demuestra similar jerarquización donde necesidades alimentarias inmediatas preceden infraestructura o bienes durables.

El estudio revela que el acceso a comida caliente diaria constituye el único bien con cobertura prácticamente universal entre evangélicos latinoamericanos, con tres países alcanzando 100% y todos superando el 92%. La brecha mínima de apenas 7.27 puntos porcentuales contrasta radicalmente con disparidades de 60-87 puntos en otros indicadores, evidenciando que la seguridad alimentaria básica trasciende desigualdades económicas estructurales. Aproximadamente entre 0.5% y 7.3% de hogares carecen de comida caliente diaria según el país, cifras extraordinariamente bajas que reflejan priorización absoluta de necesidades alimentarias inmediatas. Este logro notable sugiere que redes familiares, comunitarias y religiosas funcionan efectivamente como sistemas de protección social informal que garantizan alimentación básica incluso cuando otros indicadores materiales revelan vulnerabilidad económica severa en las comunidades evangélicas latinoamericanas.

 

 

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