
Los datos del Latinobarómetro 2024, sustentados en encuestados evangélicos distribuidos en quince países de América Latina, revelan que la respuesta «los militares» como primera mención ante la pregunta sobre quién tiene más poder en el país presenta una distribución con el Grand Total más equilibrado y estadísticamente representativo de toda la serie sobre percepción del poder — 20% en 16-25, 32% en 26-40, 28% en 41-60 y 20% en 61 y más — confirmando que el poder militar es percibido como el cuarto actor más frecuentemente identificado como dominante por el evangelicalismo latinoamericano, con una consistencia generacional que supera a la percepción de redes sociales y es comparable a la de los medios de comunicación. El grupo de 26 a 40 años registra los porcentajes más destacados con Venezuela encabezando con 50%, seguida de Brasil con 45%, Bolivia con 41%, Argentina con 44% y República Dominicana con 36%. El segmento de 41 a 60 años exhibe cifras elevadas con Chile liderando con 67% — valor que debe interpretarse con cautela metodológica —, México con 44%, Uruguay con 40% y Venezuela con 32%. El rango del grupo 16-25 oscila entre 0% y 40%, y el de 26-40 entre 0% y 50% según los mapas de la gráfica. El segmento de 61 y más presenta como valores más destacados a Honduras con 34% y Uruguay con 30%. Este fenómeno revela que la percepción del poder militar como actor dominante del escenario político es una conciencia transversal y generacionalmente consistente dentro del evangelicalismo latinoamericano, fundamentada en memorias históricas de las dictaduras militares del siglo XX y en experiencias contemporáneas donde las fuerzas armadas siguen ejerciendo una influencia determinante en varios países de la región.
Esta dimensión de percepción del poder militar entre los evangélicos encuentra un contexto teológico complejo en las enseñanzas bíblicas sobre el poder de la fuerza, la relación de la fe con los sistemas de seguridad del Estado y la advertencia contra la confianza en el poder coercitivo como fundamento del orden social. Salmo 20:7 establece el principio bíblico fundamental sobre la relatividad del poder militar: «Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria», estableciendo que la confianza última del pueblo de Dios no descansa en el poder de las armas sino en la soberanía divina que trasciende cualquier poder coercitivo humano. Esta perspectiva no implica ignorancia sobre el poder real de las fuerzas armadas — los datos confirman que los evangélicos reconocen ese poder — sino una conciencia de que ese poder, por grande que sea, opera dentro de los límites que Dios le establece a todo poder humano. Isaías 31:1 denuncia la confianza exclusiva en el poder militar: «¡Ay de los que descienden a Egipto por ayuda, y confían en caballos; y su esperanza ponen en carros, porque son muchos, y en jinetes, porque son valientes; pero no miran al Santo de Israel, ni buscan a Jehová!», estableciendo que la confianza desproporcionada en el poder militar como garante del orden social es una forma de idolatría política que sustituye la dependencia de Dios por la dependencia de la fuerza humana. Mateo 26:52 transmite la advertencia de Jesús sobre la lógica de la violencia: «Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán», estableciendo el principio de que los sistemas que fundamentan su poder en la coerción militar llevan en sí mismos la semilla de su propia destrucción, lo que hace de la percepción evangélica del poder militar no una celebración sino un diagnóstico crítico de sistemas políticos que no han logrado construir la legitimidad necesaria para gobernar sin la amenaza de la fuerza.
El grupo etario de 16 a 25 años evidencia los porcentajes más bajos de percepción del poder militar con un Grand Total de 20%, distribuyéndose con Paraguay encabezando con 40%, seguida de Perú con 32%, Bolivia con 34% y Ecuador con 26%. En el extremo inferior se ubican Argentina con 0%, Chile con 0%, Uruguay con 10% y Venezuela con 9%, configurando un rango que oscila entre 0% y 40% según los mapas de la gráfica. Los ceros de Argentina y Chile en la juventud evangélica para percepción del poder militar como actor más dominante resultan analíticamente significativos: son precisamente los dos países con las dictaduras militares más recientes y brutales de América del Sur — Argentina con el terrorismo de Estado de 1976-1983 y Chile con la dictadura de Pinochet de 1973-1990 — pero cuyos jóvenes evangélicos no identifican a los militares como el actor más poderoso de sus escenarios nacionales actuales. Esta percepción refleja que en ambos países las fuerzas armadas han sido efectivamente subordinadas al poder civil en el período democrático posterior a las dictaduras, generando en la juventud creyente — que no tiene memoria directa de esos períodos — la percepción de que los militares no son el actor dominante del escenario actual. El dato de Paraguay (40%) liderando la juventud evangélica para percepción del poder militar resulta coherente con el contexto de un país donde las fuerzas armadas han mantenido históricamente una presencia política más activa y visible que en sus vecinos del Cono Sur.
La cohorte de 26 a 40 años demuestra ser el grupo donde el Grand Total de 32% alcanza su mayor expresión, con Venezuela encabezando con 50%, seguida de Argentina con 44%, Brasil con 45% y Bolivia con 41%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Perú con apenas 16%, México con 22% y El Salvador con 20%, configurando un rango que oscila entre 0% y 50% según los mapas. El liderazgo de Venezuela (50%) en este segmento para percepción del poder militar como actor más dominante resulta el hallazgo más analíticamente significativo de toda la gráfica: en el país donde la relación entre el poder civil y el militar se ha transformado más radicalmente en América Latina durante los últimos veinticinco años — con las fuerzas armadas pasando de ser custodias de la institucionalidad democrática a convertirse en pilar fundamental del sistema político chavista — los adultos jóvenes evangélicos venezolanos perciben a los militares como el actor más poderoso de su escenario nacional, lo que refleja una comprensión empírica y vivencialmente fundamentada de la realidad del poder en su país. Argentina (44%) y Brasil (45%) en segundo y tercer lugar respectivamente generan en cambio una sorpresa analítica: en ambos países las fuerzas armadas han sido formalmente subordinadas al poder civil, pero los adultos jóvenes evangélicos de ambas naciones las identifican como actores de poder dominantes, lo que puede reflejar la influencia de discursos políticos que han revalorizado el papel militar como garante del orden social ante la percepción de debilidad institucional de los poderes civiles.
El rango etario de 41 a 60 años exhibe el Grand Total de 28%, con México liderando con 44%, seguida de Uruguay con 40%, Venezuela con 32%, República Dominicana con 33% y Argentina con 33%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Perú con apenas 21%, Bolivia con 21% y Honduras con 20%, configurando un rango que oscila entre 0% y 67% según los mapas de la gráfica — con Chile (67%) siendo el valor estadísticamente atípico ya señalado. El liderazgo de México (44%) en el segmento de mediana edad para percepción del poder militar resulta coherente con el perfil de un país donde las fuerzas armadas han asumido en los últimos años roles que históricamente correspondían a instituciones civiles — seguridad pública, infraestructura, aduanas — expandiendo visiblemente su presencia e influencia en el escenario público nacional. Los evangélicos mexicanos de mediana edad han observado cómo las fuerzas armadas se han convertido en actores cada vez más presentes en su vida cotidiana — con patrullajes militares en ciudades y carreteras, obras públicas ejecutadas por el ejército y cuerpos de seguridad bajo mando militar — lo que genera la percepción empíricamente fundamentada de que los militares ejercen un poder real y creciente en el escenario nacional. Uruguay (40%) en segundo lugar para percepción del poder militar entre los evangélicos de mediana edad resulta paradójico en el país con la subordinación civil de los militares más sólida de América Latina, pero puede reflejar el debate público sobre el papel de las fuerzas armadas en la transición democrática y la memoria de la dictadura que permanece activa en la conciencia política de esa generación de creyentes.
La generación de 61 años y más presenta el Grand Total más bajo de 20%, con Honduras encabezando con 34%, seguida de Uruguay con 30%, Perú con 32% y Colombia con 27%. Los valores más bajos del grupo se encuentran en Bolivia con apenas 3%, Chile con 0%, Paraguay con 0% y Venezuela con 9%, configurando un rango que oscila entre 0% y 34% según los mapas de la gráfica. El liderazgo de Honduras (34%) en los adultos mayores evangélicos para percepción del poder militar resulta coherente con el contexto de un país donde las fuerzas armadas han mantenido históricamente una influencia política significativa — incluyendo el golpe de Estado de 2009 — y donde la comunidad evangélica de mayor edad ha observado directamente cómo las decisiones militares han determinado en momentos cruciales el curso de la vida política nacional. Uruguay (30%) en segundo lugar entre los adultos mayores para percepción del poder militar resulta especialmente significativo porque esta generación vivió en Uruguay la dictadura de 1973-1985 — iniciada con un golpe militar — y por tanto tiene una comprensión experiencial directa del poder real que los militares pueden ejercer sobre las condiciones de vida de toda la sociedad, incluyendo las comunidades de fe que sufrieron restricciones y vigilancia durante ese período. Los datos de 0% en Chile, Paraguay y Bolivia en este segmento de adultos mayores para percepción del poder militar resultan aparentemente paradójicos dado que estos tres países tienen experiencias recientes de gobiernos militares, pero pueden reflejar que los creyentes de mayor edad en esos países — habiendo visto la derrota política o la subordinación de los militares en la transición democrática — perciben que otros actores han asumido el liderazgo del escenario de poder en el período actual. En su conjunto, la percepción del poder militar con un Grand Total consistente de 20-32-28-20% a través de las cuatro generaciones revela que el evangelicalismo latinoamericano mantiene una conciencia significativa y transgeneracional sobre el poder de las fuerzas armadas como actores determinantes del escenario político regional, lo que constituye tanto un recurso para el discernimiento político informado como un llamado a las iglesias a enseñar la teología bíblica de la soberanía de Dios sobre todo poder humano, incluido el militar, como fundamento de una ciudadanía de fe que confía en el Señor de los ejércitos antes que en los ejércitos de los señores.
