Los datos del Latinobarómetro 2024, sustentados en 19.215 encuestados evangélicos en dieciséis naciones latinoamericanas, revelan que la respuesta «ninguna confianza» ante la pregunta sobre el potencial de las redes sociales para mejorar la calidad de vida presenta su mayor concentración en los grupos de mediana edad y adultos mayores, aunque con distribuciones sorprendentes en segmentos más jóvenes que merecen atención analítica detenida. El grupo de 41 a 60 años registra los porcentajes más elevados en la mayoría de los países, con República Dominicana encabezando con 43%, seguida de Guatemala con 29%, El Salvador con 39%, Costa Rica con 32% y Perú con 36%. El segmento de 26 a 40 años también exhibe valores destacados, con Venezuela liderando con 42%, México con 43%, Colombia con 39% y Guatemala con 40%. El rango del grupo 16-25 oscila entre 4% y 36% según los mapas, mientras que el de 26-40 lo hace entre 18% y 43%. Este fenómeno representa la expresión más radical del escepticismo tecnológico evangélico latinoamericano: no una confianza disminuida sino su ausencia total, una postura que interpela directamente las narrativas dominantes sobre el progreso digital como motor de bienestar colectivo.

Esta dimensión de ninguna confianza en las redes sociales entre los evangélicos encuentra un fundamento teológico robusto en las enseñanzas bíblicas sobre la separación del mundo, la vigilancia espiritual y la primacía de los valores del Reino sobre las promesas del progreso humano. El apóstol Juan advierte con claridad en 1 Juan 2:15-16: «No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.» Esta advertencia apostólica resuena directamente en comunidades evangélicas que observan cómo las redes sociales han intensificado precisamente estos tres elementos: el deseo, la comparación visual y la vanidad pública. Jeremías 17:5 añade: «Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.» Desde esta perspectiva profética, depositar confianza en plataformas corporativas diseñadas por intereses comerciales para optimizar el tiempo de atención humana resulta, para muchos creyentes, una forma de idolatría tecnológica incompatible con la fe bíblica. Colosenses 2:8 alerta además: «Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres.» La actitud de ninguna confianza que emerge de estos datos no debe leerse únicamente como rechazo irracional o ignorancia tecnológica, sino como una postura teológicamente articulada que rechaza la promesa secular de que la conectividad digital producirá automáticamente florecimiento humano, una promesa que la fe evangélica somete al escrutinio del evangelio.

El grupo etario de 16 a 25 años evidencia los porcentajes más bajos de ninguna confianza en la mayoría de los países, aunque con excepciones que revelan dinámicas eclesiales y sociales específicas de alto interés analítico. Paraguay encabeza sorprendentemente este segmento con 36%, seguido de Ecuador con 24%, Bolivia con 23%, Costa Rica con 16% y Brasil con 15%. En el extremo inferior se ubican Uruguay con apenas 4%, Chile con 5% y Argentina con 8%, configurando un rango que oscila entre 4% y 36% según los mapas de la gráfica. El dato de Paraguay resulta teológica y sociológicamente llamativo: es el mismo país que en la gráfica de «mucha confianza» registró 50% en este grupo etario, lo que podría sugerir una polarización interna extrema dentro del evangelicalismo juvenil paraguayo, donde coexisten jóvenes con entusiasmo tecnológico total y otros con rechazo absoluto, sin posiciones intermedias dominantes. Esta fragmentación generacional interna podría reflejar diferencias entre comunidades urbanas y rurales, entre denominaciones con distintas orientaciones teológicas respecto a la cultura, o entre jóvenes con experiencias concretas negativas con las redes —acoso, adicción, exposición a contenido dañino— que han generado un distanciamiento radical de estas plataformas.

La cohorte de 26 a 40 años demuestra ser, junto con el grupo de 41-60, la franja donde la desconfianza total hacia las redes sociales alcanza su mayor expresión en varios países del norte de la región. México encabeza con 43%, seguido de Venezuela con 42%, Colombia con 39%, Guatemala con 40% y Argentina con 33%. En el extremo más bajo se encuentran Costa Rica con 18%, Ecuador con 21% y Panamá con 28%, configurando un rango que oscila entre 18% y 43% según los mapas. El caso de México en este segmento resulta especialmente significativo: con 43% de ninguna confianza en el grupo 26-40, la comunidad evangélica mexicana de esta cohorte presenta uno de los niveles más altos de rechazo total al potencial transformador de las redes sociales en toda la muestra. Este dato podría vincularse con la intensa exposición de la sociedad mexicana a la violencia digital, el uso de redes sociales por parte del crimen organizado para la intimidación y el reclutamiento, y una cultura eclesial evangélica que ha enfatizado la separación del mundo como marcador identitario central, generando en esta generación de líderes emergentes una actitud de rechazo activo que va más allá del escepticismo moderado.

El rango etario de 41 a 60 años exhibe los porcentajes más elevados de ninguna confianza en la mayoría absoluta de los países analizados, consolidándose como la generación evangélica que con mayor contundencia rechaza el potencial de las redes sociales para mejorar la calidad de vida. República Dominicana lidera con 43%, seguida de El Salvador con 39%, Perú con 36%, Honduras con 36%, Costa Rica con 32% y Ecuador con 33%. Los valores más moderados de este grupo se encuentran en Venezuela con 25%, México con 25% y Panamá con 33%, configurando un rango que oscila entre 25% y 43% según los mapas de la gráfica. La República Dominicana, encabezando este segmento con 43%, concentra en su comunidad evangélica de mediana edad el mayor rechazo tecnológico de toda la muestra en este grupo etario, lo que podría relacionarse con el papel que las redes sociales han desempeñado en la amplificación de escándalos que han afectado a líderes religiosos y congregaciones en ese país, generando una asociación negativa entre visibilidad digital y vulnerabilidad institucional. Esta generación de pastores, ancianos y diáconos en plena actividad de liderazgo congregacional constituye el núcleo decisor de las políticas culturales de sus iglesias, y su rechazo mayoritario tiene consecuencias directas sobre la adopción tecnológica en los ministerios que supervisan.

La generación de 61 años y más presenta una distribución que, contrariamente a lo que podría esperarse, no siempre registra los valores más altos de ninguna confianza, revelando una heterogeneidad que enriquece el análisis y desafía los estereotipos generacionales. Costa Rica encabeza con 34%, seguida de Uruguay con 35%, Argentina con 28%, Chile con 26% y El Salvador con 26%. En cambio, México registra apenas 18%, Guatemala 17%, Paraguay 15% y Bolivia 15%, configurando un rango que oscila entre 15% y 35% según los mapas de la gráfica. El dato de Uruguay (35%) en este segmento resulta coherente con el perfil de un país donde el evangelicalismo opera en un entorno cultural fuertemente secular y crítico de las instituciones, incluidas las tecnológicas, lo que podría haber influido en que los adultos mayores evangélicos uruguayos desarrollen una actitud de rechazo total al discurso del progreso digital. Por contraste, la baja cifra de México (18%) en este grupo etario, frente al elevado 43% de su cohorte 26-40, sugiere que los adultos mayores evangélicos mexicanos han adoptado una postura diferente: no de rechazo activo sino quizás de distancia pragmática o indiferencia, habiendo delegado en generaciones más jóvenes la gestión de la vida digital sin desarrollar una posición teológica fuertemente articulada al respecto. En conjunto, estos datos de ninguna confianza completan el cuadro de actitudes evangélicas latinoamericanas frente a las redes sociales, trazando una geografía espiritual de la desconfianza que refleja no solo variables generacionales sino también contextos nacionales, culturas denominacionales y experiencias concretas de fe en un mundo crecientemente mediado por plataformas digitales cuya promesa de mejora social el evangelicalismo latinoamericano somete, con razón, a un escrutinio teológico permanente.

 

 

Categorías: Entrada

deneme bonusu

deneme bonusu