
Los datos del Latinobarómetro 2024, sustentados en encuestados evangélicos distribuidos en quince países de América Latina, revelan que la respuesta «en desacuerdo» ante la afirmación de que no importaría que un gobierno no democrático llegara al poder si resuelve los problemas presenta una distribución que concentra sus valores más elevados en el grupo de 26 a 40 años, con Colombia encabezando con 44% y Argentina con 43%, configurando el primer indicador positivo de resistencia democrática evangélica dentro de esta serie sobre autoritarismo pragmático, aunque los porcentajes globalmente moderados revelan que el rechazo al principio autoritario dista de ser mayoritario en la mayoría de los países y generaciones analizados. El grupo de 26 a 40 años registra los porcentajes más destacados con Colombia encabezando con 44%, seguida de Argentina con 43%, Brasil con 39%, Bolivia con 40% y México con 40%. El segmento de 41 a 60 años también exhibe cifras relevantes con Uruguay liderando con 43%, seguido de República Dominicana con 37%, Honduras con 32% y Chile con 37%. El rango del grupo 16-25 oscila entre 0% y 38%, y el de 26-40 entre 25% y 44% según los mapas de la gráfica. El segmento de 61 y más presenta como valor más destacado a Venezuela con 29% y Uruguay con 25%. Este fenómeno, leído en conjunto con las gráficas anteriores de «muy de acuerdo» y «de acuerdo» con el autoritarismo pragmático, revela que la resistencia democrática activa dentro del evangelicalismo latinoamericano —aunque presente y significativa— no logra constituirse en postura mayoritaria en la mayoría de los contextos nacionales, lo que confirma la profundidad del desafío que enfrentan las comunidades evangélicas para consolidar una cultura política genuinamente democrática entre sus miembros.
Esta dimensión de resistencia al autoritarismo pragmático entre los evangélicos encuentra su fundamento teológico más sólido en las enseñanzas bíblicas sobre la desobediencia civil legítima ante el poder injusto, la protección de los inocentes frente al abuso del Estado y la convicción de que ningún gobierno —por eficiente que sea— puede reclamar una obediencia que contradiga los mandatos divinos de justicia, verdad y dignidad humana. Hechos 5:29 establece el principio fundamental: «Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres», expresado por los apóstoles ante el Sanedrín que les había ordenado callar su predicación, estableciendo que la autoridad humana —incluida la más poderosa y aparentemente eficiente— tiene límites que la fe cristiana no puede cruzar sin traicionar su lealtad suprema a Dios. Daniel 6:10 narra cómo Daniel continuó orando tres veces al día a pesar del decreto del rey Darío que lo prohibía, expresando con su acción la convicción de que ninguna ordenanza real —ni siquiera la de un gobierno que había demostrado ser capaz de resolver los problemas administrativos del Imperio persa— podía suprimir la obediencia a Dios. Éxodo 1:17 describe la resistencia de las parteras hebreas Sifrá y Puá ante el decreto del faraón de matar a los recién nacidos varones israelitas: «Pero las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida a los niños», estableciendo que la eficiencia del poder real —incluyendo la del Imperio más poderoso de su tiempo— no justificaba la obediencia a mandatos que violaran los principios divinos de protección de la vida humana. Esta tradición bíblica de resistencia activa ante el poder injusto fundamenta teológicamente el desacuerdo evangélico con el autoritarismo pragmático y constituye el recurso más poderoso disponible para que los líderes y educadores de las iglesias latinoamericanas desarrollen en sus congregaciones una cultura política de resistencia democrática arraigada en la fe antes que en la mera preferencia ideológica.
El grupo etario de 16 a 25 años evidencia los porcentajes más bajos de resistencia al autoritarismo pragmático en la mayoría de los países, aunque con excepciones que revelan contextos de mayor conciencia democrática juvenil dentro del evangelicalismo latinoamericano. Paraguay encabeza este segmento con 38%, seguido de El Salvador con 26%, Guatemala con 31% y Ecuador con 23%. En el extremo inferior se ubica Uruguay con 0% —el mismo valor que registró en la categoría de «muy de acuerdo» con el autoritarismo, confirmando que los jóvenes evangélicos uruguayos no expresan ningún nivel de desacuerdo moderado con el autoritarismo pragmático en este segmento—, Chile con apenas 9% y Colombia con 16%, configurando un rango que oscila entre 0% y 38% según los mapas de la gráfica. El liderazgo de Paraguay (38%) en la juventud evangélica para desacuerdo con el autoritarismo pragmático resulta coherente con el patrón de mayor distribución a lo largo de toda la escala evaluativa que caracteriza al evangelicalismo juvenil paraguayo, aunque resulta significativo que la resistencia democrática más alta de este segmento se encuentre en un país donde las instituciones democráticas han sido históricamente débiles y la disposición al autoritarismo también registró valores elevados en las gráficas anteriores. El 0% de Uruguay en la juventud para desacuerdo moderado sugiere que los jóvenes evangélicos uruguayos expresan su resistencia al autoritarismo en la categoría de «muy en desacuerdo» que será analizada en la gráfica siguiente, antes que en la posición moderada de simple desacuerdo, lo que indica una actitud de resistencia más firme y definida que la de sus pares regionales.
La cohorte de 26 a 40 años demuestra ser el grupo con mayor concentración de resistencia al autoritarismo pragmático en varios países clave, con Colombia encabezando con 44%, seguida de Argentina con 43%, Brasil con 39%, Bolivia con 40% y México con 40%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Panamá con apenas 27%, El Salvador con 25% y República Dominicana con 28%, configurando un rango que oscila entre 25% y 44% según los mapas. El liderazgo de Colombia (44%) en este segmento resulta especialmente significativo considerando que en la gráfica anterior de «muy de acuerdo» Colombia registró apenas 28% en el grupo 26-40, lo que significa que la distribución de los evangélicos colombianos de adultos jóvenes entre las categorías de apertura y resistencia al autoritarismo pragmático es relativamente equilibrada, con proporciones similares en ambos extremos y un perfil interno de polarización política que refleja las profundas divisiones de la sociedad colombiana contemporánea. Argentina (43%) en segundo lugar resulta paradójico respecto a su liderazgo de 75% en «muy de acuerdo» con el autoritarismo pragmático en la misma cohorte en la gráfica anterior: la suma de ambos datos confirma que el evangelicalismo argentino de adultos jóvenes está profundamente dividido internamente respecto a la aceptación del autoritarismo pragmático, con proporciones muy significativas tanto en el apoyo pleno como en el rechazo moderado, lo que refleja las fracturas políticas extremas que atraviesan la sociedad argentina y que las comunidades evangélicas no han podido procesar desde perspectivas teológicas que ofrezcan orientación más unificada.
El rango etario de 41 a 60 años exhibe los valores más altos de resistencia al autoritarismo pragmático en varios países, con Uruguay liderando con 43%, seguida de República Dominicana con 37%, Chile con 37%, Honduras con 32% y Costa Rica con 34%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Venezuela con apenas 17%, Paraguay con 20% y Bolivia con 24%, configurando un rango que oscila entre 17% y 43% según los mapas de la gráfica. El liderazgo de Uruguay (43%) en el segmento de mediana edad para desacuerdo con el autoritarismo pragmático resulta coherente con el perfil de un país donde la cultura democrática más consolidada de América Latina ha generado en su comunidad evangélica de mediana edad una resistencia más robusta a la tentación del autoritarismo eficiente. Los evangélicos uruguayos de 41 a 60 años que vivieron la dictadura de 1973-1985 y observaron sus consecuencias sobre las libertades civiles y los derechos humanos han desarrollado una conciencia histórica que les permite mantener el desacuerdo con el autoritarismo pragmático incluso en contextos de frustración con el funcionamiento de la democracia actual. El dato extremadamente bajo de Venezuela (17%) en este segmento —contrastando con su 42% de «de acuerdo» con el autoritarismo en la misma cohorte de la gráfica anterior— confirma que los evangélicos venezolanos de mediana edad se distribuyen mayoritariamente hacia la aceptación del autoritarismo pragmático antes que hacia su rechazo, lo que puede interpretarse como la expresión de una generación que, habiendo vivido la erosión progresiva de la democracia venezolana, ha desarrollado una actitud resignada de aceptación del poder existente como condición de supervivencia comunitaria.
La generación de 61 años y más presenta una distribución con Venezuela encabezando con 29%, seguida de Uruguay con 25%, Costa Rica con 22%, Chile con 17% y Argentina con 11%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Bolivia con apenas 9%, Ecuador con 9% y Paraguay con 9%, configurando un rango que oscila entre 9% y 29% según los mapas de la gráfica. El liderazgo de Venezuela (29%) en los adultos mayores evangélicos para desacuerdo con el autoritarismo pragmático resulta el dato más esperanzador de este segmento considerando el contexto político venezolano: en el país con el deterioro democrático más documentado de América del Sur, los adultos mayores evangélicos expresan la mayor resistencia al principio autoritario de toda la muestra en este segmento de edad. Esta resistencia puede interpretarse desde la perspectiva de creyentes que vivieron la democracia venezolana en sus mejores momentos —décadas de 1960 a 1990— y que por esa razón pueden evaluar con mayor conciencia histórica los costos reales del autoritarismo que el sistema actual representa, rechazando el principio de que un gobierno no democrático podría ser preferible aunque resuelva los problemas. En su conjunto, la serie completa de gráficas sobre autoritarismo pragmático revela una tensión fundamental dentro del evangelicalismo latinoamericano entre su adhesión declarada al principio democrático y su disposición práctica a aceptar alternativas autoritarias cuando la democracia falla en producir los resultados concretos que sus comunidades necesitan, lo que constituye el desafío político-teológico más urgente que el liderazgo evangélico regional debe abordar con seriedad, profundidad bíblica y compromiso con los valores de dignidad humana y justicia que las Escrituras proclaman como irrenunciables independientemente de la eficiencia de cualquier sistema de gobierno.
