El escepticismo total («Nada») sobre el progreso anticorrupción domina la percepción evangélica latinoamericana con un promedio regional del 37.9%. Argentina lidera esta desconfianza con 55.84%, seguida por Paraguay con 53.69% y Ecuador con 52.00%. Los países con menor escepticismo incluyen El Salvador (5.90%), Uruguay (19.48%) y Rep. Dominicana (24.90%). Esta distribución revela una profunda división continental, con diferencias de hasta 49.94 puntos porcentuales entre Argentina y El Salvador, evidenciando que las experiencias nacionales específicas con programas anticorrupción impactan significativamente en la confianza evangélica hacia las instituciones estatales.

La percepción de nulo avance anticorrupción refleja el principio bíblico de Jeremías 17:9: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?». El alto escepticismo promedio (37.9%) sugiere que los evangelicos interpretan la corrupción como manifestación del pecado inherente en las instituciones humanas. Sin embargo, la notable confianza en El Salvador (5.90% de escepticismo total) y otros países con menor desconfianza indica que cuando los evangelicos perciben mejoras tangibles, pueden reconocer la acción divina trabajando a través de autoridades humanas para establecer justicia.

La percepción de progreso limitado («Poco») presenta una distribución más homogénea con un promedio regional de 29.4%. México lidera esta categoría con 40.61%, seguido por Colombia con 36.15% y Venezuela con 34.55%. Los menores porcentajes corresponden a El Salvador (21.79%), Ecuador (24.00%) y Guatemala (23.29%). Esta categoría representa el segundo grupo más numeroso regionalmente, sugiriendo que aproximadamente tres de cada diez evangelicos reconocen esfuerzos anticorrupción mínimos pero insuficientes, reflejando una postura de cautela esperanzada ante las iniciativas gubernamentales.

El reconocimiento de progreso moderado («Algo») muestra variabilidad significativa con un promedio regional de 21.8%. Uruguay lidera con 44.16%, seguido por México con 30.91% y Costa Rica con 30.16%. Los menores registros se observan en Argentina (10.39%), Paraguay (12.08%) y Ecuador (12.89%). Esta percepción de avance moderado sugiere que aproximadamente uno de cada cinco evangelicos identifica mejoras sustanciales en las instituciones, posiblemente relacionadas con reformas específicas o cambios administrativos que generan mayor transparencia y rendición de cuentas.

La percepción de progreso significativo («Mucho») presenta la mayor polarización regional con un promedio de 10.9%. El Salvador registra el porcentaje más alto con 53.08%, muy por encima del promedio, seguido por Rep. Dominicana con 27.31% y Brasil con 17.33%. Los menores registros incluyen Chile (1.74%), Argentina (5.19%) y México (5.45%). Esta extrema variabilidad, con El Salvador superando por 51.34 puntos a Chile, indica que las experiencias nacionales específicas con programas anticorrupción exitosos pueden generar confianza excepcional entre evangelicos cuando perciben transformaciones institucionales genuinas.

Los datos revelan una comunidad evangélica latinoamericana profundamente escéptica sobre el progreso anticorrupción, donde más de un tercio no percibe avances (37.9%), otro tercio reconoce mejoras mínimas (29.4%), uno de cada cinco identifica progreso moderado (21.8%) y apenas uno de cada diez percibe transformaciones significativas (10.9%). El Salvador emerge como caso excepcional con 53.08% percibiendo mucho progreso versus solo 5.90% sin percibir nada, contrastando dramáticamente con Argentina donde 55.84% no percibe progreso y apenas 5.19% ve mejoras significativas. Esta polarización sugiere que los evangelicos latinoamericanos evalúan el combate a la corrupción basándose en experiencias contextuales específicas más que en interpretaciones teológicas uniformes, creando un mosaico complejo de confianza institucional entre los 20,000 encuestados, donde la efectividad percibida de las políticas anticorrupción determina la fe en las autoridades gubernamentales.

 

 

 

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