Los datos del Latinobarómetro 2024, basados en 19.215 encuestados evangélicos a lo largo de América Latina, revelan que la respuesta «algo de confianza» ante la pregunta sobre el potencial de las redes sociales para mejorar la calidad de vida constituye la postura predominante y más extendida regionalmente, superando en consistencia a la confianza plena analizada previamente. El grupo de 26 a 40 años registra los porcentajes más elevados en la mayoría de los países, con Perú en 46%, Uruguay en 48%, Brasil en 45%, Bolivia en 36% y Argentina en 42%. El segmento juvenil de 16 a 25 años también muestra valores destacados, encabezado por Paraguay con 50%, Honduras con 41%, Bolivia con 36% y Guatemala con 36%. El rango general del grupo 16-25 oscila entre 11% y 50%, mientras que el de 26-40 lo hace entre 25% y 48%, según los mapas de la gráfica. Esta distribución sugiere que la confianza moderada —ni entusiasta ni negativa— representa la actitud hegemónica del evangelicalismo latinoamericano frente a la tecnología digital, configurando una postura de pragmatismo cauteloso que merece análisis teológico y sociológico profundo.

Esta dimensión de confianza moderada en las redes sociales entre los evangélicos encuentra un fundamento teológico en las enseñanzas bíblicas sobre el discernimiento, la prudencia y el uso responsable de los medios disponibles para el bien común. El libro de Santiago 1:5 declara: «Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.» Esta invitación a la sabiduría divina como orientadora de las decisiones cotidianas —incluyendo las tecnológicas— sintoniza perfectamente con la actitud de «algo de confianza» que ni rechaza ni idolatra las plataformas digitales. Proverbios 14:15 añade: «El simple cree todo lo que le dicen; el prudente mira bien sus pasos.» La tradición evangélica latinoamericana, profundamente marcada por la lectura bíblica devocional y la ética comunitaria, ha cultivado históricamente una relación ambivalente con los medios de comunicación masiva: reconociéndolos como canales útiles para la evangelización y la edificación, pero desconfiando de sus potenciales efectos corruptores sobre los valores morales y la cohesión familiar. Efesios 5:15-16 exhorta: «Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.» Esta confianza parcial que emerge de los datos puede interpretarse, desde la fe evangélica, como una expresión colectiva de mayordomía digital: usar las redes sin ser usados por ellas.

El grupo etario de 16 a 25 años evidencia una distribución notablemente amplia que refleja la diversidad de contextos nacionales en los que los jóvenes evangélicos latinoamericanos se relacionan con las redes sociales. Paraguay lidera este segmento con un 50%, seguido de Honduras con 41%, Bolivia con 36%, Guatemala con 36%, Ecuador con 31% y Colombia con 29%. En el extremo inferior se ubican Brasil con 11%, Uruguay con 11% y Panamá con 24%, configurando un rango que oscila entre 11% y 50%. Resulta revelador que precisamente los países donde la juventud evangélica mostró menor «mucha confianza» en la gráfica anterior —como Brasil y Uruguay— tampoco expresen «algo de confianza» en proporciones elevadas en este segmento, lo que podría indicar una tendencia más crítica o desencantada con las redes sociales entre la juventud evangélica de esos contextos nacionales. En Paraguay, donde el 50% de los jóvenes expresa confianza moderada —y simultáneamente el 50% expresó mucha confianza en la gráfica anterior— la percepción positiva del potencial social de las redes sociales parece ser una característica dominante del evangelicalismo juvenil paraguayo, posiblemente vinculada a dinámicas de expansión eclesial digital y construcción de identidad religiosa en plataformas como TikTok y YouTube.

La cohorte de 26 a 40 años demuestra ser el grupo con mayor densidad de confianza moderada en prácticamente toda la región, consolidándose como la generación evangélica que más consistentemente percibe en las redes sociales un instrumento parcialmente útil para la mejora social. Uruguay encabeza con 48%, seguido de Perú con 46%, Brasil con 45%, Argentina con 42%, México con 41% y Perú con 46%. El rango de este segmento se extiende entre 25% y 48% según los mapas de la gráfica. Esta generación —que creció con la expansión masiva de internet y adoptó las redes sociales durante su juventud— ha tenido tiempo suficiente para observar tanto los beneficios como las limitaciones de estas plataformas en su experiencia de vida, lo que explicaría la prevalencia de una confianza matizada antes que absoluta. En el contexto eclesial evangélico, esta cohorte frecuentemente representa la bisagra entre líderes mayores más escépticos y jóvenes más entusiastas, ejerciendo un rol mediador en las decisiones congregacionales sobre comunicación digital, transmisiones en vivo y uso de redes para la pastoral y la misión.

El rango etario de 41 a 60 años exhibe una tendencia general hacia porcentajes más moderados, aunque con excepciones que iluminan dinámicas nacionales específicas dentro del evangelicalismo latinoamericano. Brasil lidera con 37%, seguido de Costa Rica con 36%, Panamá con 37%, Argentina con 30%, Ecuador con 30% y República Dominicana con 31%. En contraste, Paraguay registra el porcentaje más bajo del grupo con apenas 10%, mientras que Perú también muestra una cifra reducida de 14%, configurando un rango que oscila entre 10% y 37% según los mapas. La reducción generalizada respecto a los grupos más jóvenes es esperable desde una perspectiva sociológica, pero lo verdaderamente significativo es que países como Brasil y Costa Rica mantienen niveles relativamente altos incluso en esta franja, lo que sugiere que la penetración de la tecnología digital en las iglesias evangélicas de esos países —a través de ministerios en línea, grupos de WhatsApp congregacionales y canales de YouTube pastorales— ha generado experiencias concretas y positivas que sustentan una confianza moderada sostenida incluso entre creyentes de mediana edad.

La generación de 61 años y más presenta los porcentajes más bajos del conjunto, con la notable excepción de Venezuela, que registra el valor más alto del grupo con 19%, seguido de Colombia con 16%, Argentina con 9%, Bolivia con 10% y México con 12%. Varios países como Paraguay (0%) no presentan ningún porcentaje de confianza moderada en este segmento, mientras que Ecuador apenas alcanza el 3% y Guatemala el 6%, configurando un rango que oscila entre 0% y 19% según los mapas de la gráfica. El caso de Venezuela resulta especialmente elocuente desde una perspectiva pastoral y sociológica: en un contexto de profunda crisis económica, migración masiva y restricción informativa, los adultos mayores evangélicos venezolanos han encontrado en las redes sociales uno de los pocos canales disponibles para mantener vínculos familiares con la diáspora, recibir apoyo económico transnacional y preservar la comunión eclesial a distancia, lo que confiere a estas plataformas un valor pragmático de sobrevivencia comunitaria que transforma la confianza tecnológica en un acto de resiliencia espiritual y humana. La fe evangélica, siempre atenta a la acción de Dios en medio de la adversidad, interpreta estos canales no como fines en sí mismos, sino como instrumentos providenciales al servicio de la comunidad de creyentes dispersa.

 

 

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