Respuesta analizada: «Algo de confianza» — Latinobarómetro 2024 — Base: 19,215 encuestados

La respuesta «algo de confianza» hacia los partidos políticos representa, a diferencia de la adhesión plena, una postura de cautela matizada que combina apertura institucional con reserva crítica, y es precisamente esta categoría la que concentra los porcentajes más altos y distribuidos del espectro de confianza política entre los evangélicos latinoamericanos. Sobre la base de 19,215 encuestados del Latinobarómetro 2024, los datos revelan que esta confianza moderada es transversal a todos los grupos etarios, aunque con variaciones significativas por país y cohorte. En el rango de 16-25 años, Guatemala lidera con 54%, seguida por Paraguay con 44%, Perú con 40%, Colombia con 36% y Bolivia con 33%. En el grupo de 26-40 años, Argentina encabeza con 46%, Venezuela y Ecuador con 39% cada una, Chile con 38% y El Salvador con 38%. La cohorte de 41-60 años presenta sus valores más altos en Uruguay con 41%, Costa Rica con 44%, México con 35% y Chile con 38%, mientras que el grupo de 61 años y más registra su mayor expresión en Uruguay con 28%, Venezuela con 22% y Perú con 20%. El rango porcentual global oscila entre 0% —Ecuador en el grupo de 61 años— y 54% —Guatemala en el grupo de 16-25 años—, confirmando que la confianza moderada constituye la categoría de respuesta más extendida y menos polarizada del universo analizado, lo cual sugiere que la mayoría de los evangélicos que mantienen algún vínculo de confianza con la política institucional lo hacen desde una posición de cautela pragmática antes que de adhesión ideológica.

Esta dimensión de la confianza política moderada entre los evangélicos encuentra un contexto de profunda resonancia en las enseñanzas bíblicas sobre la prudencia, el discernimiento y la participación ciudadana responsable. El libro de Proverbios 14:15 establece que el prudente considera bien sus pasos, mientras que el ingenuo cree todo lo que le dicen, ofreciendo un marco sapiencial que ilumina la postura de quienes no rechazan la política pero tampoco se entregan a ella sin reservas. El apóstol Pablo, en Filipenses 4:5, exhorta a que la moderación sea conocida de todos los hombres, principio que la tradición reformada ha interpretado no solo en términos de conducta personal sino también de participación cívica equilibrada. Por su parte, Mateo 10:16 recoge la instrucción de Jesús de ser astutos como serpientes y sencillos como palomas, lo cual en el contexto político latinoamericano puede leerse como un llamado al discernimiento que ni romantiza ni demoniza las estructuras de poder. Desde la perspectiva teológica evangélica, la confianza moderada en los partidos políticos puede interpretarse como una expresión madura de ciudadanía bíblica: una disposición a colaborar con las instituciones en aquello que promueve el bien común, sin depositar en ellas la esperanza que solo pertenece al reino de Dios. Los datos muestran que esta postura es especialmente prevalente en países con mayor madurez democrática y mayor tiempo de exposición pública del movimiento evangélico, lo que sugiere que la experiencia histórica moldea en los creyentes una fe que no huye de la política pero tampoco se entrega a ella sin discernimiento.

El rango etario de 16 a 25 años evidencia, en la categoría de confianza moderada, una distribución notablemente más equilibrada y menos polarizada que la observada en la respuesta de «mucha confianza», con valores que se concentran en un espectro de entre 8% y 54%. Guatemala lidera con el porcentaje más alto de todo este grupo etario con 54%, seguida por Paraguay con 44%, Perú con 40%, Colombia con 36%, Bolivia y Honduras con 33% cada una, Ecuador con 29%, Panamá con 28%, El Salvador con 25%, Brasil con 24%, México con 19%, Argentina con 17%, Costa Rica con 16%, Venezuela con 11%, Uruguay con 10% y Chile con apenas 8%. La amplitud del rango —46 puntos porcentuales entre el mínimo y el máximo— revela que, incluso en la confianza moderada, persisten diferencias estructurales entre países. Guatemala, con el 54% más alto de todos los grupos etarios y respuestas de esta gráfica, presenta una juventud evangélica que, si bien no deposita plena confianza en los partidos, mantiene una apertura institucional significativa, posiblemente vinculada al peso histórico del evangelismo en la vida pública guatemalteca y a la presencia de figuras políticas identificadas con valores evangélicos. En contraste, Chile y Uruguay presentan los valores más bajos en este grupo, lo cual resulta coherente con sus contextos de mayor secularización y con la percepción de los jóvenes evangélicos en esos países de que los partidos políticos tradicionales no representan sus valores ni sus intereses comunitarios.

La cohorte de 26 a 40 años exhibe en la categoría de confianza moderada el rango más comprimido del análisis —entre 21% y 46%—, lo que indica una mayor homogeneidad relativa en la postura de esta generación respecto a las instituciones políticas. Argentina lidera con 46%, seguida por Venezuela y Ecuador con 39% cada una, Chile y El Salvador con 38% cada uno, Costa Rica con 34%, Bolivia con 36%, México con 35%, Panamá con 31%, Brasil con 33%, Honduras con 27%, Colombia con 32%, República Dominicana con 25%, Paraguay con 25%, Perú con 35%, Uruguay con 21% y Guatemala con 29%. El rango porcentual oscila entre 21% y 46%. Esta generación, que en el análisis de «mucha confianza» presentaba los picos más extremos, muestra aquí una convergencia mayor, lo que sugiere que una proporción significativa de los evangélicos adultos jóvenes que no expresan plena confianza en los partidos sí mantienen una confianza matizada y funcionalmente útil para la participación ciudadana. El liderazgo de Argentina en este grupo es particularmente revelador: en un país donde el movimiento evangélico ha tenido alta visibilidad política en años recientes, los creyentes de entre 26 y 40 años que no se inscriben en la categoría de plena confianza adoptan mayoritariamente la postura de confianza moderada, sugiriendo un ecosistema de participación política evangélica que abarca tanto el entusiasmo como la prudencia crítica como posiciones legítimas y simultáneamente presentes dentro de la comunidad.

El rango etario de 41 a 60 años demuestra que la confianza moderada en los partidos políticos alcanza en esta cohorte algunos de sus valores más significativos a nivel continental, con un rango que se extiende entre 5% —Perú— y 44% —Costa Rica—. Costa Rica lidera con 44%, seguida por Uruguay con 41%, Chile con 38%, México con 35%, Argentina con 25%, Ecuador con 32%, El Salvador y Panamá con 25% y 28% respectivamente, Bolivia con 19%, Brasil con 30%, Colombia con 18%, Honduras con 27%, República Dominicana con 33%, Venezuela con 28%, Guatemala con 11% y Paraguay con 25%. El rango porcentual oscila entre 5% y 44%. El liderazgo de Costa Rica y Uruguay en esta cohorte resulta especialmente significativo, pues son dos países con tradiciones democráticas relativamente sólidas y con comunidades evangélicas que han desarrollado a lo largo de décadas una cultura de participación ciudadana sin alineamiento político partidario absoluto. En este grupo de edad, la confianza moderada puede interpretarse como el producto de una trayectoria vital que ha procesado tanto las expectativas como las decepciones de la política institucional, llegando a una postura de pragmatismo reflexivo: los evangélicos de entre 41 y 60 años que aún mantienen «algo de confianza» en los partidos lo hacen desde una racionalidad moldeada por la experiencia histórica y filtrada por los principios de su fe.

El grupo de 61 años y más constituye, en la categoría de confianza moderada, la cohorte con los valores absolutos más bajos del conjunto del análisis, con un rango que se extiende entre 0% —Ecuador— y 28% —Uruguay—, lo que refleja una tendencia hacia el escepticismo creciente con la edad, aunque con excepciones notables. Uruguay lidera nuevamente con 28%, seguido por Venezuela con 22%, Perú con 20%, Argentina y Bolivia con 13% cada una, Brasil con 13%, Chile con 15%, El Salvador con 13%, Honduras con 12%, Panamá con 14%, Colombia con 14%, República Dominicana con 10%, Paraguay con 6%, Guatemala con 6%, Costa Rica con 6%, México con 10% y Ecuador con 0%. El rango porcentual oscila entre 0% y 28%. La reducción generalizada de los porcentajes en este grupo de edad —en comparación con las cohortes anteriores— confirma una pauta sociológica bien documentada en el estudio del comportamiento político religioso: a mayor edad y mayor acumulación de experiencias institucionales negativas, menor es la disposición a mantener cualquier forma de confianza en los partidos políticos, incluso la moderada. Sin embargo, el 28% de Uruguay y el 22% de Venezuela revelan que incluso entre los evangélicos de mayor edad existen bolsones de confianza funcional hacia las instituciones políticas, posiblemente vinculados en el caso uruguayo a la percepción de los partidos como garantes del marco legal que protege la libertad religiosa de una minoría en contexto secular, y en el caso venezolano a la esperanza de cambio político en una sociedad en prolongada crisis. La heterogeneidad de esta cohorte cierra el análisis con una constatación fundamental: la relación de los evangélicos latinoamericanos con los partidos políticos es irreductiblemente plural, históricamente situada y teológicamente matizada, expresando en cada grupo etario y en cada contexto nacional una síntesis particular entre fe, memoria y ciudadanía.

 

 

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