
Los evangélicos latinoamericanos que consideran que la situación económica actual del país es mucho mejor comparada con la de hace doce meses exhiben patrones altamente diferenciados según grupo etario y contexto nacional, reflejando percepciones variables de desempeño económico gubernamental. El segmento de 26-40 años presenta las concentraciones más elevadas de optimismo económico, destacando República Dominicana con 38%, Panamá con 37%, Colombia con 36%, Brasil con 33% y Honduras con 33%. Los grupos de 41-60 años muestran niveles sustanciales, liderados por Argentina con 100%, Ecuador y Paraguay ambos con 50%, Chile con 50% y Honduras con 39%. La franja de 16-25 años presenta porcentajes variables, con Paraguay y Perú ambos con 50%, Panamá con 37%, Guatemala con 36%, El Salvador con 34% y Ecuador con 33%. El grupo de 61 años y más registra cifras moderadas, encabezado por Uruguay con 33%, Colombia con 27%, Bolivia y Chile ambos con 25%, y Honduras con 22%. Los datos de 19,215 encuestados revelan que la percepción de mejora económica significativa constituye una realidad minoritaria en la mayoría de contextos nacionales evangélicos.
Esta dimensión de percepción económica entre los evangélicos encuentra contexto en las enseñanzas bíblicas sobre provisión divina, trabajo diligente y evaluación justa de la realidad socioeconómica. Proverbios 14:23 declara: «En toda labor hay fruto; mas las vanas palabras de los labios empobrecen». Eclesiastés 5:10 advierte: «El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad». Filipenses 4:19 promete: «Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús». Estas escrituras establecen un marco teológico que equilibra reconocimiento realista de condiciones económicas con confianza en provisión divina, sin caer en negación de dificultades ni en idolatría de prosperidad material. La percepción de mejora económica entre evangélicos refleja evaluaciones concretas de empleo, inflación, salarios y oportunidades en sus contextos nacionales, moduladas por expectativas teológicas sobre mayordomía y provisión divina, constituyendo indicador significativo de satisfacción con desempeño gubernamental en dimensión material que impacta directamente bienestar familiar y comunitario.
El grupo etario de 16-25 años evidencia niveles variables de percepción de mejora económica, con Paraguay y Perú compartiendo el liderazgo con 50% cada uno, seguidos por Panamá con 37%, Guatemala con 36%, El Salvador con 34%, Ecuador con 33%, Uruguay con 33%, Costa Rica con 30%, Brasil con 20%, Bolivia y Chile ambos con 25%, Venezuela con 20%, México con 19%, Honduras con 6%, Colombia con 0%, mientras Argentina y República Dominicana registran 0% y 25% respectivamente. Los mapas indican que este segmento representa entre 0% y 50% de los evangélicos que perciben mejora económica significativa, revelando que los jóvenes adultos evangélicos muestran optimismo económico heterogéneo, posiblemente relacionado con experiencias diferenciadas de acceso laboral, emprendimiento, educación superior y movilidad social en contextos nacionales diversos, demandando políticas públicas que amplíen oportunidades económicas para nuevas generaciones mientras las comunidades evangélicas proveen formación en principios bíblicos de trabajo, ahorro y mayordomía responsable.
La cohorte de 26-40 años exhibe los porcentajes más elevados de percepción de mejora económica en varios países estudiados, constituyendo el segmento con mayor optimismo sobre desempeño económico reciente. República Dominicana encabeza con 38%, seguido por Panamá con 37%, Colombia con 36%, Brasil y Honduras ambos con 33%, México con 31%, Costa Rica con 30%, Guatemala con 29%, Bolivia con 25%, República Dominicana con 38%, mientras Argentina, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú y Uruguay registran 0% en este grupo, aunque algunos de estos países muestran concentración de optimismo en otros rangos etarios. La visualización cartográfica muestra que este segmento representa entre 0% y 38% del total que percibe mejora económica, evidenciando que esta etapa de consolidación profesional y familiar genera evaluaciones económicas basadas en experiencias directas con mercado laboral, costo de vida, acceso a vivienda y capacidad de ahorro, constituyendo indicador crítico de legitimidad gubernamental entre población económicamente activa que sostiene familias y participa activamente en economía productiva.
El rango etario de 41-60 años demuestra porcentajes notables de percepción de mejora económica en contextos específicos, con distribución que revela experiencias nacionales diferenciadas. Argentina lidera dramáticamente con 100%, seguido por Ecuador, Paraguay y Chile todos con 50%, Honduras con 39%, Colombia con 36%, El Salvador con 32%, Uruguay con 33%, Costa Rica con 30%, Brasil con 27%, Bolivia con 25%, República Dominicana con 25%, México con 31%, Panamá con 21%, Guatemala con 21%, Venezuela con 20%, mientras Perú registra 50%. Los mapas revelan que este segmento oscila entre 20% y 100% de los evangélicos que perciben mejora económica, indicando que la madurez en esta etapa coincide con evaluaciones económicas basadas en décadas de experiencia laboral, estabilidad de ingresos, seguridad social y proyecciones de jubilación, constituyendo cohorte crítica cuya percepción económica refleja tanto realidades objetivas como comparaciones con crisis económicas históricas que modulan expectativas.
El grupo de 61 años y más presenta porcentajes moderados de percepción de mejora económica, con patrones que reflejan evaluaciones comprehensivas basadas en experiencia vital completa. Uruguay lidera con 33%, seguido por Colombia con 27%, Bolivia y Chile ambos con 25%, Honduras con 22%, México con 19%, Ecuador con 17%, Panamá con 14%, El Salvador con 13%, República Dominicana con 13%, Brasil con 20%, mientras Argentina, Costa Rica, Guatemala, Paraguay, Perú y Venezuela registran 0%. La visualización cartográfica indica que este segmento representa entre 0% y 33% de los que perciben mejora económica, evidenciando que los adultos mayores evangélicos muestran evaluaciones económicas cautelosas, posiblemente reflejando vulnerabilidad específica de esta cohorte ante inflación que erosiona pensiones fijas, costos médicos crecientes, dependencia de transferencias gubernamentales y memoria de múltiples ciclos económicos que genera escepticismo ante promesas de mejora, demandando políticas públicas de protección social gerontológica y ministerios eclesiales que provean apoyo económico directo a adultos mayores en situación de vulnerabilidad económica persistente.
