Los datos del Latinobarómetro 2024, recogidos sobre una base de 19.215 encuestados evangélicos en América Latina, revelan un panorama heterogéneo pero significativo respecto a la «mucha confianza» que los creyentes depositan en las redes sociales como herramientas capaces de mejorar la calidad de vida. El grupo etario de 16 a 25 años presenta los valores más elevados en varios países, con Argentina encabezando el rango con un 60%, seguida de Paraguay con 50%, Ecuador con 42% y Guatemala con 41%. El segmento de 26 a 40 años también muestra cifras destacadas, siendo México el país con mayor porcentaje en ese rango con 50%, Bolivia con 59% y Honduras con 39%. Los grupos de mayor edad, 41-60 y 61 y más, exhiben patrones más moderados aunque con excepciones notables como Uruguay (44% en 41-60) y México (38% en 61 y más). Este fenómeno refleja una tensión generacional activa dentro de las comunidades evangélicas respecto al papel redentor o transformador que se le atribuye a la tecnología digital en la vida cotidiana.

Esta dimensión de confianza tecnológica entre los evangélicos encuentra un contexto teológico de profunda relevancia en las enseñanzas bíblicas sobre la mayordomía, la discernimiento y el uso de los recursos del tiempo presente. El apóstol Pablo exhorta en Romanos 12:2: «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.» Este llamado al discernimiento crítico cobra especial vigencia ante la adhesión entusiasta o escéptica a plataformas digitales que moldean percepciones sociales. De igual modo, Filipenses 4:8 instruye: «Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.» La fe evangélica, desde sus raíces reformadas y pietistas, ha sostenido que cualquier herramienta humana —incluyendo la tecnología— puede ser usada para el bien común o para la distorsión moral, dependiendo del corazón que la opera. Proverbios 4:23 advierte: «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.» Desde esta perspectiva, la confianza que los evangélicos latinoamericanos depositen en las redes sociales no es un asunto neutral: implica una postura teológica implícita sobre el progreso, la comunidad, la verdad y la vocación de servicio al prójimo en entornos digitales.

El grupo etario de 16 a 25 años evidencia los niveles más elevados y contrastantes de mucha confianza en las redes sociales como mejora de la calidad de vida en toda la muestra analizada. Argentina lidera de forma destacada con un 60%, seguida de Paraguay con 50%, Ecuador con 42%, Guatemala con 41% y Venezuela con 39%. En el extremo opuesto, países como Brasil (0%), México (13%) y Uruguay (11%) presentan los porcentajes más bajos del grupo, configurando un rango que oscila entre 0% y 60%. Esta amplitud refleja que, incluso dentro de la misma generación juvenil evangélica, los contextos nacionales, el acceso diferenciado a infraestructura digital, las experiencias de desinformación y las culturas eclesiales locales generan percepciones radicalmente distintas sobre el potencial transformador de las redes sociales. Los jóvenes evangélicos en países con mayor conectividad y presencia digital religiosa activa —como Argentina y Paraguay— tienden a asociar las plataformas con posibilidades reales de movilidad social, evangelización masiva y construcción de comunidad, mientras que en contextos con mayor desigualdad en el acceso o mayor exposición a discursos críticos sobre la tecnología, la confianza se reduce considerablemente.

La cohorte de 26 a 40 años demuestra ser el grupo con mayor consistencia relativa en términos de confianza moderada-alta, con Bolivia exhibiendo el porcentaje más alto de toda la tabla con un 59%, seguida de México con 50%, Honduras con 39%, Colombia con 43%, Brasil con 43% y Argentina con 40%. El rango de este grupo oscila entre 17% (Paraguay) y 59% (Bolivia), lo que sugiere una generación que, habiendo incorporado las redes sociales en su vida adulta productiva, evalúa con mayor pragmatismo su potencial de mejora social. Este grupo evangélico —frecuentemente en roles de liderazgo congregacional emergente, paternidad activa y participación económica— suele percibir las plataformas digitales como instrumentos viables para la promoción de negocios, la difusión del evangelio y la organización comunitaria. La confianza elevada en Bolivia podría asociarse al crecimiento acelerado del evangelicalismo en ese país y al uso intensivo de redes para la plantación de iglesias en zonas rurales y periurbanas, mientras que el dato bajo de Paraguay (17%) contrasta paradójicamente con el alto porcentaje de su juventud (50%), sugiriendo una fractura generacional interna en la percepción del valor social de estas plataformas.

El rango etario de 41 a 60 años exhibe uno de los patrones más sorprendentes del análisis, con Uruguay encabezando notoriamente el grupo con un 44%, seguido de El Salvador con 37%, República Dominicana con 36%, Colombia con 33%, Paraguay con 33% y Panamá con 27%. En contraste, Argentina (0%), Chile (0%), México (0%) y Honduras (18%) presentan los valores más bajos, configurando un rango que se extiende de 0% a 44%. La ausencia total de confianza en Argentina, Chile y México en esta franja generacional resulta teológica y sociológicamente significativa: son tres de los países con mayor secularización relativa, mayor exposición a debates sobre desinformación digital y mayor acceso a análisis crítico mediático. Los evangélicos de mediana edad en estos contextos han vivido la transición tecnológica con mayor conciencia de sus riesgos, y su formación eclesial en iglesias consolidadas suele incorporar un mayor énfasis en el discernimiento informado. El dato de Uruguay (44%) resulta especialmente llamativo dado el perfil secular de ese país, lo que podría indicar que la comunidad evangélica uruguaya en esta franja de edad percibe las redes sociales como uno de los pocos canales accesibles para visibilizar su fe y construir redes de solidaridad en un contexto culturalmente adverso.

La generación de 61 años y más presenta el espectro más amplio en términos de variabilidad entre países, lo que desafía la narrativa simplista de que los adultos mayores evangélicos rechazan uniformemente la tecnología digital como agente de transformación social. México encabeza este grupo con un impactante 38%, seguido de Brasil con 29%, Uruguay con 22%, Chile con 33% y Honduras con 24%. En el polo opuesto, Argentina (0%), Paraguay (0%) y Colombia (5%) registran prácticamente nula confianza en esta franja. El rango oscila entre 0% y 38%, evidenciando que factores como la integración familiar intergeneracional en el uso de dispositivos, el papel activo de las iglesias en la alfabetización digital de adultos mayores y las experiencias personales con redes sociales durante la pandemia de COVID-19 han influido de manera determinante en la configuración de estas percepciones. Los adultos mayores evangélicos que sostienen altos niveles de confianza —particularmente en México y Brasil, países con comunidades evangélicas numéricamente masivas— posiblemente han experimentado de primera mano cómo las plataformas digitales han permitido mantener comunión congregacional, acceder a enseñanza bíblica en línea y conectarse con redes de apoyo durante períodos de crisis, lo cual resignifica la tecnología no como amenaza cultural sino como extensión legítima de la misión y el koinonía cristiana en el siglo XXI.

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