El análisis de la respuesta «Mucha confianza» ante la pregunta sobre el nivel de confianza en el Gobierno, registrada en el Latinobarómetro 2024 sobre una base de 19,215 encuestados evangélicos de diecisiete países latinoamericanos, revela un mapa de adhesión institucional al poder ejecutivo marcadamente heterogéneo, con valores que en la mayoría de los países y cohortes se mantienen relativamente bajos pero con excepciones notables que merecen atención analítica cuidadosa. En el grupo de 26 a 40 años, Paraguay lidera de manera extraordinaria con 67%, mientras que en la cohorte de 41 a 60 años México alcanza el 46%, Argentina el 50% y Panamá el 50%, configurando los picos más elevados de todo el estudio. En el grupo de 61 años y más, Ecuador encabeza con 50%, seguido por Venezuela con 40% y Uruguay con 40%, valores que expresan una adhesión gubernamental entre los adultos mayores evangélicos que contrasta con la desconfianza generalizada registrada en otras instituciones. Los datos en su conjunto señalan que la confianza plena en el Gobierno es una postura minoritaria en la mayoría de los contextos nacionales del evangelicalismo latinoamericano, pero con focos de alta adhesión que responden a dinámicas políticas nacionales específicas y que invitan a una lectura diferenciada, pastoralmente informada, sobre las condiciones bajo las cuales la fe evangélica se articula con la legitimación del poder ejecutivo.

Esta dimensión de la confianza institucional plena en el Gobierno entre los evangélicos encuentra fundamento ambivalente en las enseñanzas bíblicas sobre la autoridad civil y la responsabilidad del creyente ante el Estado, textos que la tradición evangélica latinoamericana ha interpretado históricamente con enorme variedad según los contextos políticos de cada nación. El apóstol Pablo afirma en su carta a los Romanos: «Sométase toda persona a las autoridades gobernantes, porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que existen, por Dios han sido establecidas» (Romanos 13:1), pasaje que ha servido tanto para legitimar la obediencia a gobiernos democráticos como para justificar, en episodios más oscuros de la historia latinoamericana, la acquiescencia ante regímenes autoritarios. El apóstol Pedro añade: «Honrad al rey» (1 Pedro 2:17), mandato que en el horizonte hermenéutico evangélico contemporáneo es leído no como sumisión acrítica sino como reconocimiento de la función ordenadora que el gobierno ejerce en la sociedad humana. Sin embargo, el mismo Libro de los Hechos narra cómo los apóstoles declararon ante el Sanedrín: «Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hechos 5:29), estableciendo el límite bíblico claro a toda confianza en el poder gubernamental: la fe evangélica puede honrar al gobierno cuando este sirve al bien común, pero no puede depositar en él la confianza absoluta que solo corresponde a Dios, lo que hace que los porcentajes de «Mucha confianza» registrados en los datos sean fenómenos que la pastoral debe acompañar con discernimiento, celebrando la valoración de la autoridad legítima sin alentar la idolatría política.

El grupo etario de 16 a 25 años evidencia los niveles más bajos de confianza plena en el Gobierno de toda la tabla, con Guatemala liderando con 34%, seguido por Bolivia con 33%, Perú con 33%, Argentina con 25%, Venezuela con 25%, El Salvador con 20%, Ecuador con 17%, Chile con 13%, Costa Rica con 12%, México con 12%, Rep. Dominicana con 9%, Panamá con 8%, Colombia con 8%, Paraguay con 8%, Brasil con 10%, Honduras con 7% y Uruguay con 0%, configurando un rango del 0% al 34% con una mediana aproximada en torno al 12-13%, lo que indica que la confianza plena en el Gobierno es una postura decididamente minoritaria entre los jóvenes evangélicos latinoamericanos. El liderazgo de Guatemala con 34% en esta cohorte resulta llamativo dado el contexto político que vivía el país hacia 2024, con un proceso electoral marcado por tensiones institucionales significativas, y podría reflejar la adhesión de sectores evangélicos juveniles guatemaltecos a narrativas de cambio político que generaron expectativas renovadas de representación gubernamental. El 0% de Uruguay, donde ningún joven evangélico encuestado expresa «Mucha confianza» en el Gobierno, es coherente con el perfil de un evangelicalismo insertado en una cultura política de alta exigencia institucional y baja tolerancia a la demagogia. Pastoralmente, estos datos revelan una generación joven evangélica que mantiene una distancia saludable respecto al poder ejecutivo, actitud que las iglesias deben cultivar como discernimiento crítico sin dejar que devenga en apatía o en la búsqueda de liderazgos mesiánicos que prometan lo que las instituciones democráticas no han podido cumplir.

La cohorte de 26 a 40 años demuestra el mayor nivel de variabilidad interna de toda la tabla, con Paraguay encabezando de manera absolutamente atípica con 67%, seguido por Colombia con 38%, Honduras con 34%, Costa Rica con 32%, Chile con 27%, El Salvador con 29%, México con 31%, Argentina con 25%, Bolivia con 33%, Panamá con 25%, Rep. Dominicana con 22%, Venezuela con 15%, Brasil con 19%, Ecuador con 8%, Perú con 0%, Guatemala con 17% y Uruguay con 5%, lo que configura un rango del 0% al 67% que es el más amplio de toda la investigación. El 67% de Paraguay en esta cohorte es el valor más elevado de toda la tabla y constituye un fenómeno sociológico-religioso que requiere una explicación específica: en el contexto paraguayo, donde el partido Colorado ha mantenido una hegemonía política que ha tejido históricamente redes de patronazgo con comunidades religiosas, incluyendo las evangélicas, la confianza plena en el Gobierno puede ser en parte el reflejo de una relación clientelar antes que de una evaluación independiente del desempeño gubernamental. El 0% de Perú en esta cohorte contrasta dramáticamente con el extremo paraguayo y refleja el agotamiento total de la confianza gubernamental en un país que en los años previos a 2024 había atravesado una sucesión vertiginosa de presidentes destituidos, encarcelados o investigados por corrupción. Desde la perspectiva pastoral, la amplitud de este rango exige que las iglesias evangélicas desarrollen marcos de formación cívica suficientemente flexibles para acompañar realidades nacionales radicalmente distintas sin caer en generalizaciones que no hacen justicia a la complejidad de cada contexto.

El rango etario de 41 a 60 años exhibe los valores más elevados de confianza plena en el Gobierno de todas las cohortes activas en varios países, con México liderando con 46%, seguido por Argentina con 50%, Panamá con 50%, Rep. Dominicana con 43%, Brasil con 42%, Chile con 33%, Costa Rica con 32%, El Salvador con 34%, Guatemala con 31%, Perú con 33%, Bolivia con 0%, Honduras con 21%, Colombia con 15%, Ecuador con 25%, Venezuela con 20%, Paraguay con 17% y Uruguay con 55%, configurando un rango del 0% al 55% con una concentración notable en la franja del 30-43% para la mayoría de los países. El liderazgo compartido de Argentina y Panamá con 50% en este grupo resulta analíticamente significativo: en Argentina, el contexto de 2024 estaba marcado por la llegada de un gobierno de perfil disruptivo que generó adhesiones intensas en sectores populares y evangélicos, mientras que en Panamá la situación política tenía sus propias dinámicas de renovación percibida. El 0% de Bolivia en esta cohorte contrasta llamativamente con el 33% que ese mismo país registra en el grupo de 16-25 años, lo que podría indicar una fractura generacional interna en el evangelicalismo boliviano respecto a la valoración del gobierno de turno. Pastoralmente, los adultos de 41 a 60 años son el grupo de mayor influencia formadora en las iglesias, y su nivel relativamente elevado de confianza gubernamental en varios países tiene implicaciones directas sobre cómo se transmiten las actitudes cívicas a las generaciones más jóvenes en el seno de las congregaciones evangélicas.

La cohorte de 61 años y más presenta un perfil de confianza plena en el Gobierno que, lejos de mostrar la convergencia hacia valores bajos que podría esperarse de quienes más han observado el desempeño gubernamental a lo largo de décadas, exhibe algunos de los valores más elevados de toda la tabla, con Ecuador liderando con 50%, seguido por Venezuela con 40%, Uruguay con 40%, Colombia con 38%, Honduras con 38%, Bolivia con 33%, Chile con 27%, Rep. Dominicana con 26%, Brasil con 29%, Perú con 33%, Costa Rica con 24%, El Salvador con 17%, Guatemala con 17%, México con 12%, Argentina con 0%, Panamá con 17% y Paraguay con 8%, configurando un rango del 0% al 50% con valores medios significativamente más elevados que los del grupo juvenil. El liderazgo de Ecuador con 50% en esta cohorte resulta uno de los datos más llamativos del estudio: la mitad de los evangélicos ecuatorianos mayores de 61 años expresa una confianza plena en el Gobierno, dato que en el contexto político de Ecuador hacia 2024 puede reflejar la adhesión de sectores evangélicos de mayor edad a narrativas de orden y seguridad que los gobiernos de turno han promovido con especial énfasis ante la crisis de violencia que atravesaba el país. Venezuela con 40% en esta cohorte es igualmente desconcertante dado el contexto de crisis humanitaria documentada, y podría interpretarse como una forma de resiliencia adaptativa o de dependencia clientelar de sectores evangélicos vulnerables respecto a las estructuras de provisión estatal. El 0% de Argentina en este grupo, que contrasta con el 50% registrado en la cohorte de 41-60, sugiere que los evangélicos argentinos de mayor edad —con memoria histórica de múltiples crisis gubernamentales— mantienen una distancia radical respecto al poder ejecutivo que los más jóvenes aún no han desarrollado plenamente, confirmando que la experiencia acumulada en la tercera edad puede conducir, según el contexto nacional, tanto a una mayor confianza resignada como a una mayor desconfianza lúcida ante el poder gubernamental.

 

 

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