
Los datos del Latinobarómetro 2024, sustentados en encuestados evangélicos distribuidos en quince países de América Latina, revelan que la respuesta «de acuerdo» ante la afirmación de que no importaría que un gobierno no democrático llegara al poder si resuelve los problemas presenta una distribución consistente y representativa que, sumada a los porcentajes de «muy de acuerdo» analizados en la gráfica anterior, confirma que proporciones mayoritarias del evangelicalismo latinoamericano en varios países mantienen algún nivel de disposición al autoritarismo pragmático como alternativa al sistema democrático. El grupo de 26 a 40 años registra los porcentajes más destacados con Perú encabezando con 43%, seguido de México con 42%, Uruguay con 42%, Brasil con 37% y Honduras con 35%. El segmento de 41 a 60 años también exhibe cifras relevantes con Ecuador liderando con 35%, Costa Rica con 33%, Argentina con 32% y Chile con 30%. El rango del grupo 16-25 oscila entre 5% y 42%, y el de 26-40 entre 23% y 43% según los mapas de la gráfica. El segmento de 61 y más presenta como valores más destacados a Chile con 35% y Argentina con 20%. Este fenómeno, analizado en conjunto con la gráfica anterior de «muy de acuerdo», revela que la disposición al autoritarismo pragmático —en su grado moderado— es igualmente extendida y preocupante, añadiendo proporciones adicionales significativas al retrato de un evangelicalismo latinoamericano donde la adhesión condicionada a la democracia coexiste con una apertura considerable a sistemas de gobierno no democráticos si estos producen los resultados concretos que la democracia no ha podido garantizar.
Esta dimensión de disposición moderada al autoritarismo pragmático entre los evangélicos encuentra un contexto teológico perturbador que interpela directamente a la responsabilidad de las iglesias en la formación política de sus miembros. La historia bíblica ofrece múltiples ejemplos de la tentación de Israel de preferir la seguridad y la eficiencia del poder concentrado sobre la complejidad de los arreglos políticos que preservan la pluralidad y la rendición de cuentas. En 1 Samuel 8:19-20, el pueblo de Israel insiste ante Samuel: «No, sino que habrá rey sobre nosotros; y nosotros seremos también como todas las naciones, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras.» Esta demanda de un rey fuerte que resuelva los problemas de seguridad —incluso a costa de las libertades que el sistema anterior garantizaba— describe con precisión sociológica la actitud de los evangélicos que acuerdan con la afirmación analizada: prefieren la eficiencia del poder concentrado sobre la lentitud y la incertidumbre del proceso democrático. Sin embargo, la advertencia de Samuel en 1 Samuel 8:11-18 cataloga minuciosamente los costos del poder concentrado —el reclutamiento forzado de los hijos, la apropiación de las tierras, la servidumbre— como el precio inevitable que se paga por la eficiencia autoritaria, estableciendo que ningún gobierno poderoso resuelve los problemas sin crear otros igualmente graves. Proverbios 29:12 añade: «Si un gobernante atiende la palabra mentirosa, todos sus servidores serán impíos», señalando que los sistemas donde el poder se concentra sin contrapesos tienden inevitablemente hacia la corrupción y la injusticia que inicialmente prometían resolver, lo que hace de la disposición al autoritarismo pragmático una ilusión políticamente ingenua además de teológicamente problemática.
El grupo etario de 16 a 25 años evidencia una distribución moderada con Paraguay encabezando con 42%, seguido de Ecuador con 30%, Bolivia con 29% y Guatemala con 28%. En el extremo inferior se ubican Uruguay con apenas 5%, Chile con 7% y Argentina con 17%, configurando un rango que oscila entre 5% y 42% según los mapas de la gráfica. El liderazgo de Paraguay (42%) en la juventud evangélica para disposición moderada al autoritarismo pragmático confirma el patrón ya establecido de distribución amplia y diversa dentro del evangelicalismo juvenil paraguayo, aunque resulta particularmente significativo que la disposición de acuerdo con un gobierno no democrático si resuelve los problemas sea tan elevada entre los jóvenes creyentes paraguayos. En un país donde la concentración del poder político y económico ha sido históricamente dominada por élites con escasa rendición de cuentas democrática, la juventud evangélica paraguaya puede haber desarrollado una evaluación pragmática de los sistemas de gobierno que antepone los resultados a los procedimientos, sin haber tenido la experiencia formativa de un sistema autoritario formal que les permitiera evaluar con mayor conciencia histórica los costos reales del poder sin contrapesos. El dato de Uruguay (5%) confirmando el menor nivel de disposición autoritaria pragmática entre la juventud evangélica de toda la muestra resulta coherente con el perfil de un país donde la cultura democrática más consolidada de América Latina ha producido en sus jóvenes creyentes una mayor resistencia a la tentación del autoritarismo eficiente como alternativa al proceso democrático.
La cohorte de 26 a 40 años demuestra ser el grupo con mayor concentración de disposición moderada al autoritarismo pragmático, con Perú encabezando con 43%, seguido de México con 42%, Uruguay con 42%, Brasil con 37% y Honduras con 35%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en República Dominicana con apenas 23%, Ecuador con 26% y Colombia con 30%, configurando un rango que oscila entre 23% y 43% según los mapas. El empate casi perfecto entre Perú (43%), México (42%) y Uruguay (42%) en los valores más altos de este segmento resulta analíticamente revelador por las mismas razones que en análisis anteriores de esta serie: reúne tres experiencias democráticas muy distintas —el caos institucional peruano, los problemas estructurales mexicanos y la sólida democracia uruguaya— en niveles similares de disposición moderada al autoritarismo pragmático, confirmando que este fenómeno no está determinado exclusivamente por la calidad objetiva del sistema democrático sino también por el nivel de expectativas que cada contexto cultural y religioso genera. Uruguay (42%) liderando junto a México y Perú en la disposición moderada al autoritarismo pragmático en el grupo 26-40 —siendo simultáneamente el país con mayor calidad democrática de la región— sugiere que la exigencia democrática elevada que caracteriza a la cultura política uruguaya genera en la generación evangélica de adultos jóvenes una apertura a alternativas cuando la democracia existente no cumple con esos estándares elevados, aunque esa apertura no llegue necesariamente a la disposición plena documentada en la gráfica anterior.
El rango etario de 41 a 60 años exhibe una distribución con Ecuador liderando con 35%, seguida de Guatemala con 36%, Costa Rica con 33%, Argentina con 32% y Chile con 30%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Perú con apenas 21%, República Dominicana con 36% y Venezuela con 30%, configurando un rango que oscila entre 21% y 36% según los mapas de la gráfica. El liderazgo de Ecuador (35%) y Guatemala (36%) en este segmento de mediana edad para disposición moderada al autoritarismo pragmático resulta coherente con el perfil de dos países donde las instituciones democráticas han demostrado repetidamente su incapacidad de resolver problemas fundamentales de seguridad, corrupción y desigualdad que afectan directamente la vida de las comunidades evangélicas de mediana edad. Los evangélicos guatemaltecos de 41 a 60 años han vivido en su madurez productiva en un contexto de alta violencia, impunidad estructural y captura del Estado por grupos criminales y económicos que han convertido la democracia formal en un cascarón vacío de contenido real, generando la disposición moderada al autoritarismo pragmático que los datos cuantifican como la postura de un segmento significativo de creyentes que han perdido la fe en la capacidad del sistema democrático para producir los cambios que necesitan sin que ello implique necesariamente una adhesión ideológica al autoritarismo como sistema preferido.
La generación de 61 años y más presenta una distribución con Chile encabezando con 35%, seguida de Argentina con 20%, Costa Rica con 23%, Colombia con 21% y Uruguay con 21%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Bolivia con apenas 11%, Paraguay con 5% y Ecuador con 9%, configurando un rango que oscila entre 5% y 35% según los mapas de la gráfica. El liderazgo de Chile (35%) en los adultos mayores evangélicos para disposición moderada al autoritarismo pragmático constituye uno de los datos más históricamente perturbadores de toda la serie: los adultos mayores evangélicos chilenos —quienes con mayor probabilidad tienen memoria directa de la dictadura de Pinochet y sus consecuencias sobre las libertades civiles y los derechos humanos— expresan la mayor disposición de su segmento a aceptar un gobierno no democrático si resuelve los problemas. Esta aparente paradoja puede interpretarse desde la perspectiva de que los recuerdos del período autoritario en sectores evangélicos chilenos que se beneficiaron de ciertas políticas de ese gobierno generaron una memoria ambivalente sobre la dictadura que, combinada con la frustración ante los problemas no resueltos de la democracia chilena posterior —desigualdad, pensiones insuficientes, servicios públicos deteriorados— produce en algunos adultos mayores creyentes la disposición pragmática a considerar alternativas no democráticas si estas producen resultados concretos. En su conjunto, la serie completa sobre disposición al autoritarismo pragmático revela un desafío pastoral y teológico urgente para el evangelicalismo latinoamericano: la necesidad de desarrollar una educación cívica y política fundamentada en los principios bíblicos de dignidad humana, limitación del poder, rendición de cuentas y protección de las libertades que permita a los creyentes resistir la tentación del autoritarismo eficiente con argumentos que van más allá de la preferencia política para arraigarse en la convicción más profunda de que el respeto a la imagen de Dios en cada persona exige sistemas políticos que garanticen la participación, la voz y los derechos de todos los ciudadanos independientemente de su capacidad para resolver problemas en el corto plazo.
