Los datos del Latinobarómetro 2024, sustentados en encuestados evangélicos distribuidos en quince países de América Latina, revelan que la respuesta «el Parlamento/Congreso» como primera mención ante la pregunta sobre quién tiene más poder en el país presenta una distribución con valores extremos y polarizados en varios países y grupos etarios, con Argentina registrando el porcentaje más alto del grupo 16-25 con 67%, Uruguay alcanzando el excepcional 80% en el segmento de 41 a 60 años y Perú liderando el grupo 26-40 con 50%, configurando percepciones muy heterogéneas sobre el poder del legislativo que reflejan realidades políticas nacionales radicalmente distintas. El grupo de 26 a 40 años registra los porcentajes más destacados con Perú encabezando con 50%, seguida de Bolivia con 35%, Brasil con 33% y Argentina con 33%. El segmento de 41 a 60 años exhibe el dato más extraordinario de toda la gráfica con Uruguay registrando 80%, seguido de México con 50%, Brasil con 46% y Colombia con 36%. El rango del grupo 16-25 oscila entre 0% y 67%, y el de 26-40 entre 0% y 50% según los mapas de la gráfica. El segmento de 61 y más presenta como valores más destacados a Chile con 36% y República Dominicana con 31%. Varios datos extremos — Uruguay 80% en 41-60, Argentina 67% en 16-25 — deben interpretarse con cautela metodológica pues probablemente reflejan submuestras reducidas en esas combinaciones específicas de país y grupo etario. Este fenómeno revela percepciones muy diversas sobre el poder del legislativo dentro del evangelicalismo latinoamericano, complementando y contrastando con los datos de la gráfica anterior sobre el gobierno como actor más poderoso.

Esta dimensión de percepción del Parlamento/Congreso como actor más poderoso entre los evangélicos encuentra un contexto teológico en las enseñanzas bíblicas sobre la deliberación colectiva, la pluralidad del liderazgo y el valor de las instituciones que representan la diversidad del pueblo ante el poder ejecutivo. Éxodo 18:25-26 narra la institución del sistema de representación plural que Jetro recomendó a Moisés: «Escogió Moisés varones de virtud de entre todo Israel, y los puso por jefes sobre el pueblo, sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta, y sobre diez. Y juzgaban al pueblo en todo tiempo; el asunto difícil lo traían a Moisés, y ellos juzgaban todo asunto pequeño.» Este modelo bíblico de gobierno plural y representativo — donde distintos niveles de representantes toman decisiones colectivas antes de escalar solo los asuntos más complejos al liderazgo supremo — es exactamente el principio que el Congreso o Parlamento institucionaliza en el sistema democrático moderno. La percepción evangélica de que el Congreso es el actor más poderoso en algunos países refleja una comprensión — aunque frecuentemente basada en experiencias específicas antes que en principios — de que el poder legislativo puede y debe ser un contrapeso efectivo al ejecutivo. Proverbios 15:22 establece el principio de la deliberación colectiva: «Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afirman», reconociendo la sabiduría inherente a los sistemas donde las decisiones importantes son tomadas por una pluralidad de representantes deliberantes antes que por un ejecutivo unipersonal. Nehemías 8:1-3 describe la asamblea del pueblo para escuchar y deliberar sobre la ley: «Entonces todo el pueblo se juntó como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, y dijeron a Esdras el escriba que trajese el libro de la ley de Moisés», estableciendo el modelo bíblico de la asamblea representativa como espacio de deliberación colectiva sobre las normas que rigen la vida comunitaria, función que el Parlamento o Congreso desempeña en las democracias modernas.

El grupo etario de 16 a 25 años evidencia la distribución más heterogénea de toda la gráfica, con Argentina encabezando con 67% — valor que debe leerse con máxima cautela metodológica pues probablemente refleja una submuestra muy reducida de jóvenes evangélicos argentinos encuestados —, seguida de Ecuador con 38%, El Salvador con 24% y Guatemala con 24%. En el extremo opuesto, Chile (0%), México (0%) y Uruguay (0%) no registran ningún joven evangélico encuestado que identifique el Congreso como el actor más poderoso de su país, configurando un rango que oscila entre 0% y 67% según los mapas de la gráfica. Los ceros de Chile, México y Uruguay en la juventud evangélica para percepción del Congreso como actor más poderoso resultan coherentes con el perfil político de los tres países: en Chile, el Congreso ha tenido históricamente una posición más débil frente al ejecutivo; en México, el Congreso ha estado frecuentemente dominado por el partido del gobierno; y en Uruguay, el Parlamento — aunque más institucionalizado que en otros países — no es percibido por la juventud creyente como el actor más dominante del escenario político. El dato extraordinariamente alto de Ecuador (38%) en la juventud para percepción del Congreso como actor más poderoso puede reflejar el período específico de la encuesta durante el cual la Asamblea Nacional ecuatoriana jugó un papel protagonista en los procesos de destitución e inestabilidad política que caracterizaron ese período.

La cohorte de 26 a 40 años exhibe una distribución más moderada, con Perú encabezando con 50% — valor que debe interpretarse con cautela metodológica —, seguida de Bolivia con 35%, Brasil con 33% y Argentina con 33%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Ecuador con apenas 18%, El Salvador con 14% y Uruguay con 0%, configurando un rango que oscila entre 0% y 50% según los mapas. El valor de Perú (50%) en este segmento resulta analíticamente coherente con el contexto de un país donde el Congreso ha sido protagonista de múltiples crisis institucionales — incluyendo la destitución de presidentes — que han convertido al poder legislativo en el actor más visible y determinante del escenario político peruano durante los últimos años. Los adultos jóvenes evangélicos peruanos han vivido en primera persona la experiencia de ver cómo el Congreso peruano ha ejercido un poder real y determinante sobre las condiciones políticas del país, lo que puede explicar su alta percepción del legislativo como actor más poderoso. El 0% de Uruguay en este segmento 26-40 contrasta dramáticamente con su 80% en el grupo 41-60 y sugiere una fractura generacional extrema dentro del evangelicalismo uruguayo sobre la percepción del poder del Parlamento, posiblemente relacionada con diferencias en cómo cada generación ha experimentado el funcionamiento del poder legislativo en distintos períodos políticos del país.

El rango etario de 41 a 60 años exhibe el dato más extraordinario de toda la gráfica con Uruguay registrando 80% — el valor más alto de cualquier país en cualquier grupo etario de toda la gráfica, que con alta probabilidad refleja una submuestra muy reducida de evangélicos uruguayos de mediana edad encuestados —, seguida de México con 50%, Brasil con 46%, Colombia con 36% y Paraguay con 36%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Argentina con 0%, Perú con 13% y Ecuador con 23%, configurando un rango que oscila entre 0% y 80% según los mapas de la gráfica. Más allá del dato estadísticamente atípico de Uruguay, México (50%) liderando en valores representativos este segmento resulta coherente con el perfil de un país donde el Congreso —dominado por el partido del gobierno — ha ejercido un poder real y determinante al aprobar reformas constitucionales de gran alcance sin negociación con la oposición, generando en los evangélicos de mediana edad la percepción de que el poder legislativo — en su función de cámara de ratificación del ejecutivo — es el actor que más directamente ha transformado las condiciones institucionales y regulatorias que afectan sus comunidades. El 0% de Argentina en este segmento de mediana edad para percepción del Congreso como actor más poderoso contrasta con el 67% de su grupo juvenil y refleja que los evangélicos argentinos de mediana edad perciben otros actores — los mercados financieros, los grandes grupos económicos, el poder judicial — como más determinantes del escenario de poder nacional que el Congreso formal.

La generación de 61 años y más presenta una distribución con Chile encabezando con 36%, seguida de República Dominicana con 31%, Venezuela con 29% y Bolivia con 25%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Argentina con 0%, Costa Rica con 18% y El Salvador con 28%, configurando un rango que oscila entre 0% y 36% según los mapas de la gráfica. El liderazgo de Chile (36%) en los adultos mayores evangélicos para percepción del Congreso como actor más poderoso resulta coherente con el perfil de una comunidad de creyentes de mayor edad que ha observado cómo el Congreso chileno — especialmente a través de su papel en el proceso de aprobación o rechazo de las propuestas constitucionales — ha ejercido un poder determinante sobre las transformaciones institucionales más importantes de las últimas décadas en ese país. Esta percepción de poder del Congreso entre los adultos mayores evangélicos chilenos no implica necesariamente satisfacción con su funcionamiento sino reconocimiento empírico de su capacidad real de influir en las condiciones políticas que afectan la vida de sus comunidades. En su conjunto, la serie de gráficas sobre percepción del poder — comenzando con el gobierno y ahora el Congreso — revela un evangelicalismo latinoamericano que percibe el poder distribuido de manera heterogénea entre distintos actores según el país y la generación, lo que constituye tanto un recurso para la participación ciudadana informada como un llamado a las iglesias a desarrollar una educación política que ayude a los creyentes a identificar con precisión dónde reside el poder en sus contextos específicos y cómo participar efectivamente en los espacios donde ese poder se ejerce y se controla, para que la misión transformadora del evangelio pueda incidir en los lugares donde las decisiones que afectan la dignidad y el bienestar de todos los ciudadanos son tomadas cotidianamente.

 

 

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