Los datos del Latinobarómetro 2024, sustentados en encuestados evangélicos distribuidos en quince países de América Latina, revelan que la respuesta «las grandes empresas» como primera mención ante la pregunta sobre quién tiene más poder en el país presenta una distribución significativa y consistente que coloca al poder corporativo como el segundo actor más frecuentemente identificado como dominante en el escenario político-económico regional, complementando y en algunos países superando la percepción del gobierno como actor más poderoso documentada en la gráfica anterior. El grupo de 26 a 40 años registra los porcentajes más destacados con Argentina encabezando con 47%, seguida de Paraguay con 46%, Perú con 43%, México con 41% y Bolivia con 37%. El segmento de 41 a 60 años también exhibe cifras relevantes con Venezuela liderando con 50%, seguida de Ecuador con 40%, Uruguay con 42% y República Dominicana con 42%. El rango del grupo 16-25 oscila entre 4% y 29%, y el de 26-40 entre 17% y 47% según los mapas de la gráfica. El segmento de 61 y más presenta como valores más destacados a Chile con 37% y Costa Rica con 28%. Este fenómeno revela que el evangelicalismo latinoamericano ha desarrollado una conciencia significativa sobre el poder de los actores económicos corporativos en sus sistemas políticos, una percepción que en varios países supera a la del gobierno como actor más dominante y que tiene profundas implicaciones tanto para la comprensión política como para la reflexión teológica sobre la relación entre la fe y las estructuras de poder económico.

Esta dimensión de percepción del poder corporativo entre los evangélicos encuentra un contexto teológico excepcionalmente rico en las enseñanzas bíblicas sobre la concentración de la riqueza y el poder económico, la advertencia contra los poderes que operan al margen de la rendición de cuentas y la responsabilidad profética de nombrar a quienes ejercen poder real sobre las condiciones de vida de los pueblos. Apocalipsis 18:3 describe con lenguaje profético el sistema de poder económico global que los comerciantes y las grandes empresas representan en el escenario del poder: «Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites», estableciendo la conexión entre el poder económico corporativo, la corrupción política que genera y la alienación espiritual que produce en las comunidades que viven bajo su influencia. Esta visión apocalíptica del poder económico como actor que captura a los actores políticos y determina las condiciones de vida de los pueblos resuena directamente con la percepción que los evangélicos latinoamericanos expresan cuando identifican a las grandes empresas como el actor más poderoso de sus países: no es una percepción de admiración sino de diagnóstico crítico sobre la estructura real del poder en sus sociedades. Santiago 5:1-4 articula la denuncia más directa del poder corporativo en el Nuevo Testamento: «¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán… He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros», estableciendo que la acumulación de riqueza empresarial a costa de los trabajadores es una forma de injusticia que Dios escucha y juzga, lo que fundamenta teológicamente la conciencia crítica de los evangélicos que identifican a las grandes empresas como el actor más poderoso — y frecuentemente más injusto — de sus escenarios políticos nacionales.

El grupo etario de 16 a 25 años evidencia los porcentajes más bajos de percepción del poder corporativo como primero en el escenario nacional, con República Dominicana encabezando con 28%, seguida de México con 29%, Venezuela con 20% y Guatemala con 26%. En el extremo inferior se ubica Uruguay con apenas 4%, Chile con 12% y Argentina con 9%, configurando un rango que oscila entre 4% y 29% según los mapas de la gráfica. Los bajos porcentajes generales en este segmento no implican que los jóvenes evangélicos no perciban el poder corporativo, sino que su primera mención tiende a distribuirse entre otros actores — el gobierno, los medios de comunicación, los partidos políticos — antes que las grandes empresas, lo que puede reflejar una menor exposición directa al mundo empresarial y laboral que caracteriza a la generación juvenil. El dato bajo de Uruguay (4%) resulta coherente con el perfil de un país donde el Estado ha mantenido históricamente mayor presencia en la economía que el sector privado corporativo, generando en la juventud creyente uruguaya la percepción de que el gobierno y las instituciones estatales ejercen más poder que las empresas privadas en la determinación de las condiciones de vida cotidianas. República Dominicana (28%) y México (29%) liderando este segmento reflejan el contexto de dos países donde la concentración económica en grandes grupos empresariales ha sido históricamente pronunciada y visible, generando incluso en los jóvenes evangélicos una conciencia temprana del peso del poder corporativo en sus escenarios nacionales.

La cohorte de 26 a 40 años demuestra ser el grupo con mayor concentración de percepción del poder corporativo como actor dominante, con Argentina encabezando con 47%, seguida de Paraguay con 46%, Perú con 43%, México con 41% y Bolivia con 37%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en República Dominicana con apenas 17%, Panamá con 22% y Honduras con 24%, configurando un rango que oscila entre 17% y 47% según los mapas. El liderazgo de Argentina (47%) en este segmento resulta analíticamente significativo porque en la gráfica anterior Argentina también lideró la percepción del gobierno como actor más poderoso (43%) en el mismo grupo, lo que implica que dentro del evangelicalismo argentino adulto-joven existe una percepción de dualidad de poder entre el gobierno y las grandes empresas sin que ninguno domine de manera exclusiva, reflejando la compleja realidad política argentina donde los grandes grupos económicos y el poder estatal han mantenido una relación de tensión y negociación que determina las condiciones de vida de todos los ciudadanos incluyendo las comunidades evangélicas. Paraguay (46%) en segundo lugar resulta especialmente significativo en el contexto de un país donde la concentración de la tierra y el poder económico en grandes empresas agropecuarias y grupos empresariales es una de las más extremas de América Latina, generando en los adultos jóvenes evangélicos paraguayos una percepción clara y bien fundamentada empíricamente de que son las grandes empresas — antes que el gobierno — quienes determinan las condiciones estructurales más importantes de su escenario nacional.

El rango etario de 41 a 60 años exhibe los valores más altos de percepción del poder corporativo en varios países, con Venezuela liderando con 50%, seguida de Uruguay con 42%, República Dominicana con 42%, Ecuador con 40% y Honduras con 36%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Chile con apenas 26%, México con 18% y Panamá con 39%, configurando un rango que oscila entre 18% y 50% según los mapas de la gráfica. El liderazgo de Venezuela (50%) en este segmento de mediana edad para percepción del poder corporativo resulta paradójico en un país donde el gobierno ha sido históricamente el actor más dominante de la economía, habiendo nacionalizado sectores enteros de la industria y el comercio. Sin embargo, puede interpretarse desde la perspectiva de los adultos evangélicos venezolanos de mediana edad que observan cómo los grupos empresariales que sobrevivieron a las nationalizaciones — incluyendo aquellos con vínculos con el poder político — ejercen un control determinante sobre los bienes y servicios básicos cuya disponibilidad y precio afectan directamente la supervivencia cotidiana de sus familias y comunidades. Uruguay (42%) en segundo lugar resulta revelador en el contexto del país con mayor presencia estatal en la economía de América Latina: los evangélicos uruguayos de mediana edad que en la gráfica anterior no identificaron al gobierno como el actor más poderoso ahora señalan a las grandes empresas, lo que puede reflejar la percepción de que los grandes grupos económicos privados — incluidas las empresas transnacionales que operan en Uruguay — ejercen un poder real sobre las condiciones de vida que el Estado, a pesar de su presencia, no logra contrarrestar efectivamente.

La generación de 61 años y más presenta la distribución más reveladora de la serie, con Chile encabezando con 37%, seguida de Costa Rica con 28%, Bolivia con 17% y Uruguay con 25%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Venezuela con 0% — valor que contrasta dramáticamente con su liderazgo de 50% en el grupo 41-60 y que probablemente refleja una submuestra muy reducida —, Ecuador con 3% y Guatemala con 10%, configurando un rango que oscila entre 0% y 37% según los mapas de la gráfica. El liderazgo de Chile (37%) en los adultos mayores evangélicos para percepción del poder corporativo como actor más dominante resulta especialmente significativo y coherente con el perfil de un país donde el modelo económico neoliberal implementado durante la dictadura y mantenido — aunque con modificaciones crecientes — durante los gobiernos democráticos posteriores produjo una de las mayores concentraciones de poder corporativo de América Latina, con grandes grupos económicos que controlan sectores estratégicos de la economía y cuya influencia sobre las condiciones de vida de los ciudadanos es percibida por los adultos mayores evangélicos chilenos como más determinante que la del gobierno formal. Esta percepción está respaldada por la historia reciente: el estallido social de 2019 fue precisamente la expresión masiva del descontento con un sistema donde el poder corporativo — en las pensiones, la salud, la educación, los servicios básicos — había producido condiciones de vida que la mayoría de los chilenos consideraba injustas, y los adultos mayores evangélicos que vivieron ese período han internalizado la percepción de que las grandes empresas son el actor más poderoso de su escenario nacional. En su conjunto, los datos sobre percepción del poder corporativo revelan un evangelicalismo latinoamericano con una conciencia crítica significativa sobre el peso del poder económico en sus sistemas políticos, lo que constituye un recurso teológico y pastoral valioso: las comunidades de fe que identifican a las grandes empresas como actores de poder dominantes están en mejores condiciones de ejercer la función profética que las Escrituras les asignan de denunciar las injusticias de los sistemas económicos y de trabajar activamente por estructuras que sirvan el bien de todos antes que la acumulación de los pocos

 

 

Categorías: Entrada

deneme bonusu