Los datos del Latinobarómetro 2024 revelan patrones generacionales sobre percepciones de retroceso nacional entre evangélicos latinoamericanos que respondieron «Este país está en retroceso». Entre jóvenes de 16-25 años, Paraguay lidera con 52%, seguido por Bolivia (25%), Venezuela (23%), México (22%) y Ecuador (20%), donde aproximadamente un quinto o más percibe retroceso nacional. En adultos de 26-40 años, México alcanza 44%, seguida por Perú (41%), Venezuela (39%), Brasil (38%) y Bolivia (37%), evidenciando pesimismo significativo entre adultos económicamente activos. Entre adultos de 41-60 años, Uruguay lidera dramáticamente con 67%, seguido por República Dominicana (47%), El Salvador (40%), Colombia (36%) y Brasil (35%). En mayores de 61 años, Costa Rica alcanza 45%, seguida por Chile (38%), El Salvador (30%) y Honduras (23%), mostrando pesimismo sustancial en algunas generaciones mayores.

Esta realidad de percepciones de retroceso conecta con advertencias bíblicas sobre decadencia y alejamiento de principios fundamentales expresadas en 2 Timoteo 3:1-5: «También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios… tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella». La percepción de retroceso nacional refleja no solo deterioro económico sino también declive percibido en valores morales, institucionalidad democrática y cohesión social. Los adultos maduros (41-60 años) en varios países exhiben mayor percepción de retroceso que jóvenes, posiblemente reflejando comparación con períodos históricos previos de mayor estabilidad o progreso. Las generaciones mayores (61+) muestran patrones mixtos, con pesimismo extremo en algunos países pero moderación en otros.

Existe heterogeneidad dramática en patrones generacionales entre países. Uruguay presenta el patrón más extraordinario: 0% (16-25), 33% (26-40), 67% (41-60), 0% (61+), donde dos tercios de adultos maduros perciben retroceso mientras juventud y mayores lo rechazan completamente. Este patrón sin precedentes sugiere que la generación de 41-60 años experimentó desarrollo uruguayo de décadas previas como superior al presente, mientras generaciones más jóvenes carecen de esa memoria comparativa y mayores posiblemente comparan con períodos históricos aún más difíciles. Paraguay muestra patrón inverso descendente: 52% (16-25), 27% (26-40), 9% (41-60), 12% (61+), donde juventud percibe retroceso masivamente pero adultos mayores lo rechazan, posiblemente reflejando crisis reciente o deterioro en oportunidades juveniles.

República Dominicana evidencia patrón ascendente dramático hasta adultos maduros: 20% (16-25), 23% (26-40), 47% (41-60), 10% (61+), donde adultos de 41-60 años perciben retroceso casi cinco veces más que mayores. El Salvador muestra aumento sostenido hasta adultos maduros: 15% (16-25), 15% (26-40), 40% (41-60), 30% (61+), evidenciando pesimismo creciente con edad. Costa Rica presenta patrón de pico en mayores: 6% (16-25), 18% (26-40), 31% (41-60), 45% (61+), único país donde generaciones mayores perciben retroceso más intensamente que todos los demás grupos. Chile muestra patrón similar: 5% (16-25), 36% (26-40), 21% (41-60), 38% (61+), donde adultos jóvenes y mayores perciben retroceso intensamente pero juventud lo rechaza casi completamente.

México presenta patrón de pico en adultos jóvenes: 22% (16-25), 44% (26-40), 22% (41-60), 11% (61+), donde adultos de 26-40 años perciben retroceso dramáticamente más que otros grupos, posiblemente reflejando expectativas frustradas de movilidad social. Perú muestra patrón similar: 15% (16-25), 41% (26-40), 30% (41-60), 14% (61+). Brasil evidencia alto pesimismo en adultos jóvenes y maduros: 12% (16-25), 38% (26-40), 35% (41-60), 14% (61+), reflejando frustración transversal entre generaciones laboralmente activas. Venezuela presenta percepción sustancial y relativamente uniforme: 23% (16-25), 39% (26-40), 29% (41-60), 10% (61+), donde aproximadamente un tercio de adultos laboralmente activos percibe retroceso, coherente con crisis económica sostenida.

El estudio revela que las percepciones de retroceso nacional entre evangélicos latinoamericanos exhiben mayor heterogeneidad generacional que progreso o estancamiento. Uruguay presenta el caso más dramático con 67% de adultos maduros (41-60) percibiendo retroceso mientras juventud y mayores lo rechazan completamente, evidenciando experiencia generacional específica con declive relativo. Costa Rica (45% en 61+) y Chile (38% en 61+) muestran pesimismo particular entre generaciones mayores, posiblemente reflejando comparación con períodos históricos considerados superiores. Los adultos jóvenes (26-40 años) en México (44%), Perú (41%) y Venezuela (39%) perciben retroceso intensamente, reflejando frustración con limitadas oportunidades durante años formativos. Paraguay (52% en 16-25) representa anomalía donde juventud percibe retroceso masivamente. Estos patrones evidencian que el retroceso percibido no es uniforme sino profundamente influenciado por memorias generacionales específicas, expectativas frustradas y experiencias históricas particulares que configuran pesimismo diferenciado según etapa de vida y contexto nacional, reflejando crisis de confianza en instituciones y trayectorias nacionales que afectan desproporcionadamente a ciertas cohortes generacionales en cada país.

 

 

Categorías: Entrada