Los datos del Latinobarómetro 2024, sustentados en encuestados evangélicos distribuidos en catorce países de América Latina, revelan que la respuesta «justa» ante la pregunta sobre cuán justa es la distribución del ingreso en su país presenta una distribución más representativa y estadísticamente más robusta que la categoría de «muy justa» analizada anteriormente, aunque sigue siendo una postura minoritaria dentro del espectro de percepciones distributivas del evangelicalismo regional. El grupo de 26 a 40 años registra los porcentajes más destacados con Argentina encabezando con 50%, seguida de México con 47%, Colombia con 41% y Ecuador con 43%. El segmento de 41 a 60 años también exhibe cifras relevantes con Chile liderando con 58%, República Dominicana con 38% y Argentina con 29%. El rango del grupo 16-25 oscila entre 17% y 50%, y el de 26-40 entre 8% y 50% según los mapas de la gráfica. El segmento de 61 y más presenta como valores más destacados a Brasil con 17%, México con 15% y Honduras con 15%, siendo notablemente los más bajos de toda la serie, con la tabla además sin incluir Uruguay y Venezuela en esta gráfica. Este fenómeno revela que la percepción de justicia distributiva —no plena sino simplemente justa— captura a una fracción significativa pero minoritaria del evangelicalismo latinoamericano, concentrada principalmente en las generaciones de adultos jóvenes y de mediana edad, y con una geografía que no siempre coincide con los países de mayor desigualdad objetiva, sugiriendo que factores subjetivos, experiencias personales de movilidad social y marcos teológicos específicos condicionan esta percepción tanto como las realidades macroeconómicas nacionales.

Esta dimensión de percepción de distribución justa del ingreso entre los evangélicos encuentra un contexto teológico en las enseñanzas bíblicas sobre el reconocimiento del orden creacional, la gratitud ante la provisión divina que opera a través de estructuras económicas imperfectas pero funcionales, y la capacidad del creyente de identificar elementos de justicia dentro de sistemas que no alcanzan el ideal pleno del shalom bíblico. El Salmo 24:1 declara: «De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan», estableciendo el principio teológico de que todo orden distributivo existe dentro de la soberanía providencial de Dios, lo que permite al creyente reconocer elementos de justicia relativa en los sistemas existentes sin que ello implique conformidad con sus imperfecciones. Proverbios 8:15-16 afirma que la sabiduría divina opera a través de los sistemas de gobierno y sus estructuras económicas: «Por mí reinan los reyes, y los príncipes determinan justicia. Por mí dominan los príncipes, y todos los gobernadores juzgan la tierra.» Esta perspectiva de la presencia de sabiduría divina operando incluso en sistemas humanos imperfectos informa la actitud de los evangélicos que perciben su distribución del ingreso como justa: no niegan las desigualdades existentes sino que identifican en el funcionamiento económico actual suficientes elementos de justicia relativa —acceso a trabajo, retribución proporcional al esfuerzo, movilidad social posible— como para sostener una evaluación positiva moderada. Romanos 13:7 establece el principio de dar a cada institución lo que le corresponde según su función real: «Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra», lo que aplicado al ámbito económico implica reconocer los elementos de justicia distributiva que efectivamente existen en el sistema, sin negarlos por principio ideológico ni absolutizarlos como si el sistema fuera perfectamente justo.

El grupo etario de 16 a 25 años evidencia una distribución moderada con Paraguay encabezando con 50%, seguido de Perú con 41%, Bolivia con 40%, Panamá con 38% y Ecuador con 30%. En el extremo inferior se ubica Chile con apenas 17%, Argentina con 21% y Colombia con 21%, configurando un rango que oscila entre 17% y 50% según los mapas de la gráfica. El liderazgo de Paraguay (50%) en la juventud evangélica para percepción de distribución justa confirma el patrón ya establecido a lo largo de toda la serie: el evangelicalismo juvenil paraguayo tiende a distribuirse más uniformemente entre las distintas categorías de evaluación, con proporciones significativas tanto en las percepciones positivas como en las negativas, reflejando una comunidad interna heterogénea antes que una postura hegemónica. Chile (17%) liderando el extremo inferior de este segmento juvenil resulta coherente con el perfil de un país donde el debate sobre la desigualdad ha sido especialmente intenso en los últimos años, con el estallido social de 2019 visibilizando de manera contundente las inequidades distributivas que los jóvenes chilenos —incluyendo los evangélicos— han incorporado en su evaluación del sistema económico. La baja cifra de Argentina (21%) y Colombia (21%) en la juventud refleja contextos donde la desigualdad estructural es cotidianamente experimentada por los jóvenes creyentes de sectores populares que constituyen la base demográfica predominante del evangelicalismo en esos países.

La cohorte de 26 a 40 años demuestra ser el grupo con mayor concentración de percepción de distribución justa en varios países, con Argentina encabezando con 50%, seguida de México con 47%, Ecuador con 43%, Colombia con 41% y Guatemala con 31%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Chile con apenas 8%, República Dominicana con 24% y Costa Rica con 27%, configurando un rango que oscila entre 8% y 50% según los mapas. El liderazgo de Argentina (50%) en este segmento resulta analíticamente llamativo porque Argentina es uno de los países con mayor desigualdad histórica y crisis económicas más recurrentes de la región, lo que hace que la mitad de sus evangélicos adultos jóvenes perciba la distribución del ingreso como justa requiera explicación. Esta percepción puede relacionarse con el contexto específico del momento de la encuesta —posiblemente durante un período de relativa estabilidad económica percibida—, con la experiencia de sectores evangélicos que han logrado movilidad social a través de redes comunitarias eclesiales, o con un marco interpretativo teológico de prosperidad que evalúa la distribución desde la perspectiva individual antes que estructural. El dato extremadamente bajo de Chile (8%) en el grupo 26-40 contrasta con su liderazgo de 58% en el grupo 41-60, revelando una fractura generacional interna extraordinaria en la percepción distributiva del evangelicalismo chileno que refleja posiblemente las diferencias en experiencias económicas entre una generación formada antes y otra después del estallido social y el proceso constituyente.

El rango etario de 41 a 60 años exhibe los valores más elevados de percepción de distribución justa en varios países, con Chile liderando con 58%, seguido de República Dominicana con 38%, Argentina con 29%, Colombia con 29% y Honduras con 29%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en México con apenas 17%, Perú con 13% y Paraguay con 19%, configurando un rango que oscila entre 13% y 58% según los mapas de la gráfica. El liderazgo de Chile (58%) en este segmento de mediana edad para percepción de distribución justa resulta paradójico a primera vista, pero puede explicarse si se considera que los evangélicos chilenos de mediana edad pertenecen frecuentemente a sectores que experimentaron movilidad social ascendente durante el período de mayor crecimiento económico chileno de las décadas de 1990 y 2000, cuando el modelo económico produjo reducción verificable de la pobreza y expansión de la clase media, generando en esta cohorte una evaluación positiva de la distribución basada en la experiencia histórica de mejora concreta en sus condiciones de vida. República Dominicana (38%) ocupa el segundo lugar de manera consistente con sus patrones en otras gráficas de esta serie, donde el evangelicalismo dominicano de mediana edad ha mostrado evaluaciones relativamente más positivas de las estructuras económicas nacionales, posiblemente vinculadas con el crecimiento económico sostenido que ese país ha experimentado y que ha mejorado las condiciones de vida de sectores donde las iglesias evangélicas tienen fuerte presencia.

La generación de 61 años y más presenta los valores más bajos de percepción de distribución justa en prácticamente todos los países, con Brasil encabezando con apenas 17%, seguido de México con 15%, Honduras con 15%, Bolivia con 13% y Chile con 17%. Varios países registran cifras extremadamente reducidas como Argentina (0%), Ecuador (5%), Panamá (7%) y Paraguay (6%), configurando un rango que oscila entre 0% y 18% según los mapas de la gráfica. La drástica reducción de Argentina a 0% en este segmento —desde su 50% en el grupo 26-40— resulta uno de los contrastes más pronunciados de toda la gráfica y confirma el proceso de cristalización evaluativa negativa que experimenta el evangelicalismo argentino de mayor edad respecto a la justicia distributiva: los adultos mayores que han vivido décadas de ciclos económicos de auge y colapso, que han visto sus ahorros destruidos por inflaciones e hiperinflaciones repetidas, y que han observado cómo las élites económicas han preservado su riqueza mientras los sectores populares absorben sistemáticamente los costos de las crisis, han llegado a la conclusión definitiva de que la distribución del ingreso en Argentina no puede calificarse como justa en ningún sentido relevante. Esta evaluación de los adultos mayores evangélicos latinoamericanos —que en la abrumadora mayoría de los países expresan percepciones mínimas de justicia distributiva— constituye el testimonio más honesto y teológicamente fundamentado de una generación que ha aprendido, a través de la experiencia acumulada de décadas de vida en las economías más desiguales del planeta, que la justicia distributiva que las Escrituras demandan y que sus sistemas económicos prometen sigue siendo una asignatura pendiente urgente para las sociedades latinoamericanas del siglo XXI.

 

 

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