
Los datos del Latinobarómetro 2024, sustentados en 19.215 encuestados evangélicos distribuidos en dieciséis países de América Latina, revelan que la respuesta «poca confianza» ante la pregunta sobre el potencial de las redes sociales para mejorar la calidad de vida concentra sus valores más altos en los grupos de mayor edad, configurando un patrón de escepticismo creciente con la edad que merece atención analítica rigurosa. El grupo de 41 a 60 años registra los porcentajes más elevados en varios países, con Uruguay encabezando con un 51%, seguido de México con 40%, Costa Rica con 36% y Brasil con 35%. El segmento de 26 a 40 años también exhibe cifras destacadas, con Argentina liderando en 49%, Perú con 41%, Honduras con 40% y México con 40%. El rango del grupo 16-25 oscila entre 0% y 33%, mientras que el de 26-40 lo hace entre 28% y 49% según los mapas. Este fenómeno evidencia que el escepticismo moderado hacia las redes sociales no es exclusivo de los adultos mayores evangélicos, sino que se manifiesta con intensidad notable incluso entre generaciones de mediana edad y adultos jóvenes, trazando un mapa de desconfianza tecnológica que atraviesa transversalmente el tejido generacional del protestantismo latinoamericano.
Esta dimensión de poca confianza en las redes sociales entre los evangélicos encuentra un contexto teológico en las enseñanzas bíblicas sobre la vigilancia espiritual, el discernimiento crítico y la cautela ante las influencias del entorno cultural. El apóstol Pedro advierte en 1 Pedro 5:8: «Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.» Esta exhortación a la sobriedad y la vigilancia, aplicada al contexto digital, resuena profundamente en comunidades evangélicas que han observado cómo las redes sociales pueden convertirse en canales de distracción espiritual, desinformación moral y fragmentación comunitaria. El Salmo 101:3 declara: «No pondré delante de mis ojos cosa injusta; aborrezco la obra de los que se desvían; ninguna de ellas se acercará a mí.» Esta conciencia selectiva respecto a los contenidos que se consumen y difunden informa la actitud de escepticismo funcional que emerge de los datos, especialmente entre los creyentes de mayor edad y formación bíblica consolidada. Santiago 4:4 advierte además: «¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios?» La tradición evangélica latinoamericana ha leído históricamente los medios de comunicación masiva con esta lente de discernimiento, reconociendo su utilidad instrumental mientras desconfía de su potencial para moldear valores contrarios al evangelio, lo que explica teológicamente por qué «poca confianza» emerge como postura significativa y no como mera ignorancia tecnológica.
El grupo etario de 16 a 25 años evidencia los porcentajes más bajos de poca confianza en la mayoría de países, lo cual es coherente con el perfil de una generación que ha crecido inmersa en el ecosistema digital y tiende a percibir las redes sociales con mayor familiaridad y menor distancia crítica. Sin embargo, El Salvador registra 31%, Guatemala 32%, Paraguay 33% y Perú 26%, valores que resultan llamativamente elevados para jóvenes evangélicos y que merecen atención particular. Uruguay presenta el dato más singular con 0%, lo que indica que ningún joven evangélico encuestado en ese país expresó poca confianza en este grupo etario, mientras que Colombia registra 15%, Costa Rica 17% y Venezuela 16%. El rango oscila entre 0% y 33% según los mapas de la gráfica. El hecho de que países centroamericanos como El Salvador, Guatemala y Paraguay presenten los valores más altos de escepticismo juvenil podría relacionarse con experiencias concretas de violencia en línea, acoso digital, o con una formación eclesial que enfatiza fuertemente la separación del mundo y la cautela ante los medios, generando en los jóvenes creyentes una actitud crítica que no siempre se corresponde con la narrativa dominante sobre la generación digital nativa.
La cohorte de 26 a 40 años demuestra ser el grupo con mayor concentración de poca confianza en los países del Cono Sur y México, configurando un patrón geográfico de escepticismo adulto-joven que contrasta con la narrativa de plena adhesión tecnológica que suele atribuirse a esta generación. Argentina encabeza notoriamente con 49%, seguida de Perú con 41%, México con 40%, Honduras con 40%, Bolivia con 34% y Brasil con 35%. En el extremo inferior se ubican Guatemala con 32%, Ecuador con 32% y Venezuela con 28%, trazando un rango entre 28% y 49% según los mapas. La Argentina evangélica de esta cohorte presenta uno de los datos más reveladores de todo el análisis: habiendo registrado 40% de «algo de confianza» y ahora 49% de «poca confianza» en el grupo 26-40, emerge un perfil de creyente adulto joven marcadamente escéptico respecto al potencial transformador de las plataformas digitales. Este escepticismo porteño y rioplatense podría estar alimentado por la intensa circulación de desinformación política durante los últimos ciclos electorales, el debate público sobre el impacto de las redes en la salud mental y la polarización social, y una cultura eclesial evangélica argentina que ha desarrollado mayor sofisticación teológica y mediática en sus comunidades urbanas.
El rango etario de 41 a 60 años exhibe los porcentajes más altos de poca confianza en la práctica totalidad de los países analizados, consolidándose como la generación evangélica más escéptica respecto al potencial de las redes sociales para mejorar la calidad de vida. Uruguay lidera de forma contundente con 51%, seguido de México con 40%, Costa Rica con 36%, Venezuela con 34%, Ecuador con 34% y Brasil con 35%. En el extremo inferior, Paraguay registra 22% y Perú 20%, configurando un rango que oscila entre 20% y 51% según los mapas de la gráfica. El dato de Uruguay resulta especialmente significativo en este grupo: siendo el país con mayor índice de secularización en América Latina, la comunidad evangélica uruguaya de mediana edad parece haber desarrollado una mirada particularmente crítica hacia las promesas de mejora social asociadas a la tecnología digital, quizás influenciada por el debate laico y académico más amplio sobre los efectos de las redes en la democracia y el tejido social. Desde una perspectiva pastoral, esta cohorte de líderes congregacionales activos representa un factor de influencia determinante en la cultura digital de sus iglesias, y su escepticismo mayoritario tiene implicaciones directas sobre las políticas comunicacionales que las congregaciones adoptan frente a las plataformas.
La generación de 61 años y más presenta un patrón que desafía la expectativa de un escepticismo uniforme y elevado, revelando en cambio una distribución heterogénea donde la poca confianza coexiste con niveles relativamente bajos en varios países. Chile encabeza con 27%, seguido de Colombia con 23%, Venezuela con 22% y Uruguay con 17%, mientras que Argentina registra apenas 3%, México 4%, Guatemala 10% y Brasil 7%, configurando un rango que oscila entre 3% y 27% según los mapas de la gráfica. La baja cifra de Argentina en este segmento contrasta dramáticamente con el 49% de su cohorte 26-40, sugiriendo que los adultos mayores evangélicos argentinos han adoptado una postura diferente —posiblemente de mayor indiferencia o desconocimiento— antes que de escepticismo activo. Chile, en cambio, con 27%, presenta la proporción más alta de adultos mayores evangélicos que expresan poca confianza, lo que podría vincularse con el alto nivel educativo de la comunidad evangélica chilena de mayor edad y su mayor exposición a debates sobre los efectos negativos de las redes sociales en la cohesión familiar y los valores morales. Desde la perspectiva teológica evangélica, la sabiduría acumulada por estas generaciones de creyentes que vivieron la mayor parte de su vida sin redes sociales constituye un recurso hermenéutico invaluable: su escepticismo no es tecnofobia sino memoria histórica de que ninguna plataforma humana puede sustituir la obra transformadora del Espíritu Santo en las comunidades de fe.
