Los evangélicos latinoamericanos que consideran que la situación económica actual del país es un poco peor comparada con la de hace doce meses exhiben patrones diferenciados según grupo etario y contexto nacional, reflejando pesimismo económico moderado. El segmento de 26-40 años presenta las concentraciones más elevadas de percepción de deterioro moderado, destacando México con 53%, Argentina con 45%, Brasil con 44%, Uruguay con 40% y Venezuela con 38%. Los grupos de 41-60 años muestran niveles sustanciales, liderados por Uruguay con 47%, Costa Rica con 40%, Chile con 34%, Brasil y El Salvador ambos con 33%, y Ecuador con 31%. La franja de 16-25 años presenta porcentajes variables, con Paraguay alcanzando 32%, Bolivia con 30%, Ecuador con 28%, Panamá con 27%, Perú con 24% y México con 24%. El grupo de 61 años y más registra cifras moderadas, encabezado por Chile con 29%, Argentina con 16%, Perú con 16%, Colombia con 18% y Venezuela con 19%. Los datos de 19,215 encuestados revelan que la percepción de deterioro económico moderado constituye una realidad significativa en múltiples contextos nacionales evangélicos.

Esta dimensión de percepción de deterioro económico moderado entre los evangélicos encuentra contexto en las enseñanzas bíblicas sobre resiliencia ante dificultades económicas y confianza en provisión divina durante adversidad. Job 1:21 declara: «Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito». Habacuc 3:17-18 proclama: «Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos… con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación». 2 Corintios 12:9-10 enseña: «Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad… porque cuando soy débil, entonces soy fuerte». Estas escrituras establecen un marco teológico que permite reconocimiento honesto de deterioro económico real sin caer en desesperación ni en pérdida de fe, manteniendo esperanza trascendente mientras se enfrentan dificultades materiales concretas. La percepción de deterioro moderado refleja experiencias tangibles con inflación creciente, pérdida de poder adquisitivo, inseguridad laboral incrementada o reducción de ingresos familiares, moduladas por memoria comparativa con período anterior y expectativas bíblicas sobre fidelidad divina en medio de tribulación económica, constituyendo indicador crítico de legitimidad gubernamental erosionada entre población que experimenta retroceso material mensurable.

El grupo etario de 16-25 años evidencia niveles significativos de percepción de deterioro económico moderado, con Paraguay liderando con 32%, seguido por Bolivia con 30%, Ecuador con 28%, Panamá con 27%, Perú con 24%, México con 24%, Guatemala con 23%, El Salvador con 20%, Colombia con 19%, Honduras con 17%, Brasil con 16%, Venezuela con 13%, Argentina con 13%, Costa Rica con 13%, mientras Chile registra 3% y Uruguay 0%, República Dominicana 25%. Los mapas indican que este segmento representa entre 0% y 32% de los evangélicos que perciben deterioro moderado, revelando que los jóvenes adultos evangélicos experimentan pesimismo económico heterogéneo, posiblemente relacionado con dificultades de inserción laboral estable, salarios de entrada erosionados por inflación, deudas educativas crecientes sin retorno salarial correspondiente, o aplazamiento de proyectos vitales como independización residencial o formación familiar debido a deterioro de oportunidades económicas, demandando políticas públicas urgentes de empleo juvenil y capacitación mientras las comunidades evangélicas proveen apoyo material directo y mentoría espiritual que fortalezca resiliencia ante adversidad económica generacional.

La cohorte de 26-40 años exhibe los porcentajes más elevados de percepción de deterioro económico moderado en múltiples países estudiados, constituyendo el segmento con mayor preocupación por retroceso material. México encabeza dramáticamente con 53%, seguido por Argentina con 45%, Brasil con 44%, Uruguay con 40%, Venezuela con 38%, Paraguay con 35%, Ecuador con 35%, Guatemala con 34%, Colombia con 33%, El Salvador con 33%, Chile con 34%, República Dominicana con 31%, Panamá con 31%, Honduras con 38%, mientras Costa Rica registra 25% y Perú 31%. La visualización cartográfica muestra que este segmento representa entre 25% y 53% del total que percibe deterioro moderado, evidenciando que esta etapa de consolidación profesional y familiar coincide con vulnerabilidad máxima ante deterioro económico, dado que enfrenta simultáneamente responsabilidades de crianza infantil, pagos de vivienda, manutención de dependientes y presiones laborales intensificadas, constituyendo crisis de legitimidad gubernamental severa cuando población económicamente activa experimenta retroceso en capacidad de proveer bienestar familiar básico y movilidad social ascendente prometida.

El rango etario de 41-60 años demuestra porcentajes alarmantes de percepción de deterioro económico moderado, con distribución que revela erosión generalizada de estabilidad económica. Uruguay lidera significativamente con 47%, seguido por Costa Rica con 40%, Chile con 34%, Brasil y El Salvador ambos con 33%, Ecuador con 31%, Guatemala con 31%, Panamá con 31%, Perú con 29%, Colombia con 29%, Argentina con 26%, México con 24%, Paraguay con 21%, Honduras con 25%, República Dominicana con 33%, Venezuela con 31%, mientras Bolivia registra 22%. Los mapas revelan que este segmento oscila entre 21% y 47% de los evangélicos que perciben deterioro moderado, indicando que la madurez en esta etapa no protege contra vulnerabilidad económica, dado que enfrenta simultáneamente estancamiento salarial, obsolescencia laboral en mercados cambiantes, erosión de ahorros por inflación acumulada, costos médicos crecientes y incertidumbre sobre seguridad de jubilación futura, constituyendo cohorte crítica cuya percepción de deterioro moderado señala fracaso de promesas de prosperidad y estabilidad económica que debería caracterizar esta fase vital de máxima productividad laboral.

El grupo de 61 años y más presenta porcentajes preocupantes de percepción de deterioro económico moderado, con patrones que reflejan vulnerabilidad específica de adultos mayores. Chile encabeza con 29%, seguido por Costa Rica con 22%, Honduras con 20%, Venezuela con 19%, Colombia con 18%, Argentina y Perú ambos con 16%, El Salvador con 14%, Uruguay con 13%, Panamá con 12%, Paraguay con 12%, Guatemala con 11%, México con 0%, República Dominicana con 11%, mientras Brasil y Bolivia registran 7% y 16% respectivamente. La visualización cartográfica indica que este segmento representa entre 0% y 29% de los que perciben deterioro moderado, evidenciando que los adultos mayores evangélicos experimentan erosión económica crítica, posiblemente reflejando deterioro de poder adquisitivo de pensiones fijas ante inflación sostenida, incremento exponencial de costos médicos sin cobertura adecuada, reducción de apoyo económico familiar por crisis multigeneracional, o pérdida de fuentes complementarias de ingreso, demandando urgentemente políticas públicas de protección social gerontológica robusta y ministerios eclesiales que provean asistencia económica directa y acompañamiento integral a adultos mayores cuya situación material se deteriora progresivamente en contextos de retroceso económico nacional que impacta desproporcionadamente a los más vulnerables.

 

 

Categorías: Entrada