Los datos del Latinobarómetro 2024, recolectados sobre una muestra representativa de encuestados evangélicos en América Latina, exponen una postura de repudio categórico ante la premisa de que la democracia sea el mejor sistema de gobierno posible, expresada mediante la opción «muy en desacuerdo». Este fenómeno de cuestionamiento radical alcanza sus cotas más drásticas en el grupo etario de 41 a 60 años, donde países como Argentina y Uruguay registran un impactante 100%, seguidos por República Dominicana con un 83%, México con un 50% y Paraguay con un 50%. De igual modo, la juventud de 16 a 25 años presenta concentraciones críticas como en Venezuela (80%) y Paraguay (50%), mientras que el segmento de 26 a 40 años muestra un rechazo extendido encabezado por México (50%) y Panamá (45%), y la cohorte de 61 años y más registra su pico más alto en Costa Rica (43%). Esta tajante desaprobación refleja un colapso severo de la fe en las instituciones democráticas liberales, donde amplios sectores del evangelicalismo latinoamericano perciben que el sistema democrático no ha logrado garantizar la justicia social, el orden moral ni el bienestar integral en la región.

Esta dimensión de rechazo absoluto al principio democrático («muy en desacuerdo») entre los evangélicos encuentra fundamento en las enseñanzas bíblicas sobre la naturaleza defectuosa de los gobiernos humanos postrados tras la caída, la soberanía suprema de Dios sobre las naciones y la inutilidad de depositar la esperanza final en ordenamientos seculares. En Daniel 2:21 se afirma que Dios «quita reyes, y pone reyes», recordando la caducidad y subordinación de todo poder humano ante los decretos divinos. Asimismo, Proverbios 29:2 advierte sobre el impacto de la gobernanza terrenal: «Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; mas cuando domina el impío, el pueblo gime», un principio que conecta con la experiencia de comunidades que han sufrido corrupción sistémica bajo regímenes democráticos formales. Finalmente, en Juan 18:36 Jesucristo declara tajantemente: «Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían». Desde una perspectiva teológica evangélica, la postura de estar «muy en desacuerdo» con la idea de que la democracia es el mejor sistema posible no implica una inclinación hacia la tiranía, sino una profunda convicción escatológica de que ningún diseño sociopolítico humano puede sustituir el reino justo de Dios, aunado al desencanto pragmático frente a democracias que han tolerado la impunidad y el deterioro moral.

El grupo etario de 16 a 25 años evidencia una polarización extrema en el rechazo categórico a la superioridad de la democracia, registrando un rango porcentual que se extiende del 0% al 80% según los datos del mapa y la tabla. Al detallar los países en orden descendente de mayor a menor porcentaje, Venezuela lidera con un abrumador 80%, seguida por Paraguay con un 50%, Ecuador con un 29%, Perú con un 28%, Bolivia con un 19%, Brasil con un 18%, Panamá con un 18%, Guatemala con un 17%, Honduras con un 16%, Colombia con un 14%, Costa Rica con un 14% y El Salvador con un 13%, mientras que Argentina, Chile, México, República Dominicana y Uruguay registran un 0%. El dramático 80% de la juventud evangélica venezolana visibiliza una generación que ha crecido en un entorno de crisis permanente, donde la apelación a la democracia es percibida como una narrativa desgastada e ineficaz para transformar su realidad. En contraste, el 0% registrado en naciones como Argentina, Chile o Uruguay en este rango etario indica que, si bien puede existir desencanto entre sus jóvenes, la postura de desaprobación total al modelo democrático no es la respuesta predominante en sus comunidades eclesiales.

La cohorte de 26 a 40 años demuestra ser un segmento de rechazo extendido y transversal en la región, configurando un rango porcentual que oscila entre el 0% y el 50%. Presentando el listado completo de países de mayor a menor porcentaje, México encabeza el grupo con un 50%, seguido por Panamá con un 45%, Brasil con un 39%, Perú con un 39%, Chile con un 33%, El Salvador con un 33%, Guatemala con un 33%, Honduras con un 32%, Costa Rica con un 29%, Ecuador con un 29%, Colombia con un 21%, Venezuela con un 20% y Bolivia con un 15%, figurando en el límite inferior con 0% Argentina, Paraguay, República Dominicana y Uruguay. La elevada concentración en México (50%), Panamá (45%), Brasil (39%) y Perú (39%) sugiere que los adultos jóvenes evangélicos, al insertarse activamente en la vida laboral y familiar, experimentan de primera mano la ineficiencia institucional, la inseguridad y la falta de oportunidades bajo administraciones democráticas. Esta franja generacional juzga con severidad pragmática las promesas no cumplidas del sistema política y canaliza su frustración hacia un rechazo categórico del axioma democrático tradicional.

El rango etario de 41 a 60 años exhibe los índices más drásticos de desacuerdo absoluto en toda la muestra analizada, trazando un abanico porcentual que va del 0% al 100%. Ordenados minuciosamente de mayor a menor porcentaje, los países se ubican de la siguiente manera: Argentina y Uruguay comparten el valor máximo absoluto con un 100%, seguidos por República Dominicana con un 83%, México con un 50%, Paraguay con un 50%, Bolivia con un 37%, Colombia con un 36%, Ecuador con un 36%, Honduras con un 35%, Chile con un 33%, El Salvador con un 33%, Brasil con un 31%, Perú con un 28%, Panamá con un 27%, Guatemala con un 25%, Costa Rica con un 14% y Venezuela con un 0%. Los datos de 100% en Argentina y Uruguay, así como el 83% en República Dominicana, resultan sumamente significativos: reflejan que los creyentes de edad mediana en estos contextos han acumulado décadas de vivencia bajo distintos gobiernos democráticos sin ver resueltos los problemas estructurales éticos ni socioeconómicos. Para este sector maduro, la democracia secular ha perdido credibilidad conceptual como «el mejor sistema», derivando en un escepticismo rotundo sobre su capacidad redentora para la sociedad.

La generación de 61 años y más presenta una distribución con picos moderados a altos en ciertos países pero con amplios sectores de nulo rechazo, estableciendo un rango que varía entre el 0% y el 43%. Al clasificar a todos los países en orden decreciente según los datos exactos de la tabla, Costa Rica lidera el segmento con un 43%, seguida de Chile con un 33%, Bolivia con un 30%, Colombia con un 29%, Guatemala con un 25%, El Salvador con un 20%, República Dominicana con un 17%, Honduras con un 16%, Brasil con un 12%, Panamá con un 9%, Ecuador con un 7% y Perú con un 6%, mientras que Argentina, México, Paraguay, Uruguay y Venezuela registran un 0%. El liderazgo de Costa Rica (43%) e importantes cifras en Chile (33%) y Bolivia (30%) indican que, incluso entre la población evangélica de la tercera edad —tradicionalmente más conservadora o respetuosa de la institucionalidad—, existe un sector relevante que cuestiona frontalmente la efectividad del sistema político. Sin embargo, la presencia de varios países con 0% muestra que para amplias comunidades de adultos mayores evangélicos el rechazo radical a la democracia no constituye la postura mayoritaria, matizando la lectura socio-religiosa a escala regional.

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