Los datos del Latinobarómetro 2024, sustentados en encuestados evangélicos distribuidos en catorce países de América Latina, revelan que la respuesta «muy injusta» ante la pregunta sobre cuán justa es la distribución del ingreso en su país constituye la postura dominante y más extendida de toda la serie distributiva, concentrando sus valores más elevados en los grupos de 26 a 40 y 41 a 60 años, con El Salvador y Ecuador registrando ambos 44% en el segmento de adultos jóvenes y de mediana edad respectivamente, y cerrando así la serie completa de percepciones sobre la justicia distributiva con el hallazgo más contundente: la mayoría del evangelicalismo latinoamericano percibe la distribución del ingreso de sus países como muy injusta. El grupo de 26 a 40 años registra los porcentajes más destacados con El Salvador encabezando con 44%, seguido de Argentina con 43%, Bolivia con 37%, Brasil con 39% y Guatemala con 38%. El segmento de 41 a 60 años exhibe cifras igualmente elevadas con Ecuador y México liderando con 43% y 43% respectivamente, seguidos de Costa Rica con 44%, Panamá con 44% y Colombia con 31%. El rango del grupo 16-25 oscila entre 7% y 39%, y el de 26-40 entre 21% y 44% según los mapas de la gráfica. El segmento de 61 y más presenta como valor más destacado a Chile con 37% y República Dominicana con 24%. Este fenómeno completa y corona la serie distributiva confirmando que la percepción de muy injusta es la evaluación más frecuente del evangelicalismo latinoamericano sobre la distribución del ingreso en sus países, una conclusión que tiene implicaciones profundas tanto para la comprensión de la conciencia social evangélica como para el llamado profético de las iglesias ante las estructuras económicas de la región.

Esta dimensión de percepción de distribución muy injusta del ingreso entre los evangélicos encuentra su fundamento teológico más robusto y apasionado en la tradición profética bíblica que constituye uno de los núcleos centrales de la revelación divina sobre la economía y la sociedad. El profeta Isaías proclama en Isaías 61:8: «Porque yo Jehová soy amante del derecho, aborrezco el latrocinio para holocausto; por tanto, afirmaré en verdad su obra, y haré con ellos pacto perpetuo», estableciendo que Dios mismo aborrece los sistemas de despojo económico y que su compromiso con la justicia distributiva es un componente irrenunciable de su carácter y de su alianza con su pueblo. Levítico 19:35-36 exige honestidad en las medidas económicas: «No hagáis injusticia en juicio, en medida de tierra, en peso ni en otra medida. Balanzas justas, pesas justas y medidas justas tendréis», estableciendo que la manipulación de los sistemas de medición y valoración económica —de la cual los sistemas impositivos regresivos, los salarios por debajo del costo de vida y la evasión fiscal de las élites son expresiones contemporáneas— constituye una abominación ante Dios. Jeremías 22:13 lanza un oráculo de juicio directamente sobre quienes construyen sus fortunas a costa del trabajo no remunerado o subpagado: «¡Ay del que edifica su casa con injusticia, y sus salas con iniquidad; del que se sirve de su prójimo de balde, y no le da el salario de su trabajo!» Esta denuncia profética de la explotación laboral como fuente de distribución injusta del ingreso encarna exactamente la conciencia que los datos cuantifican: los evangélicos latinoamericanos que perciben la distribución del ingreso como muy injusta no están haciendo un análisis económico académico sino expresando una intuición teológica profundamente arraigada en su lectura de las Escrituras que les enseñan que Dios ve, juzga y actúa ante los sistemas que roban al trabajador el fruto legítimo de su labor.

El grupo etario de 16 a 25 años evidencia los porcentajes más bajos de percepción de distribución muy injusta, aunque con valores que en varios países superan lo esperado para una generación con menor exposición acumulada a las consecuencias de la inequidad distributiva. Paraguay encabeza este segmento con 39%, seguido de Honduras con 24%, Bolivia con 28% y Guatemala con 17%. En el extremo inferior se ubican Costa Rica con apenas 7%, Chile con 8%, Ecuador con 8% y Panamá con 8%, configurando un rango que oscila entre 7% y 39% según los mapas de la gráfica. El liderazgo de Paraguay (39%) en la juventud evangélica para percepción de distribución muy injusta confirma definitivamente el patrón de polarización evaluativa del evangelicalismo juvenil paraguayo que ha sido observado a lo largo de toda la serie: mientras en las gráficas de distribución justa y muy justa Paraguay también registraba los valores más altos de su grupo etario, ahora lidera igualmente en el extremo más crítico, evidenciando que dentro de la comunidad evangélica juvenil paraguaya coexisten simultáneamente las evaluaciones más positivas y las más negativas sobre la distribución del ingreso, lo que refleja probablemente las enormes disparidades socioeconómicas internas de un país donde la concentración de la tierra y el ingreso es una de las más extremas de América Latina. Los bajos valores de Costa Rica (7%), Chile (8%) y Ecuador (8%) en la juventud sugieren que los jóvenes evangélicos de estos países concentran su percepción crítica en la categoría de «injusta» antes que en «muy injusta», manteniendo una evaluación negativa moderada antes que el rechazo distributivo absoluto.

La cohorte de 26 a 40 años demuestra ser el grupo con mayor intensidad de percepción de distribución muy injusta en la mayoría de los países, con El Salvador encabezando con 44%, seguido de Argentina con 43%, Brasil con 39%, Guatemala con 38% y Bolivia con 37%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Costa Rica con apenas 21%, Panamá con 27% y Chile con 33%, configurando un rango que oscila entre 21% y 44% según los mapas. El liderazgo de El Salvador (44%) en este segmento resulta sociológicamente coherente con el perfil de un país donde la desigualdad distributiva ha sido históricamente extrema y donde la generación evangélica de adultos jóvenes ha crecido en un contexto de alta informalidad laboral, migración forzada por pobreza y concentración de la riqueza en un reducido grupo de familias que controlan sectores económicos clave. Argentina (43%) confirmando el segundo lugar refleja la experiencia de una generación que ha vivido su adultez en el contexto de crisis económicas recurrentes donde la distribución del ingreso se ha deteriorado sistemáticamente, con la inflación actuando como mecanismo redistributivo regresivo que transfiere riqueza de los sectores con ingresos fijos —donde se concentra la mayoría del evangelicalismo argentino— hacia quienes poseen activos dolarizados o propiedades que se valorizan con la inflación. Esta cohorte evangélica latinoamericana de 26 a 40 años que percibe mayoritariamente la distribución del ingreso como muy injusta constituye la generación de liderazgo emergente de las iglesias, y su conciencia distributiva crítica tiene implicaciones directas sobre las prioridades ministeriales y el compromiso social de las congregaciones que liderarán en las próximas décadas.

El rango etario de 41 a 60 años exhibe los valores más altos de percepción de distribución muy injusta en varios países clave, con Costa Rica liderando con 44%, Panamá con 44%, Ecuador con 43%, México con 43% y Colombia con 31%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Chile con apenas 22%, Brasil con 29% y Bolivia con 26%, configurando un rango que oscila entre 22% y 44% según los mapas de la gráfica. El empate entre Costa Rica y Panamá en el liderazgo de este segmento con 44% cada uno resulta analíticamente revelador porque ambos países son frecuentemente presentados como economías relativamente más prósperas dentro de Centroamérica, lo que hace que la percepción de distribución muy injusta entre sus evangélicos de mediana edad sea especialmente significativa: no es la percepción de la pobreza extrema sino el reconocimiento de la inequidad en la distribución de una riqueza que existe pero que no llega equitativamente a todos los sectores de la sociedad, incluyendo las comunidades evangélicas que mayoritariamente pertenecen a clases medias y populares. Los evangélicos panameños y costarricenses de mediana edad pueden observar con particular claridad la brecha entre la riqueza que sus economías generan —visible en la infraestructura, el comercio y los sectores de servicios que caracterizan a ambos países— y la distribución inequitativa que excluye a amplios sectores populares de los beneficios de ese crecimiento, generando la percepción más contundente de distribución muy injusta de todo el segmento.

La generación de 61 años y más presenta una distribución que, con Chile encabezando con 37% y República Dominicana con 24%, revela que los adultos mayores evangélicos han cristalizado en proporciones significativas en la percepción de distribución muy injusta, cerrando la serie completa con el hallazgo más poderoso de toda la secuencia analítica. Bolivia registra 9%, Guatemala 14%, Honduras 14% y Colombia 24%, configurando un rango que oscila entre 6% y 37% según los mapas de la gráfica. El liderazgo de Chile (37%) en los adultos mayores evangélicos para percepción de distribución muy injusta constituye el cierre más elocuente de toda la serie distributiva: Chile, el país con el PIB per cápita más alto de América Latina y el modelo económico que durante décadas fue presentado como el ejemplo de desarrollo a seguir en la región, tiene la mayor proporción de adultos mayores evangélicos que perciben la distribución del ingreso como muy injusta. Esta paradoja chilena —riqueza macroeconómica y percepción de distribución muy injusta entre sus creyentes de mayor edad— es en realidad perfectamente coherente: los adultos mayores evangélicos chilenos son quienes han observado más directamente cómo décadas de crecimiento económico acelerado produjeron una concentración del ingreso en el decil más rico mientras los sectores populares experimentaban mejoras relativas pero insuficientes, y son quienes más claramente han vivido las consecuencias del sistema de pensiones privado que dejó a generaciones de trabajadores con jubilaciones de miseria a pesar de haber contribuido durante décadas al sistema. En su conjunto, la serie completa de gráficas sobre percepción de la distribución del ingreso dibuja el retrato más claro y desafiante del evangelicalismo latinoamericano como comunidad de fe con conciencia profética activa: mayoritariamente convencida de que la distribución del ingreso en sus países es muy injusta, equipada teológicamente para nombrar esa injusticia con el lenguaje de los profetas bíblicos, y llamada por las mismas Escrituras que informan su diagnóstico a convertirse en agente de transformación de las estructuras económicas que el Dios de la justicia aborrece y que su pueblo está llamado a cambiar.

 

 

Categorías: Entrada

deneme bonusu