Los datos del Latinobarómetro 2023 revelan que la pobreza constituye una preocupación fundamental entre los evangélicos latinoamericanos, con patrones diferenciados por edad y país. En el grupo de 16-25 años, Bolivia registra 28% de preocupación por la pobreza, mientras que Brasil alcanza 33% y Chile muestra 0%. Colombia presenta 27% y Costa Rica 13%. En el segmento de 26-40 años, las percepciones se modifican significativamente: Bolivia incrementa a 44%, Brasil disminuye a 17%, y Chile se mantiene en 0%. Ecuador salta dramáticamente de 20% a 45%, evidenciando que la madurez económica y las responsabilidades familiares intensifican la percepción de vulnerabilidad ante la pobreza entre los creyentes evangélicos de ciertos países.
La preocupación por la pobreza entre los evangélicos latinoamericanos refleja principios bíblicos centrales sobre justicia social y compasión cristiana. Proverbios 19:17 enseña: «A Jehová presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar.» Esta perspectiva bíblica establece que el cuidado de los necesitados no es solo una responsabilidad social, sino un acto de adoración y servicio directo a Dios. Los evangélicos comprenden que la pobreza no solo representa una crisis material, sino también una oportunidad para expresar el amor cristiano y cumplir el mandato bíblico de cuidar a los más vulnerables de la sociedad, viendo en esta preocupación una extensión natural de su fe y compromiso comunitario.
El análisis cuantitativo revela incrementos sustanciales en los grupos de 41-60 años, donde países como Chile alcanzan 53% de preocupación por la pobreza, comparado con 0% en grupos más jóvenes. El Salvador muestra una progresión constante: 4% en jóvenes, 28% en adultos jóvenes, y 12% en mediana edad. Guatemala presenta 31% en el grupo más joven, manteniéndose en 29% en adultos jóvenes, y elevándose a 24% en mediana edad. Honduras registra 31% en jóvenes, 21% en adultos jóvenes, y 17% en mediana edad. Esta tendencia sugiere que la experiencia de vida y la observación prolongada de las condiciones sociales generan mayor sensibilidad hacia la pobreza estructural entre los evangélicos de mediana edad, quienes han presenciado las luchas económicas de sus comunidades a lo largo del tiempo.
La distribución geográfica evidencia contrastes dramáticos que reflejan realidades socioeconómicas nacionales específicas. Uruguay presenta un patrón único con 0% de preocupación por la pobreza en los grupos más jóvenes, incrementándose a 50% en mediana edad y manteniéndose en 50% en adultos mayores, sugiriendo que la estabilidad económica relativa del país genera diferentes percepciones generacionales. Venezuela muestra 0% consistentemente en múltiples grupos, posiblemente indicando que crisis más inmediatas superan la pobreza en gravedad percibida. En contraste, el «Grand Total» revela 20% en jóvenes, 27% en adultos jóvenes, 25% en mediana edad, y 24% en adultos mayores, estableciendo un promedio regional que enmascara las variaciones extremas entre países. Estas disparidades indican que el desarrollo económico nacional y las políticas sociales influyen directamente en cómo las comunidades evangélicas perciben y priorizan la pobreza como problema nacional.