
El análisis de la expectativa de que la generación que viene sea “más” próspera que la actual entre los evangélicos latinoamericanos, con base en encuestados del Latinobarómetro 2024, muestra que el optimismo generacional es más homogéneo en el grupo de 26 a 40 años (24% a 41%) y alcanza su valor más alto en los jóvenes de 16 a 25 años, donde llega a 44%. En el grupo de 16 a 25 años destacan Paraguay (44%), Bolivia (39%), Perú (34%) y Guatemala (33%). En el de 26 a 40 años sobresalen Colombia (41%), Argentina (40%), Costa Rica (38%) y Perú (34%). En el de 41 a 60 años lideran Chile y Uruguay (39% cada uno), Brasil (35%), Venezuela (34%) y Ecuador (33%). En el de 61 años y más encabezan Uruguay (28%), Chile (24%), Honduras (23%) y Venezuela (21%). El fenómeno indica que la esperanza en la prosperidad de los hijos no sigue un patrón único: en algunos países pertenece a los jóvenes y en otros a los adultos mayores, y es en general más baja entre los de 61 años y más. Esto sugiere que la confianza en el porvenir material de la siguiente generación depende tanto de la etapa de vida como de la experiencia económica de cada nación.
Esta dimensión de la expectativa de prosperidad generacional entre los evangélicos encuentra su contexto en las enseñanzas bíblicas sobre la herencia, la bendición a la descendencia y los planes de Dios para su pueblo. Proverbios 13:22 afirma: “El bueno dejará herederos a los hijos de sus hijos; pero la riqueza del pecador está guardada para el justo”. El Salmo 112:2 declara: “Su descendencia será poderosa en la tierra; la generación de los rectos será bendita”. Jeremías 29:11 añade: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”. Estos textos presentan la preocupación por los hijos y los nietos como parte de la vida de fe: el creyente trabaja, ahorra y ora pensando en quienes vendrán después. Desde esa perspectiva, esperar que la próxima generación viva mejor puede leerse como expresión de confianza en la fidelidad de Dios y de compromiso con la mayordomía familiar. También puede reflejar la realidad de congregaciones que acompañan a las familias en lo educativo y lo económico. Los porcentajes, que no superan el 44% en ningún grupo etario, muestran que esa esperanza convive con una cautela que nace de las condiciones económicas de cada país.
El grupo de 16 a 25 años exhibe la mayor dispersión de toda la tabla, con un rango de 7% a 44%. Paraguay lidera con 44%, seguido por Bolivia (39%), Perú (34%), Guatemala (33%), El Salvador (24%), Panamá (23%), Ecuador y República Dominicana (22% cada uno), Venezuela (21%), Argentina, Brasil, Honduras y México (20% cada uno), Costa Rica (19%), Colombia (18%), Chile (12%) y Uruguay (7%). La brecha de 37 puntos entre Paraguay y Uruguay es la más amplia de las cuatro cohortes. Las causas posibles son variadas. En Paraguay, Bolivia, Perú y Guatemala, los jóvenes evangélicos pueden asociar el futuro con una expansión de oportunidades educativas y laborales, o con el crecimiento económico reciente de sus países. En Uruguay (7%) y Chile (12%), el bajo porcentaje podría reflejar una mirada más crítica sobre la movilidad social o el costo de vida entre quienes están comenzando su vida adulta. Estos países mantienen además valores bajos en esta cohorte frente a la región.
La cohorte de 26 a 40 años demuestra el optimismo más parejo, con valores entre 24% y 41%. Colombia encabeza con 41%, seguida por Argentina (40%), Costa Rica (38%), Perú (34%), El Salvador, México, Panamá y República Dominicana (32% cada uno), Ecuador (31%), Brasil (30%), Guatemala y Paraguay (29% cada uno), Honduras (28%), Bolivia y Uruguay (26% cada uno), y Chile y Venezuela (24% cada uno). Diez de los diecisiete países alcanzan o superan el 30%, lo que convierte a esta cohorte en la de mayor consenso. Es la etapa de formación de familias, crianza de los hijos y plena actividad laboral, en la que la pregunta por el futuro de la generación siguiente se vive de forma directa. Llaman la atención los saltos de Colombia, que pasa de 18% entre los más jóvenes a 41%, y de Argentina, que sube de 20% a 40%, lo que sugiere que la esperanza en el futuro de los hijos se fortalece al asumir las responsabilidades de la vida adulta.
El rango etario de 41 a 60 años evidencia un perfil de contrastes marcados, con valores entre 17% y 39%. Chile y Uruguay lideran con 39% cada uno, seguidos por Brasil (35%), Venezuela (34%), Ecuador (33%), México (32%), República Dominicana (31%), El Salvador (30%), Panamá (29%), Honduras (28%), Bolivia (26%), Argentina, Costa Rica y Guatemala (24% cada uno), Colombia y Perú (20% cada uno) y Paraguay (17%). Uruguay muestra una progresión llamativa, de 7% entre los más jóvenes a 26% en el grupo de 26 a 40 y 39% en este, y Chile pasa de 12% a 24% y luego a 39%. En ambos países, el optimismo parece crecer con la edad hasta esta cohorte. Paraguay presenta el patrón inverso, con un descenso constante de 44% a 29% y 17%. Esta generación, con hijos ya jóvenes o adultos, puede evaluar el futuro con base en lo que ha visto de la trayectoria de su propia familia y de su país.
El grupo de 61 años y más exhibe el menor optimismo en la mayoría de los países, con un rango de 10% a 28%. Uruguay lidera con 28%, seguido por Chile (24%), Honduras (23%), Venezuela (21%), Colombia (20%), Costa Rica (19%), Argentina y México (16% cada uno), Brasil, Panamá y República Dominicana (15% cada uno), Ecuador, El Salvador y Guatemala (14% cada uno), Perú (11%) y Bolivia y Paraguay (10% cada uno). Paraguay, que registra 44% entre los jóvenes, cae aquí a 10%, una diferencia de 34 puntos, la mayor entre extremos de edad de toda la tabla. Bolivia, con 39% entre los jóvenes y 10% entre los mayores, sigue el mismo patrón. Los mayores pueden ser más cautelosos por haber visto a lo largo de décadas crisis económicas, inflación y promesas de desarrollo incumplidas. Uruguay y Chile se apartan de este patrón con los porcentajes más altos del grupo. Para estos creyentes de larga trayectoria, la bendición a los hijos de los hijos que enseña el Salmo 112:2 puede descansar menos en las proyecciones económicas y más en la fidelidad de Dios a través de las generaciones.
