
Los datos del Latinobarómetro 2024, sustentados en encuestados evangélicos distribuidos en quince países de América Latina, revelan que la respuesta «las redes sociales» como primera mención ante la pregunta sobre quién tiene más poder en el país presenta la distribución más heterogénea, polarizada y estadísticamente volátil de toda la serie sobre percepciones de poder, con valores que oscilan entre 0% y 100% dentro del mismo grupo etario — México registrando 100% en el grupo 26-40 y múltiples países registrando 0% en el mismo segmento — lo que confirma que esta categoría captura submuestras muy reducidas de encuestados específicos cuyas respuestas producen porcentajes extremos que deben interpretarse con máxima cautela metodológica. Los valores más representativos del grupo de 26 a 40 años incluyen a Bolivia con 75%, Colombia con 71% y Chile con 57%, todos ellos probablemente reflejando submuestras pequeñas. En el segmento de 41 a 60 años los valores más destacados son Ecuador con 57%, El Salvador con 44% y Panamá con 43%. El rango del grupo 16-25 oscila entre 0% y 50%, y el de 26-40 entre 0% y 100% según los mapas de la gráfica. El segmento de 61 y más presenta como valores más destacados a Uruguay con 50% y Venezuela con 50%. A pesar de las limitaciones metodológicas señaladas, el hecho mismo de que las redes sociales emerjan como primera mención de poder en proporciones significativas en varios contextos específicos revela que una porción del evangelicalismo latinoamericano ha comenzado a reconocer en las plataformas digitales un actor de poder político real en sus escenarios nacionales, lo que constituye un fenómeno teológicamente relevante y pastoralmente significativo.
Esta dimensión de percepción del poder de las redes sociales entre los evangélicos encuentra un contexto teológico particularmente complejo en las enseñanzas bíblicas sobre el poder de la palabra, la responsabilidad del discurso público y las advertencias sobre los sistemas de información y comunicación que pueden tanto edificar como destruir las comunidades humanas. Proverbios 18:21 establece el principio bíblico más directo sobre el poder de la comunicación: «La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos», lo que en el contexto de las redes sociales se traduce en la comprensión de que las plataformas que amplifican millones de voces simultáneamente concentran un poder sobre la vida y la muerte — política, social, económica y a veces literal — que las Escrituras identifican como de la mayor gravedad. Efesios 4:29 establece el estándar bíblico para la comunicación responsable: «Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes», principio que las redes sociales frecuentemente violan a escala masiva al diseñar algoritmos que priorizan el contenido que genera más reacción emocional — frecuentemente la indignación, el miedo y la división — antes que el contenido que edifica y produce gracia. Apocalipsis 13:14-15 describe el poder de la «imagen de la bestia» para hablar y hacer que todos la adoren como una forma de poder de comunicación masiva que genera adhesión sin deliberación racional, lo que algunos teólogos evangélicos contemporáneos han aplicado como marco interpretativo a las redes sociales en su capacidad de generar identidades políticas, adhesiones ideológicas y comportamientos colectivos a través de la exposición masiva y repetida a narrativas diseñadas para capturar la atención antes que para informar con verdad.
El grupo etario de 16 a 25 años evidencia los porcentajes más heterogéneos y con mayor presencia de valores extremos, con Paraguay encabezando con 50%, seguida de Venezuela con 50%, Argentina con 40% y Guatemala con 29%. En el extremo opuesto, Bolivia (0%), Colombia (0%), México (0%) y Uruguay (0%) no registran ningún joven evangélico encuestado que identifique las redes sociales como el actor más poderoso de su país, configurando un rango que oscila entre 0% y 50% según los mapas de la gráfica. Los valores extremos de Paraguay (50%) y Venezuela (50%) en la juventud evangélica para percepción de las redes sociales como actor más poderoso resultan analíticamente interesantes aunque metodológicamente sospechosos: en Paraguay, la alta penetración de redes sociales entre la juventud y su uso intensivo para la organización política y social puede haber generado en los jóvenes creyentes paraguayos la percepción de que estas plataformas ejercen más poder real sobre las condiciones políticas y sociales que cualquier institución formal. En Venezuela, la percepción del poder de las redes sociales entre los jóvenes evangélicos puede vincularse con la experiencia concreta de comunidades donde las plataformas digitales han sido uno de los pocos canales disponibles para la comunicación libre, la organización de la sociedad civil y el mantenimiento de redes de apoyo ante la restricción de los medios tradicionales.
La cohorte de 26 a 40 años exhibe los valores más extremos de toda la gráfica, con México registrando 100% — el valor más extraordinario de cualquier país en cualquier grupo etario de toda la serie sobre percepción del poder, que con absoluta certeza refleja una submuestra de uno o muy pocos encuestados mexicanos de esta cohorte que seleccionaron las redes sociales como primera mención —, seguida de Bolivia con 75%, Colombia con 71% y Chile con 57%, todos valores que igualmente deben interpretarse con cautela metodológica extrema. Los valores más representativos y estadísticamente más confiables del grupo incluyen a Guatemala con 48%, Honduras con 44% y Panamá con 39%, configurando un rango que oscila entre 0% y 100% según los mapas. Los valores representativos de Guatemala (48%), Honduras (44%) y Panamá (39%) en el grupo 26-40 para percepción del poder de las redes sociales revelan que en los países centroamericanos la generación evangélica adulto-joven ha desarrollado la mayor conciencia del poder digital como actor político real, lo que puede vincularse con el papel que las redes sociales han jugado en la organización de movimientos políticos, la difusión de información alternativa a los medios tradicionales y la movilización ciudadana en esos países durante los últimos años. Esta percepción del poder digital entre los adultos jóvenes evangélicos centroamericanos tiene implicaciones pastorales directas: son las comunidades más expuestas a la influencia de las redes sociales sobre la formación de sus percepciones políticas y sociales, y por tanto las que más necesitan de una teología del discernimiento digital que les ayude a navegar ese ecosistema con sabiduría y criterio cristiano.
El rango etario de 41 a 60 años exhibe valores más representativos estadísticamente en varios países, con Ecuador liderando con 57%, seguida de El Salvador con 44%, Panamá con 43% y Honduras con 39%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en México con 0%, Venezuela con 0% y República Dominicana con 10%, configurando un rango que oscila entre 0% y 57% según los mapas de la gráfica. Ecuador (57%) liderando este segmento para percepción del poder de las redes sociales entre los evangélicos de mediana edad resulta analíticamente coherente con el contexto de un país que ha experimentado en los últimos años episodios dramáticos de violencia, crisis política e inestabilidad donde las redes sociales jugaron un papel central en la difusión de información, la organización de respuestas ciudadanas y la formación de narrativas sobre los eventos en curso. Los evangélicos ecuatorianos de mediana edad que identifican las redes sociales como el actor más poderoso de su escenario nacional han observado cómo estas plataformas han podido movilizar a la población, configurar la agenda política y determinar la percepción pública de los líderes y los eventos de una manera que ninguna institución formal — gobierno, Congreso, partidos — ha logrado igualar en velocidad e impacto inmediato.
La generación de 61 años y más presenta la distribución más llamativa de esta gráfica fuera de los valores extremos metodológicamente sospechosos, con Uruguay encabezando con 50% y Venezuela con 50% — ambos valores probablemente reflejando submuestras reducidas —, seguidos de Ecuador con 29%, Chile con 29% y República Dominicana con 24%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Argentina con 0%, Bolivia con 0% y México con 0%, configurando un rango que oscila entre 0% y 50% según los mapas de la gráfica. Los valores representativos de Ecuador (29%), Chile (29%) y República Dominicana (24%) en los adultos mayores evangélicos para percepción del poder de las redes sociales resultan los más analíticamente interesantes de este segmento porque reflejan la conciencia que algunos grupos de adultos mayores creyentes han desarrollado sobre el poder real que las plataformas digitales ejercen sobre el discurso político y la formación de opinión pública en sus países. Los adultos mayores evangélicos que han observado cómo las redes sociales han transformado los debates políticos, han facilitado la organización de movimientos sociales y han amplificado tanto la verdad como la desinformación en sus países han llegado a la conclusión de que estas plataformas representan un actor de poder tan real y determinante como cualquier institución formal del sistema político. En su conjunto, los datos sobre percepción del poder de las redes sociales — a pesar de sus limitaciones metodológicas — revelan que el evangelicalismo latinoamericano está comenzando a incorporar en su comprensión del escenario de poder a los actores digitales que han transformado profundamente la política, la comunicación y la formación de identidades colectivas en la región, lo que constituye tanto un desafío pastoral urgente — las iglesias necesitan desarrollar una teología robusta del discernimiento digital — como una oportunidad misional sin precedentes — las mismas plataformas que concentran tanto poder pueden ser canales para la difusión del evangelio y la construcción de comunidades de fe que trascienden las fronteras geográficas tradicionales.
