Los evangélicos latinoamericanos que están de acuerdo con que a la gente como uno, nos da lo mismo un régimen democrático que uno no democrático, exhiben patrones diferenciados según grupo etario y contexto nacional, reflejando niveles variables de compromiso con valores democráticos. El segmento de 26-40 años presenta las concentraciones más elevadas de indiferencia democrática, destacando México con 57%, Venezuela con 47%, Colombia con 42%, Perú con 42% y Brasil con 38%. Los grupos de 41-60 años muestran niveles sustanciales, liderados por Brasil con 36%, Honduras con 35%, Uruguay con 35%, República Dominicana con 34% y Ecuador con 31%. La franja de 16-25 años presenta porcentajes preocupantes, con Paraguay alcanzando 54%, Venezuela con 41%, Bolivia con 37%, Panamá con 31% y Argentina con 31%. El grupo de 61 años y más registra cifras moderadas, encabezado por Chile con 29%, Uruguay con 20%, El Salvador con 21%, Colombia con 21% y Costa Rica con 16%. Los datos de 19,215 encuestados revelan que la indiferencia hacia el tipo de régimen político constituye una realidad que merece atención en la formación cívica de las comunidades evangélicas regionales.

Esta dimensión de indiferencia democrática entre los evangélicos presenta un desafío formativo que encuentra orientación en las enseñanzas bíblicas sobre justicia, dignidad humana y responsabilidad cívica. Proverbios 29:2 declara: «Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; mas cuando domina el impío, el pueblo gime». Romanos 13:1 instruye: «Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas». Sin embargo, Hechos 5:29 afirma: «Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres». Estas escrituras establecen un marco teológico que valora sistemas justos de gobierno sin idolatrar ninguna forma política específica, pero que también reconoce que no todos los regímenes honran igualmente la dignidad humana creada a imagen de Dios. La indiferencia democrática puede reflejar desilusión legítima con instituciones políticas corruptas o ineficaces, pero también puede señalar déficit en formación cívica cristiana que conecte valores evangélicos con preferencias por sistemas que protejan libertades fundamentales, demandando educación pastoral que cultive ciudadanía responsable basada en principios bíblicos de justicia y dignidad humana.

El grupo etario de 16-25 años evidencia niveles alarmantemente elevados de indiferencia democrática en varios contextos, con Paraguay liderando con 54%, seguido por Venezuela con 41%, Bolivia con 37%, Panamá y Argentina ambos con 31%, República Dominicana con 29%, Guatemala con 27%, Costa Rica con 25%, Perú con 23%, El Salvador y Ecuador ambos con 22%, Honduras con 19%, Brasil con 15%, Colombia con 12%, Chile con 12%, mientras México registra 0% y Uruguay 5%. Los mapas indican que este segmento representa entre 0% y 54% de los evangélicos indiferentes al tipo de régimen, revelando que los jóvenes adultos evangélicos muestran desconexión preocupante con valores democráticos, posiblemente relacionada con desilusión generacional ante corrupción política endémica, promesas incumplidas de gobiernos democráticos, exposición a discursos autoritarios populistas en redes sociales, o déficit en educación cívica cristiana que articule conexiones entre evangelio y sistemas políticos justos, demandando urgentemente programas formativos que equipen a nuevas generaciones para participación cívica informada por valores bíblicos de justicia, verdad y dignidad humana.

La cohorte de 26-40 años exhibe los porcentajes más elevados de indiferencia democrática en múltiples países estudiados, constituyendo el segmento con mayor desafección política. México encabeza dramáticamente con 57%, seguido por Venezuela con 47%, Colombia y Perú ambos con 42%, Brasil con 38%, Uruguay con 40%, Chile con 35%, Bolivia con 34%, Guatemala con 32%, Ecuador con 32%, Argentina y Panamá ambos con 31%, Costa Rica con 31%, Honduras con 33%, Paraguay con 30%, El Salvador con 28%, mientras República Dominicana presenta 22%. La visualización cartográfica muestra que este segmento representa entre 22% y 57% del total indiferente al tipo de régimen, evidenciando que esta etapa de consolidación profesional y familiar coincide con máxima desilusión política, posiblemente debido a experiencias directas con instituciones democráticas disfuncionales, corrupción gubernamental sistemática, inseguridad creciente, o fracaso de sistemas democráticos para proveer movilidad social y bienestar económico, constituyendo una vulnerabilidad significativa ante discursos autoritarios que prometen orden y eficacia a costa de libertades fundamentales.

El rango etario de 41-60 años demuestra porcentajes considerables de indiferencia democrática, con distribución que revela consolidación de escepticismo político. Brasil lidera con 36%, seguido por Honduras y Uruguay ambos con 35%, República Dominicana con 34%, Ecuador con 31%, El Salvador con 30%, México con 29%, Guatemala con 28%, Costa Rica con 27%, Colombia y Panamá ambos con 25%, Chile con 24%, Argentina con 23%, Perú con 22%, Bolivia con 18%, mientras Venezuela y Paraguay registran niveles inferiores (6% y 16% respectivamente). Los mapas revelan que este segmento oscila entre 6% y 36% de los evangélicos indiferentes al tipo de régimen, indicando que la madurez en esta etapa puede coincidir con cinismo político consolidado basado en décadas de frustraciones con promesas democráticas incumplidas, aunque también muestra variabilidad nacional significativa que sugiere que contextos institucionales específicos modulan estas actitudes, demandando estrategias pastorales que reconozcan desilusiones legítimas mientras rearticúlan compromiso cristiano con valores democráticos fundamentales de dignidad, justicia y libertad.

El grupo de 61 años y más presenta porcentajes variables de indiferencia democrática, con patrones que reflejan evaluaciones vitales comprehensivas sobre sistemas políticos. Chile encabeza con 29%, seguido por El Salvador y Colombia ambos con 21%, Uruguay con 20%, Costa Rica con 16%, Ecuador con 15%, Argentina, República Dominicana y Panamá todos con 15%, México con 14%, Guatemala con 13%, Honduras con 14%, Perú con 12%, Brasil con 12%, Bolivia con 10%, mientras Venezuela y Paraguay registran niveles muy bajos (6% y 0% respectivamente). La visualización cartográfica indica que este segmento representa entre 0% y 29% de los indiferentes al tipo de régimen, evidenciando que los adultos mayores evangélicos muestran disposiciones heterogéneas, posiblemente reflejando tanto memoria histórica de experiencias con diversos sistemas políticos como sabiduría acumulada sobre importancia de instituciones democráticas para protección de libertades religiosas, sugiriendo que esta cohorte puede constituir recurso valioso para transmisión intergeneracional de valoración democrática cuando sus experiencias son integradas reflexivamente en formación cívica cristiana de comunidades evangélicas latinoamericanas.

 

 

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