
Los datos del Latinobarómetro 2024, sustentados en encuestados evangélicos distribuidos en catorce países de América Latina, revelan que la respuesta «injusta» ante la pregunta sobre cuán justa es la distribución del ingreso en su país presenta una distribución consistente y representativa que confirma la conciencia mayoritaria del evangelicalismo latinoamericano sobre las inequidades estructurales de sus economías nacionales. El grupo de 26 a 40 años registra los porcentajes más destacados con Perú encabezando con 41%, seguido de Argentina con 37%, Bolivia con 36%, Honduras con 37% y Guatemala con 36%. El segmento de 41 a 60 años también exhibe cifras relevantes con Brasil liderando con 39%, República Dominicana con 34%, Panamá con 34% y Costa Rica con 33%. El rango del grupo 16-25 oscila entre 11% y 38%, y el de 26-40 entre 25% y 41% según los mapas de la gráfica. El segmento de 61 y más presenta como valores más destacados a Chile con 25%, Colombia con 18% y Costa Rica con 23%. Este fenómeno, analizado en conjunto con la gráfica anterior de distribución «muy injusta» que cierra la serie, revela que la percepción de injusticia distributiva —en su grado moderado— es la segunda postura más extendida dentro del espectro de evaluaciones evangélicas sobre la distribución del ingreso, capturando a creyentes que reconocen la inequidad de sus sistemas económicos sin llegar todavía al rechazo absoluto de la distribución como muy injusta.
Esta dimensión de percepción de distribución injusta del ingreso entre los evangélicos encuentra un fundamento teológico sólido en las enseñanzas bíblicas sobre la justicia distributiva como mandato divino, la denuncia de los sistemas económicos que producen inequidad estructural y la responsabilidad de la comunidad de fe de nombrar la injusticia con precisión antes de poder transformarla. El profeta Amós articula con claridad la conexión entre distribución injusta del ingreso y ofensa al Dios de Israel en Amós 2:6-7: «Así dice Jehová: Por tres pecados de Israel, y por el cuarto, no revocaré su castigo; porque vendieron por dinero al justo, y al pobre por un par de zapatos. Pisotean en el polvo de la tierra las cabezas de los pobres, y tuercen el camino de los humildes.» Esta denuncia profética de la mercantilización de la persona humana y la explotación de los más vulnerables en el sistema económico describe con precisión sociológica actualizada la realidad distributiva que los evangélicos latinoamericanos perciben como injusta en sus contextos nacionales. Isaías 5:8 denuncia específicamente la concentración de la propiedad y el ingreso: «¡Ay de los que juntan casa a casa, y añaden heredad a heredad hasta ocuparlo todo! ¿Habitaréis vosotros solos en medio de la tierra?» Este oráculo de juicio contra la concentración económica fundamenta teológicamente la percepción evangélica de injusticia distributiva como un diagnóstico moralmente correcto antes que una queja subjetiva. Lucas 16:19-25 presenta la parábola del rico y Lázaro como ilustración paradigmática de la distribución injusta del ingreso y sus consecuencias escatológicas, estableciendo que Dios mismo evalúa los sistemas distributivos y juzga su injusticia, lo que convierte la percepción evangélica de distribución injusta en una alineación con la perspectiva divina sobre la economía antes que en una postura meramente política o ideológica.
El grupo etario de 16 a 25 años evidencia una distribución moderada con Paraguay encabezando con 38%, seguido de Ecuador con 32%, Colombia con 22% y Guatemala con 29%. En el extremo inferior se ubica Chile con apenas 11%, Honduras con 16% y Brasil con 17%, configurando un rango que oscila entre 11% y 38% según los mapas de la gráfica. El liderazgo de Paraguay (38%) en la juventud evangélica para percepción de distribución injusta confirma la tendencia ya establecida de mayor distribución a lo largo de toda la escala evaluativa dentro del evangelicalismo juvenil paraguayo, aunque resulta significativo que incluso en Paraguay casi dos de cinco jóvenes evangélicos encuestados perciba la distribución del ingreso como injusta, lo que refleja una conciencia distributiva que trasciende las diferencias denominacionales y socioeconómicas dentro de la comunidad creyente juvenil de ese país. Chile (11%) registrando el valor más bajo de este segmento resulta coherente con el patrón ya observado en la serie: los jóvenes evangélicos chilenos distribuyen sus evaluaciones distributivas de manera diferente a sus pares regionales, concentrándose en categorías más extremas —muy injusta— antes que en la categoría moderada de injusta, lo que sugiere una conciencia distributiva más radicalizada entre la juventud creyente chilena que probablemente está influenciada por el intenso debate público sobre desigualdad que caracterizó el período post-estallido social en ese país.
La cohorte de 26 a 40 años demuestra ser el grupo con mayor concentración de percepción de distribución injusta en la mayoría de los países, con Perú encabezando con 41%, seguido de Argentina con 37%, Honduras con 37%, Bolivia con 36% y Guatemala con 36%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Ecuador con apenas 25%, Costa Rica con 30% y República Dominicana con 31%, configurando un rango que oscila entre 25% y 41% según los mapas. La concentración de Perú (41%), Argentina (37%) y Honduras (37%) en los valores más altos de este segmento resulta sociológicamente coherente con tres países donde la desigualdad distributiva es cotidianamente experimentada por los adultos jóvenes evangélicos en su vida laboral y familiar. La generación peruana de 26 a 40 años ha crecido en un contexto donde el crecimiento macroeconómico de las últimas décadas no se tradujo en mejora proporcional de las condiciones de vida de los sectores populares donde el evangelicalismo peruano tiene mayor arraigo, generando una percepción de injusticia distributiva que los datos cuantifican con precisión. El caso de Argentina refleja la experiencia acumulada de una generación que ha vivido su adultez joven en el contexto de crisis económicas recurrentes donde la distribución del ingreso se deterioró sistemáticamente, erosionando cualquier posibilidad de percibir el sistema distributivo nacional como justo o muy justo.
El rango etario de 41 a 60 años exhibe una distribución con Brasil liderando con 39%, seguido de República Dominicana con 34%, Panamá con 34%, Costa Rica con 33% y El Salvador con 33%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Perú con apenas 17%, Paraguay con 20% y Bolivia con 27%, configurando un rango que oscila entre 17% y 39% según los mapas de la gráfica. El liderazgo de Brasil (39%) en este segmento de mediana edad para percepción de distribución injusta resulta plenamente coherente con el perfil de uno de los países con mayor desigualdad documentada de América Latina y el mundo, donde el coeficiente de Gini ha sido históricamente uno de los más elevados del hemisferio. Los evangélicos brasileños de mediana edad —frecuentemente ubicados en las periferias urbanas de São Paulo, Río de Janeiro y otras metrópolis donde la concentración del ingreso es visualmente dramática— han desarrollado una conciencia distributiva precisa que nombra como injusta la brecha entre la riqueza que observan en algunos sectores de sus ciudades y la precariedad que experimentan cotidianamente en sus propios barrios y congregaciones. El bajo dato de Perú (17%) en el grupo 41-60 para distribución injusta —contrastando con su liderazgo de 41% en el grupo 26-40— sugiere que los evangélicos peruanos de mediana edad han migrado hacia la categoría más radical de «muy injusta», lo que será confirmado en el análisis de la siguiente gráfica que cierra esta serie.
La generación de 61 años y más presenta los valores más bajos de percepción de distribución injusta en prácticamente todos los países, con Chile encabezando con 25%, seguido de Costa Rica con 23%, Colombia con 18%, Honduras con 20% y Brasil con 9%. Varios países registran cifras muy reducidas como Bolivia (12%), Argentina (13%) y Ecuador (13%), configurando un rango que oscila entre 9% y 25% según los mapas de la gráfica. La reducción generalizada en este segmento de adultos mayores no implica mayor percepción de justicia distributiva sino, como ha sido el patrón consistente en toda la serie, la migración hacia posiciones más radicales de «muy injusta» que examinaremos en la gráfica final. Chile (25%) liderando este segmento con la mayor percepción de distribución injusta entre adultos mayores evangélicos resulta coherente con el perfil de una comunidad de creyentes de mayor edad que, habiendo vivido la transformación económica chilena desde el modelo neoliberal hasta sus tensiones distributivas actuales, mantiene una evaluación crítica matizada que nombra la injusticia distributiva sin llegar necesariamente al rechazo total que la categoría «muy injusta» implica. En su conjunto, los datos de percepción de distribución injusta confirman que el evangelicalismo latinoamericano ha desarrollado una conciencia distributiva significativa y teológicamente fundamentada que percibe con claridad las inequidades de los sistemas económicos de sus países, alineándose con la tradición profética bíblica que siempre ha colocado la justicia distributiva en el centro de la agenda del pueblo de Dios y que interpela a las iglesias evangélicas latinoamericanas a traducir esa percepción en acción transformadora concreta en sus comunidades y en el espacio público que habitan como ciudadanos de fe.
