
Los datos del Latinobarómetro 2024, sustentados en encuestados evangélicos distribuidos en quince países de América Latina, revelan que la respuesta «muy en desacuerdo» ante la afirmación de que deberíamos deshacernos de las elecciones y el parlamento y dejar que los expertos tomaran las decisiones por la gente presenta una distribución que concentra sus valores más elevados en los grupos de 26 a 40 y 41 a 60 años, con México registrando el porcentaje más alto del grupo adulto-joven con 52% y Uruguay liderando el segmento de mediana edad con 52%, configurando el indicador más directo de resistencia evangélica a la tentación tecnocrática como sustituto de la democracia representativa. El grupo de 26 a 40 años registra los porcentajes más destacados con México encabezando con 52%, seguido de Guatemala con 45%, Brasil con 39%, Perú con 36% y Argentina con 36%. El segmento de 41 a 60 años exhibe cifras igualmente relevantes con Uruguay liderando con 52%, seguido de Venezuela con 35%, Panamá con 38%, Costa Rica con 33% y Brasil con 33%. El rango del grupo 16-25 oscila entre 10% y 38%, y el de 26-40 entre 21% y 52% según los mapas de la gráfica. El segmento de 61 y más presenta como valores más destacados a Chile con 29% y Argentina con 21%. Este fenómeno, que inicia una nueva serie sobre actitudes hacia la tecnocracia como alternativa al sistema representativo, revela que la resistencia firme a la sustitución de las elecciones y el parlamento por decisiones de expertos captura proporciones significativas pero no mayoritarias del evangelicalismo latinoamericano, configurando un mapa de defensa de la soberanía popular que complementa y matiza el retrato democrático construido en las series anteriores.
Esta dimensión de rechazo pleno a la tecnocracia como sustituto de la democracia representativa entre los evangélicos encuentra un fundamento teológico en las enseñanzas bíblicas sobre la igualdad de todos los seres humanos ante Dios, la responsabilidad compartida en la gestión del bien común y la advertencia contra la concentración del conocimiento y el poder en manos de élites que se autodesignan como superiores al pueblo. Proverbios 15:22 establece el principio de la deliberación colectiva: «Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afirman», reconociendo el valor de la diversidad de perspectivas en la toma de decisiones antes que la concentración del juicio en expertos privilegiados. Job 12:2-3 expresa con ironía la resistencia bíblica a la arrogancia del saber técnico: «Ciertamente vosotros sois el pueblo, y con vosotros morirá la sabiduría. También tengo yo entendimiento como vosotros; no soy yo menos que vosotros», estableciendo que el conocimiento no es monopolio de ninguna élite técnica y que la experiencia vivida del pueblo común tiene una validez epistémica que ningún sistema tecnocrático puede ignorar sin cometer injusticia. 1 Corintios 1:26-27 añade la perspectiva apostólica sobre la sabiduría del mundo: «Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte.» Esta inversión paulina de la jerarquía del saber —donde Dios trabaja a través de los que el mundo considera incompetentes antes que a través de los expertos reconocidos— fundamenta teológicamente la resistencia evangélica a la tecnocracia: la fe bíblica ha afirmado siempre que la sabiduría para gobernar no es un monopolio técnico sino un don que Dios distribuye con generosidad entre su pueblo, haciendo de la participación popular en las decisiones políticas una expresión de la soberanía de Dios que opera a través de toda la humanidad antes que a través de élites seleccionadas por su competencia técnica.
El grupo etario de 16 a 25 años evidencia los porcentajes más bajos de resistencia plena a la tecnocracia en la mayoría de los países, con Paraguay encabezando con 38%, seguido de Honduras con 29%, República Dominicana con 31% y Colombia con 24%. En el extremo inferior se ubican Uruguay con apenas 10%, Argentina con 12% y Panamá con 26%, configurando un rango que oscila entre 10% y 38% según los mapas de la gráfica. Los bajos porcentajes generales en este segmento no implican necesariamente que los jóvenes evangélicos apoyen la tecnocracia, sino que su resistencia a ella se distribuye entre las categorías de «muy en desacuerdo» y «en desacuerdo» que juntas representan la postura opositora al principio tecnocrático. El 10% de Uruguay en la juventud evangélica para resistencia plena a la tecnocracia resulta coherente con el patrón ya observado: los jóvenes creyentes uruguayos expresan sus posiciones más definidas en categorías más extremas, distribuyendo la resistencia tecnocrática hacia la categoría de desacuerdo moderado antes que hacia el rechazo absoluto. Paraguay (38%) liderando este segmento confirma el patrón de mayor distribución uniforme del evangelicalismo juvenil paraguayo a lo largo de toda la escala evaluativa, aunque el valor relativamente alto de resistencia a la tecnocracia en este país podría vincularse con una cultura política que ha experimentado de primera mano cómo las élites técnicas y económicas han utilizado argumentos de competencia y eficiencia para justificar sistemas de gobierno que concentran el poder sin rendir cuentas al pueblo que dicen servir.
La cohorte de 26 a 40 años demuestra ser el grupo con mayor concentración de resistencia plena a la tecnocracia en la mayoría de los países, con México encabezando con 52%, seguido de Guatemala con 45%, Brasil con 39%, Perú con 36% y Bolivia con 31%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Venezuela con apenas 26%, Chile con 21% y Uruguay con 33%, configurando un rango que oscila entre 21% y 52% según los mapas. El liderazgo de México (52%) en este segmento resulta coherente con el patrón ya observado donde el evangelicalismo mexicano adulto-joven tiende a desarrollar una resistencia más firme a las propuestas que suprimen la participación popular, posiblemente como reacción a décadas de experiencia con un sistema político donde las decisiones reales fueron tomadas por élites técnico-políticas sin genuina rendición de cuentas a la ciudadanía. Guatemala (45%) en segundo lugar resulta llamativo porque contrasta con los altos niveles de apertura al autoritarismo pragmático que Guatemala registró en las series anteriores, sugiriendo que la resistencia al modelo tecnocrático específico —eliminar elecciones y parlamento— es más amplia que la resistencia al autoritarismo en general dentro del evangelicalismo guatemalteco adulto-joven, lo que podría reflejar que los creyentes guatemaltecos rechazan la propuesta tecnocrática precisamente por su experiencia histórica de cómo los sistemas que eliminan la participación popular han producido corrupción e injusticia antes que eficiencia y bienestar.
El rango etario de 41 a 60 años exhibe los valores más altos de resistencia plena a la tecnocracia en varios países, con Uruguay liderando con 52%, seguido de Panamá con 38%, Venezuela con 35%, Costa Rica con 33% y Brasil con 33%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Paraguay con apenas 19%, Honduras con 20% y Argentina con 30%, configurando un rango que oscila entre 18% y 52% según los mapas de la gráfica. El liderazgo de Uruguay (52%) en el segmento de mediana edad para resistencia plena a la tecnocracia confirma que la comunidad evangélica uruguaya de adultos entre 41 y 60 años ha desarrollado la cultura democrática más robusta de toda la muestra regional, con la mayor resistencia tanto al autoritarismo pragmático como a la tecnocracia como sistemas alternativos a la democracia representativa. Esta doble resistencia —al poder concentrado en un líder fuerte y al poder concentrado en expertos técnicos— refleja una comprensión democrática sofisticada que reconoce que la amenaza a la soberanía popular puede venir tanto de la concentración carismática del poder como de su concentración tecnocrática, y que ambas formas de supresión de la participación ciudadana son igualmente problemáticas desde la perspectiva de una fe que afirma la dignidad e igualdad de todo ser humano como portador de la imagen de Dios. Venezuela (35%) ocupando el tercer lugar para resistencia plena a la tecnocracia en el segmento 41-60 resulta el segundo dato más esperanzador de este grupo: en el contexto de mayor deterioro institucional de la región, casi un tercio de los evangélicos venezolanos de mediana edad mantiene una resistencia firme incluso a la propuesta tecnocrática que podría parecer relativamente más benigna que el autoritarismo explícito que caracterizan otras formas de gobierno no democrático.
La generación de 61 años y más presenta una distribución con Chile encabezando con 29%, seguido de Costa Rica con 24%, Venezuela con 23%, Argentina con 21% y Ecuador con 17%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Uruguay con apenas 5%, Panamá con 5% y México con 10%, configurando un rango que oscila entre 5% y 29% según los mapas de la gráfica. El liderazgo de Chile (29%) en los adultos mayores evangélicos para resistencia plena a la tecnocracia cierra la serie con un hallazgo coherente con el perfil que este segmento ha mostrado a lo largo de todas las gráficas de la serie democrática: los adultos mayores evangélicos chilenos, con su memoria histórica de la dictadura y su posterior proceso de transición democrática, han desarrollado la mayor resistencia sostenida a cualquier forma de supresión de la soberanía popular, incluyendo la forma más sofisticada y aparentemente benigna que representa la tecnocracia. Los datos extraordinariamente bajos de Uruguay (5%) y Panamá (5%) en este segmento de adultos mayores para resistencia plena a la tecnocracia no implican necesariamente apoyo a la propuesta tecnocrática sino que, coherentemente con el patrón uruguayo ya establecido, la resistencia se expresa en la categoría de desacuerdo moderado antes que en la de muy en desacuerdo. En su conjunto, los datos de resistencia plena a la tecnocracia confirman que el evangelicalismo latinoamericano, si bien enfrenta vulnerabilidades significativas ante las propuestas de gobierno de expertos que prometen eficiencia sin participación, alberga en su interior núcleos significativos de resistencia democrática firme que reconocen en la soberanía popular —con todas sus imperfecciones e ineficiencias— una expresión más auténtica de la dignidad humana y del orden político que Dios desea para sus criaturas que cualquier sistema tecnocrático diseñado para liberar al pueblo de la responsabilidad de decidir su propio destino colectivo.
